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La F1 de duelo: murió el tres veces campeón Niki Lauda

El austriaco tres veces campeón de la Fórmula 1 ganó 25 carreras y se consagró en 1975, 1977 y 1984

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A los 70 años, murió Niki Lauda, uno de los mejores pilotos de la historia de la Fórmula 1. Se impuso en 25 carreras y ganó tres títulos del mundo. Sin embargo, la mayoría de la gente lo recuerda por su peor momento. Por el terrible accidente que sufrió en Nürburgring en 1976. Lauda fue un enorme piloto en una época en que sobresalir no era tan sencillo. Tenía un talento poco vistoso. Lo suyo no eran las grandes maniobras, ni los sobrepasos alocados. Era un ingeniero puesto tras un volante. Su mayor virtud era la inteligencia, la sangre fría. El campeón sobrio. Lograba pensar con tranquilidad a trescientos kilómetros por hora. La dimensión legendaria, el carácter mítico lo obtiene al sobreponerse al accidente que casi pierde la vida y le costó mucho dolor y varias de sus facciones. Una oreja arrebollada, informe, un párpado destruido, la piel de la frente y del costado derecho de su cara con los trazos perfectamente marcados de las quemaduras. La piel rugosa, lacerada, las cicatrices perpetuas, los tatuajes del accidente.

1 de agosto de 1976. La carrera recién comenzaba. La pista mojada y el pronóstico de buen tiempo hacían dudar a los pilotos y a las escuderías. Nadie sabía qué neumáticos utilizar. Nüburgring era un circuito exigente. Acaso el más exigente de todos en ese tiempo. Cada vuelta era de casi 23 km. El campeón vigente y cómodo puntero del campeonato de pilotos, Niki Lauda, adoptó una decisión inteligente, y, una vez más, sorprendió a sus rivales, y entró a boxes luego de finalizar la primera vuelta. Al salir, con las gomas para suelo seco, su velocidad abrumaba a sus contendientes. Pero pocos kilómetros más adelante, finalizando el sector más sinuoso del circuito, en medio de la última curva, el impasible austríaco perdió el control del vehículo. Nunca se supo si fue una falla humana o mecánica (las pericias no eran tan exhaustivas en esos tiempos). La Ferrari con el número 1 impactó de lleno contra un terraplén, giró sobre sí misma y siguió golpeando contra la montaña en un par más de ocasiones. Hasta que, luego de desprenderse un neumático, ya convertido en una bola de fuego informe, el auto se paró en medio de la pista. Un rezagado, mientras intentaba frenar, impactó con Lauda. Además de ese conductor, un norteamericano ex combatiente de Vietnam llamado Brett Lunger, otros tres corredores detuvieron su marcha para asistir al accidentado: Harald Ert, Arturo Merzario y Guy Edwards. El norteamericano penetró entre las llamas. El crepitar de los hierros y el ruido lejano de los motores dejaban escuchar los aullidos de dolor del campeón atrapado. El italiano Merzario aportó el detalle que junto al arrojo de Lunger salvó la vida de Lauda: como había estado en Ferrari sabía que los cinturones de seguridad de sus autos se abrían de manera diferente al de las otras escuderías. Lunger tironeó del cuerpo mientras los otros vacían sus extinguidores sobre Lauda. La cara de Niki estaba deshecha. Ensangrentado, en carne viva, la parte superior de su cara parecía construida con cera derretida. Nada estaba en el lugar en que debía estar. La piel caía a jirones de sus manos. Al llegar al hospital las posibilidades del austríaco de sobrevivir eran muy escasas. Mientras le realizaban las primeras intervenciones médicas recibió la extrema unción.

Ese 1 de agosto de 1976 parecía que su carrera había finalizado. Con varias carreras para terminar el año, aún sin competir podía coronarse campeón por segundo año consecutivo dada la gran diferencia de puntos que tenía con sus principales perseguidores, James Hunt y Jody Sheckter. Algo no tan frecuente en esos años -el último bicampeonato lo había conseguido Brabham en los años 59/60- de menor tecnología, gran paridad y pilotos que podían ganar carreras aún sin estar en los mejores equipos. Pero la carrera de Lauda no acabó en Nürburgring. Menos de un mes y medio después volvió a correr. Un milagro. Y una proeza de la fuerza de voluntad. A 42 días de convertirse en el piloto bonzo, volvió a estar en la grilla de largada de un Gran Premio. La gente las primeras veces que se lo encontraba no podía sostenerle la mirada. No podían acostumbrarse a su nueva cara. A Lauda poco le importaba. Su fuerte personalidad y determinación le permitieron seguir adelante.

Esa temporada, en la última carrera, tal vez se dé el mayor momento de su carrera. El ganador, el tricampeón del mundo, consiguió su momento inmortal en una derrota. En su ausencia, James Hunt había aprovechado para acercarse. Antes del Gran Premio de Japón, última carrera en el calendario de la Fórmula 1 de ese año, el austríaco aventajaba a Hunt por tres puntos. Vale la pena detenerse en Hunt. Representaba lo opuesto a Lauda. Era la osadía, el desparpajo, un playboy que aceleraba en cada curva y en cada momento de la vida. Se vanagloriaba de épicas orgías las noches previas a las carreras. Su larga cabellera rubia sobre el buzo antiflama marcaron una época. Su figura y la rivalidad con Lauda son el sustento argumental de Rush, la excelente película de Ron Howard: un western sobre ruedas, un duelo entre dos personalidades opuestas, que pinta un mundo mítico como el de la fórmula 1 de los setentas con gracia y precisión.

El circuito del Monte Fuji al momento de la largada fue víctima de un temporal. La lluvia caía sobre la pista con furia. Los organizadores decidieron seguir adelante. Lauda largaba en segunda fila, detrás de de Hunt y de Mario Andretti. Las imágenes de la largada son estremecedoras. La lluvia persistente moja los autos pero en el momento en que se ponen en marcha una gran nube de agua se levanta del asfalto y cubre los autos. Hay que adivinar que pasa dentro. Parece una escena extraída de los Autos Locos. A las pocas vueltas Lauda se detuvo en boxes y decidió no continuar. Alguien, presumiblemente el jefe del equipo, se inclina sobre su auto e intenta convencerlo, pero Niki se baja del auto y se quita el casco. La carrera había terminado para él. Había aprendido la lección. Parecía que la influencia geográfica había derramado sobre él sabiduría oriental. Prefería perder una carrera, un campeonato y no la vida. Además de su accidente de pocos meses antes, se debe recordar que en los últimos tres años en la Fórmula 1 habían fallecido cinco pilotos. Al principio de año los corredores en sus reuniones se miraban entre sí y pensaban, sin decirlo en voz alta, cuál de ellos sería al que le tocara caer en competencia ese año. Sabían que al final de la temporada alguno o algunos de ellos ya no estarían más. Lauda había estado demasiado cerca ese año. Y con esa decisión no sólo posibilitó que Hunt se quedara con el campeonato (salió cuarto luego de una gran remontada final y superó a Lauda por un punto en el campeonato) sino que demostró que había cosas más importantes que una carrera, que sus prioridades se habían reacomodado. Ese abandono fue uno de sus indiscutibles momentos de humanidad y grandeza.

En esos años con los peligros que afrontaban los pilotos no podía haber en su elenco ningún cobarde. Se jugaban -literalmente- la vida en cada carrera. Niki Lauda entendió que ser valiente no tiene nada que ver con la temeridad.

Al año siguiente se recuperó y ganó su segundo campeonato mundial de punta a punta. Cada día se mostraba más fuerte. El accidente y la experiencia cercana a la muerte habían quedado atrás. Un tiempo después decidió retirarse del automovilismo. Fundó una línea aérea que luego vendió. Retornó a la Fórmula 1 en el 82. Creía que todavía podía dar algo más. En 1984 consiguió su tercer título al vencer por medio punto a Alain Prost. Luego tuvo otra aerolínea (que sufrió un accidente fatal en 1991 en Tailandia que dejó casi tres centenares de muertos) y volvió otra vez a la Fórmula 1 ya no como piloto sino como directivo y asesor.

Su actitud vital nunca varió a pesar de varios inconvenientes de salud. Debió someterse a dos trasplantes de riñón. Y en Ibiza, hace poco menos de un año, le realizaron un tercer trasplante, uno de pulmón, afectado desde el accidente del 76 en el que aspiró humos tóxicos. Hace décadas que Niki Lauda se convirtió en una leyenda. El campeón del mundo sereno, impasible, frío y racional. El que lograba reflexionar con claridad en los momentos más dramáticos. El que se paró de frente a la adversidad. Las cicatrices en su cara que nunca se quiso sacar, que se negó a operarse, las lesiones permanentes en el cuero cabelludo que sólo tapó con una gorra, nunca fueron un estigma para Lauda. Sino un testimonio de lo vivido y de aquello contra lo que batalló y debió superar. Ese es su mayor legado.

Fuente: Infobae.

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Malas noticias para Boca: Agustín Marchesín sufrió la rotura de ligamento cruzado

El arquero debió ser reemplazado a los pocos minutos del partido ante Barcelona de Ecuador por la Copa Libertadores. El parte médico oficial confirmó la gravedad de la lesión en su rodilla derecha, que lo marginará de las canchas durante varios meses.

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La alegría por la contundente victoria de Boca Juniors por 3-0 ante Barcelona en La Bombonera, por la segunda fecha de la CONMEBOL Libertadores 2026, quedó opacada por una pésima noticia: se confirmó que Agustín Marchesín sufrió la rotura de ligamentos cruzados.

 

El dramático momento de la lesión

Todo ocurrió en los primeros pasajes del encuentro. En una rápida acción de ataque del conjunto ecuatoriano, Marchesín retrocedía a gran velocidad para cubrir el arco tras un rebote. Al llegar a la línea de fondo, la rodilla derecha se le trabó de manera brusca contra el césped, provocando su caída inmediata.

 

 

Automáticamente, el exarquero de Lanús pidió asistencia médica y realizó gestos hacia el banco de suplentes que anticipaban un cuadro severo. La desazón fue total cuando las cámaras de la transmisión captaron el instante en que el jugador moduló con resignación: «Me rompí». Minutos después, debió ser reemplazado por el juvenil Leandro Brey.

 

 

Confirmación oficial y un duro antecedente

Una vez finalizado el encuentro copero, el cuerpo técnico y médico ya sospechaban el diagnóstico que, finalmente, se oficializó en la jornada del lunes. A través de un parte, el Departamento Médico de Fútbol Profesional de Boca confirmó la ruptura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha, una lesión que demanda una intervención quirúrgica y una recuperación estimada de entre seis y ocho meses.

https://twitter.com/BocaJrsOficial/status/2044416001660334177?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E2044416001660334177%7Ctwgr%5Ec6eb57d635c6a644515953d93e4405c8cc01ebcc%7Ctwcon%5Es1_&ref_url=https%3A%2F%2Fflex-app.tadevel-cdn.com%2Fhostname%2Fwww.losprimeros.tv%2Fapi%2Fv1%2Fsandbox%2FPGJsb2NrcXVvdGUgY2xhc3M9InR3aXR0ZXItdHdlZXQiPjxwIGxhbmc9ImVzIiBkaXI9Imx0ciI2BPGEgaHJlZj0iaHR0cHM6Ly90d2l0dGVyLmNvbS9oYXNodGFnL1BhcnRlTSVDMyVBOWRpY282Fc3JjPWhhc2gmYW1wO3JlZl9zcmM9dHdzcmMlNUV0ZnciPiNQYXJ0ZU3DqWRpY288L2E2BPGJyPjxicj5BZ3VzdMOtbiBNYXJjaGVzw61uIHByZXNlbnRhIHVuYSBydXB0dXJhIGRlbCBsaWdhbWVudG8gY3J1emFkbyBhbnRlcmlvciBkZSBsYSByb2RpbGxhIGRlcmVjaGEuPGJyPjxicj5EZXB0by4gTcOpZGljbyBGw7p0Ym9sIFByb2Zlc2lvbmFsLiA8YSBocmVmPSJodHRwczovL3QuY28vNnNGQWIwT0J4bCI2BcGljLnR3aXR0ZXIuY29tLzZzRkFiME9CeGw8L2E2BPC9wPiZtZGFzaDsgQm9jYSBKdW5pb3JzIChAQm9jYUpyc09maWNpYWwpIDxhIGhyZWY9Imh0dHBzOi8vdHdpdHRlci5jb20vQm9jYUpyc09maWNpYWwvc3RhdHVzLzIwNDQ0MTYwMDE2NjAzMzQxNzc2FcmVmX3NyYz10d3NyYyU1RXRmdyI2BQXByaWwgMTUsIDIwMjY8L2E2BPC9ibG9ja3F1b3RlPgo8c2NyaXB0IGFzeW5jIHNyYz0iaHR0cHM6Ly9wbGF0Zm9ybS50d2l0dGVyLmNvbS93aWRnZXRzLmpzIiBjaGFyc2V0PSJ1dGYtOCI2BPC9zY3JpcHQ2BCgo3D%3Fv%3D700251c1f3978512e28fc2864a33f5e6s%3D1c3d45a90b836f6e60972d26454c0420

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El cuerpo técnico de la Selección Argentina opinó sobre la lesión del Cuti Romero

Horas después de que se diera a conocer su parte médico, habló Roberto Ayala y dio la mirada del Cuerpo Técnico liderado por Lionel Scaloni, detallando los pasos a seguir en la recuperación del zaguero central y sus primeras sensaciones del diagnóstico.

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Cristian «Cuti» Romero chocó con su propio arquero Antonín Kinský, sufrió un fuerte golpe ante Sunderland y se retiró del campo de juego en mar de lágrimas, un gesto que encendió las alarmas en la Selección Argentina. Por fortuna, Tottenham le hizo estudios y evitó el peor de los panoramas a menos de dos meses del Mundial 2026.

Horas después de que se diera a conocer su parte médico, habló Roberto Ayala y dio la mirada del Cuerpo Técnico liderado por Lionel Scaloni, detallando los pasos a seguir en la recuperación del zaguero central y sus primeras sensaciones del diagnóstico.

«Esta mañana nos enteramos que la resonancia dio eso. A ver… ‘gracias a Dios’, que no hay nada más en la rodilla», indicó con preucación el Ratón en diálogo con Cuerpo Técnico y ahondó sobre lo que será el proceso para su vuelta a las canchas: «Laburo, inmovilizarán. Seguramente un plasma rico en plaqueta, lo que se usa ahora y bueno, inmovilizarlo una semana y después se verá».

En cuanto al seguimiento del Cuerpo Técnico, Ayala dio a conocer cómo es la tarea que llevan adelante para estar presente para sus jugadores del combinado nacional en todo momento, bromeando sobre la preocupación en esta recta final al Mundial. «Empezamos todas los noches y fines de semana a rezar para que no les pase nada, que terminen sus partidos. Estamos siempre comunicándonos por teléfono o vía Zoom para ver cómo anduvo cada uno. Nosotros nos repartimos entre el Cuerpo Técnico varios jugadores y bueno, somos los encargados de seguirlos, de ver cómo están y si hay algo que tiene que entrar el doctor, ya entra él», planteó.

Por último, el Ratón dio a conocer el consejo que le dejó Scaloni al plantel en caso de correr el riesgo de lesionarse. «Nosotros lo que hicimos, que Leo les dijo fue ‘en algún momento piensen en la Selección, cuando esté creen que tiene (algo), piensen un poquito», dio a conocer entre risas insinuando que hay un pedido de que primen su físico para el seleccionado nacional.

Romero abandonó el campo llorando a los 64 minutos del partido ante Sunderland tras sufrió un choque fortuito con su propio arquero, que con la cabeza le pegó en la zona cercana a la rodilla derecha cuando Cuti intentaba cubrir la pelota. El empujón de un atacante rival fue el detonante de una lesión que nadie esperaba: intentó seguir, probó caminando, pero el cuerpo no respondió y se retiró con el rostro entre las manos y lágrimas que lo dicen todo, a exactamente dos meses del inicio del Mundial 2026.

FUENTE: TyC Sports

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Murió Julio Ricardo: se apagó la voz de un referente del periodismo deportivo

Tenía 87 años y alcanzó la popularidad cuando José María Muñóz lo sentó a su lado para comentar en Radio Rivadavia

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El periodismo deportivo argentino despidió a una de sus figuras más reconocidas: Julio Ricardo falleció a los 87 años, dejando una trayectoria marcada por la sobriedad, el respeto y un estilo que lo convirtió en referente para varias generaciones.

Su nombre alcanzó gran popularidad cuando José María Muñoz lo convocó como comentarista en Radio Rivadavia, en una etapa en la que las transmisiones y “La Oral Deportiva” se ubicaban a la vanguardia del relato futbolero. Desde allí, consolidó un perfil basado en el cuidado del lenguaje y el respeto por los protagonistas, el público y sus colegas.

Nacido como Julio Ricardo López Batista el 13 de enero de 1939 en Buenos Aires, creció en un entorno vinculado al periodismo. Su padre, José López Pájaro, fue fundador del Círculo de Periodistas Deportivos, mientras que otros familiares también tuvieron destacadas trayectorias en los medios.
Antes de volcarse de lleno a la comunicación, eligió la docencia y se recibió como maestro, una vocación que, según reconocía, lo acompañó toda su vida. Sin embargo, el crecimiento de su carrera en radio y televisión lo llevó a dedicarse exclusivamente al periodismo, con pasos por distintos medios y transmisiones deportivas.
Julio Ricardo, como docente, y Nito Mestre, como alumno

 

A lo largo de su trayectoria, compartió trabajos con figuras como Víctor Hugo Morales y formó parte de ciclos emblemáticos. También tuvo un rol en la función pública durante el gobierno de Carlos Menem, cuando estuvo al frente de ATC en 1990.
Julio Ricardo junto a Víctor Hugo Morales, durante un acto en Plaza de Mayo. FOTO JUANO TESONE – CLARIN 

 

En televisión, participó en programas como “Tribuna Caliente”, junto a nombres como Gerardo SofovichAntonio Carrizo Guillermo Nimo. Más adelante, regresó a los comentarios futbolísticos en Radio Nacional y también integró el equipo de “Fútbol para todos”, junto a Marcelo Araujo.
Guillermo Nimo, Roberto Ayala, Julio Ricardo, Tony Carrizo. Garcia Blanco, Ernesto Cherquis Bialo y Carlos Juvenal en Tribuna Caliente
Marcelo Araujo y Julio Ricardo

Reconocido con el Premio Konex y declarado “Personalidad Destacada” por la Legislatura porteña en 2024, Julio Ricardo mantuvo a lo largo de su carrera un perfil distante de las polémicas, incluso en contextos de fuerte confrontación dentro del fútbol.

Su legado quedó asociado a una manera de ejercer el periodismo que privilegiaba la mesura, el análisis y el respeto, en contraste con los estilos más estridentes que marcaron otras etapas del medio.

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