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Argentina

Derribar el mito de los «planeros»: ¿de qué viven los pobres?

Lejos de la difundida idea de que muchos de los pobres prefieren no trabajar y vivir de planes sociales, la evidencia muestra que siete de cada diez pesos que reciben los hogares pobres son el producto de su trabajo y que solo uno de cada diez pesos proviene de AUH, planes de empleo, becas y similares.

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Buena parte de la población está convencida de que los más humildes viven, en su mayoría, de “planes”. Y de que esa es la causa por la cual “los que trabajan” se ven “asfixiados por los impuestos”, que se usan para “mantener vagos”. Veamos si, efectivamente, los pobres son pobres porque no se esfuerzan y prefieren vivir de planes…

La Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC deja en evidencia que, lejos de eso, la gran mayoría de los ingresos de los hogares pobres procede del mercado de trabajo. De hecho, la proporción de los ingresos provenientes del trabajo en los hogares pobres es similar a la de los hogares no pobres. En contrapartida, las transferencias monetarias directas dirigidas a la población vulnerable (planes de empleo y capacitación, AUH, becas escolares y similares, tanto del estado nacional como de las provincias y municipios) son apenas un complemento.

Tomando el último año para el que disponemos de las bases de datos (del segundo trimestre de 2018 al primero de 2019, periodo en el que la tasa de pobreza promedió 31,7%), analicemos cómo se componen los ingresos de los pobres (indigentes y no indigentes) y de los no pobres (en estratos, según la cantidad de canastas de pobreza que representan sus ingresos). Vale recordar que, a valores de septiembre, un hogar tipo del GBA (el monto varía de acuerdo con la composición del hogar y a la región donde reside) necesitó alrededor de $35 mil para no ser pobre y en torno a $14 mil para no ser indigente.

En los hogares pobres, el 70,5% de los ingresos totales provienen de ocupaciones laborales (sin incluir los planes de empleo), valor que resulta apenas inferior al del promedio de los hogares no pobres (73,0%).

Sin embargo, mientras que en los hogares pobres casi la mitad de los ingresos laborales provienen de ocupaciones informales (48%), en los hogares no pobres los ingresos de ocupaciones formales representan el 84% de los ingresos laborales. Dentro de los pobres, la participación de los ingresos laborales es más baja entre los indigentes, entre quienes además es mucho mayor el peso de las ocupaciones informales en la masa de ingresos laborales. En los no pobres, la mayor participación de los ingresos laborales se observa entre los sectores vulnerables (es decir, aquellos cuyos ingresos familiares se ubican apenas por encima de la línea de la pobreza), y el peso de las ocupaciones formales en el total del ingreso laboral se incrementa a medida que más arriba de la pirámide se ubica el hogar.

En contrapartida, los ingresos por transferencias directas no contributivas dirigidas a población vulnerable como la AUH, los planes de empleo (con contraprestación laboral) y de capacitación, las becas escolares, etc. representan solo el 9,3% de los ingresos de los hogares pobres: del total de estos ingresos, el 84% corresponden al ítem “ayuda social” donde el mayor aporte proviene de la AUH, el 12% a planes de empleo y el 4% a becas.

De esta manera, por cada ocho pesos de ingreso que los hogares pobres reciben por su trabajo, nos encontramos con apenas un peso proveniente de este tipo de transferencias.

Desde otro ángulo, mientras que el 85% de los pobres forman parte de hogares donde al menos uno de sus integrantes tiene ingresos laborales (valor casi idéntico al de los no pobres, 86%), apenas el 0,5% de los pobres integra hogares en el que todo el ingreso proviene de planes, AUH y similares.

En el caso de la población en hogares indigentes, la participación de estas transferencias en el total de la masa de ingresos alcanza al 25,2%, mientras que entre los pobres no indigentes cae al 7,9%. El peso relativo que los ingresos por estas transferencias tienen entre los indigentes no implica que sean sumas cuantiosas, sino, simplemente, a que sus ingresos originados en otras fuentes son exiguos: cada persona que integra hogares indigentes, en promedio y a precios de septiembre, recibe unos $550 mensuales por medio de estas transferencias, frente a los $3.600 que necesitaría para no ser indigente y a los cerca de $9.000 que requeriría para no ser pobre.

Cabe señalar que estas transferencias tienen distintos orígenes y objetivos. A diferencia del periodo transcurrido entre fines de los noventa y los primeros años del siglo, cuando la estrella eran los “planes de empleo”, actualmente la transferencia social directa cuantitativamente más importante es la AUH que está lejos de ser “un plan manejado por punteros”: constituyó una de las medidas de equiparación de derechos más importantes de las últimas décadas (los hijos de los trabajadores formales reciben ingresos por sus hijos por la vía de las asignaciones familiares o por la de deducción de ganancias) y, junto a las moratorias previsionales, fueron fundamentales para garantizar un piso mínimo de protección social que alcanza a casi todos los niños, niñas y adolescentes y adultos mayores de nuestro país.

Por otro lado, en los hogares pobres los ingresos por jubilación o pensión ocupan el segundo lugar luego de los ingresos laborales, al igual que entre los no pobres. Pero mientras representan 15,2% del total de ingresos en hogares pobres, en el resto representan una proporción mayor, especialmente en los sectores acomodados (23,8%), donde también tienen un peso destacado los ingresos por rentas y alquileres (3,4%). Los ingresos monetarios por cuota alimentaria o ayuda de otros hogares están presente en todos los segmentos, pero en mayor medida en los hogares pobres, especialmente entre aquellos que se encuentran en la indigencia (5,6%).

Para el periodo analizado, los ingresos de los hogares pobres representaron, en promedio, el 62% de lo que hubieran requerido para alcanzar el umbral de la línea de la pobreza. Esto significa que tuvieron los recursos necesarios para afrontar solo 18 días y medio de los 30 días del mes: 13 días con ingresos provenientes del trabajo, apenas algo más de un día y medio con los ingresos por AUH, planes de empleo, etc., y los otros cuatro días con ingresos de otras fuentes no laborales, especialmente jubilaciones y pensiones.

Si los ingresos no alcanzan, ¿cómo (sobre)viven los pobres?

Al contemplar solo los ingresos monetarios, la medición de pobreza no toma en cuenta otros recursos a los que pueden echar mano los hogares para satisfacer sus necesidades ante la carencia de ingresos corrientes, como recibir ayuda en especies (alimentos sin cocinar o en comedores, ropa, etc.), descapitalizarse (gastar ahorros, vender pertenencias) o endeudarse (con otros hogares o bien con bancos o financieras).

No obstante, la EPH también nos aporta información sobre estas otras estrategias a las que recurren los hogares (en los tres meses previos). Si bien de manera menos precisa que la indagación exhaustiva por los ingresos, estos datos ofrecen pistas interesantes.

El 13% de las personas pobres integra hogares que declaran haber recibido mercadería (alimentos, ropas, etc.) de parte de instituciones estatales y no estatales o, en medida algo mayor, de parte de otros hogares, y esto adquiere especial relevancia entre los indigentes (17,8%). Sin embargo, esto no es privativo de los pobres: lo mismo se registra para el 5% de las personas no pobres, especialmente para los segmentos vulnerables y medios bajos.

Por otra parte, casi una tercera parte de los pobres se endeuda para solventar sus gastos, con bancos o financieras, pero especialmente con otras familias (una cuarta parte de la población indigente recibió préstamos de otros hogares). Entre los no pobres los préstamos recibidos de otros hogares decrecen a medida que aumenta el nivel de ingreso, pero esto no ocurre con los préstamos de bancos y financieras (sin incluir aquí las compras con tarjetas de crédito), que se mantiene en torno al 15% en todos los segmentos.

Finalmente, otras de las estrategias se vinculan a la descapitalización. El uso de ahorros para solventar gastos alcanza al 30% de todos los segmentos de hogares, lo que, al igual que el endeudamiento con bancos y financieras, puede ocultar fenómenos disímiles: mientras que para algunos es una acción obligada para la satisfacción de necesidades básicas, para otros el uso de ahorros bien podría destinarse al consumo de ciertos bienes (electrodomésticos, por ejemplo) o servicios (paseos, vacaciones) no esenciales, o bien para mantener un cierto nivel de vida en coyunturas en las que se contrae el poder adquisitivo. En cambio, la descapitalización por la vía de la venta de pertenencias sí muestra una mayor preponderancia entre los más desfavorecidos: la población en hogares pobres que recurrió a esta estrategia en los tres meses anteriores (12,5%) duplica a lo observado en la población de hogares no pobres (6,7%), y si se comparan los segmentos extremos, la venta de pertenencias resulta casi cinco veces más usual entre los indigentes que entre los sectores acomodados.

Cabe señalar que, tanto recibir mercaderías como préstamos de parte de otros hogares, constituyen un indicio de la importancia que tienen las redes de relaciones interpersonales en las estrategias de mitigación de la carestía de recursos corrientes por parte de los sectores más vulnerables. Pero, al igual que con la venta de pertenencias, se trata de estrategias que muy probablemente encuentren complicada su permanencia o eficacia en el tiempo cuando una crisis se amplifica y es duradera.

¿Qué pasaría si no existieran las transferencias sociales directas?

Si se decidiese eliminar todos los ingresos que los hogares reciben en concepto de AUH, planes de empleo, etc., la tasa de indigencia aumentaría entre 2,5 y 3 puntos porcentuales, en tanto que la de pobreza total subiría alrededor de un punto y medio. Esto muestra que las transferencias sociales directas tienen mayor eficacia para garantizar un pequeño ingreso estable a los indigentes y para evitar que una porción de los pobres no indigentes caigan en la indigencia, que para reducir la pobreza.

Para ponerlo en perspectiva, si bien un punto porcentual y medio equivale a casi 700 mil personas (extrapolando los datos de las grandes ciudades, que es lo que cubre la EPH, a todo el país), esta magnitud representa apenas una sexta parte del crecimiento experimentado por la tasa de pobreza entre la segunda parte de 2017 (25,7%) y la primera mitad de 2018 (35,4%).

En definitiva, dado el carácter apenas paliativo (aunque necesario, hiper progresivo y, en muchos casos, restitutivo de derechos) de las transferencias sociales directas, el combate a la pobreza (y a la desigualdad) no debe pasar por la estéril discusión sobre ellas, sino por cómo lograr reactivar el mercado de trabajo, para que bajen la desocupación y la informalidad, y se recupere el poder adquisitivo de los salarios.

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Una fuerte tormenta sobre Buenos Aires dejó cortes de luz, calles anegadas y vuelos demorados

El temporal empezó este viernes y se prolongó hasta la mañana de hoy. Provocó destrozos y dejó varios barrios bajo el agua.

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El fuerte temporal que afecta desde la tarde de este viernes al Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) generó importantes complicaciones en distintos servicios. La gran cantidad de agua caída dejó calles anegadas, casi 60 mil usuarios sin electricidad, demoras en los aeropuertos de la zona y serios inconvenientes para circular tanto en la Ciudad como en varios municipios del conurbano.

Según el último reporte del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE), emitido cerca de la medianoche, más de 58 mil usuarios permanecían sin suministro. Edesur concentraba la mayor cantidad de interrupciones, con 49.151 clientes afectados, mientras que Edenor registraba 9.511 cortes distribuidos en distintos sectores de su área de concesión.

Entre las zonas más comprometidas se encontraban Almagro, Monte Grande, Canning, Florencio Varela y Alejandro Korn, dentro del área de Edesur. En tanto, Edenor reportó los mayores inconvenientes en Villa Urquiza, Martínez, Tigre y Olivos, donde las lluvias y las ráfagas complicaron el normal funcionamiento de la red eléctrica.

Aeroparque cerrado y Ezeiza colapsado: las complicaciones tras el diluvio

El temporal también impactó sobre la actividad aeroportuaria. En Aeroparque Jorge Newbery las operaciones en plataforma debieron suspenderse de manera preventiva debido a una alerta roja por actividad eléctrica, lo que impidió el trabajo de señaleros, mecánicos y personal de rampa, con demoras tanto para los arribos como para las partidas.

La situación repercutió además en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, que recibió varios vuelos desviados desde Aeroparque mientras enfrentaba retrasos en los despegues. La acumulación de aeronaves redujo la disponibilidad de posiciones de estacionamiento y generó demoras operativas que persisten hasta el momento.

https://x.com/ElPortavozARG/status/2083390725228495260?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E2083390725228495260%7Ctwgr%5E8d87dd38da67e23297a1e34df5aaf1278cfb2d8f%7Ctwcon%5Es1_&ref_url=https%3A%2F%2Fwww.lv12.com.ar%2Fbuenos-aires%2Ftemporal-buenos-aires-cortes-luz-calles-anegadas-y-vuelos-demorados-n201472

Calles inundadas y complicaciones en el tránsito, tras las intensas lluvias

En distintos barrios porteños y localidades del AMBA también se registraron calles completamente anegadas. Vecinos compartieron imágenes de vehículos que avanzaban con dificultad entre grandes acumulaciones de agua, como ocurrió en Colegiales, donde una automovilista filmó desde el interior de su vehículo el estado de una de las calles más afectadas por las intensas precipitaciones.

FUENTE: C5N

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Altos mandos de la Policía y bomberos: quiénes eran las siete víctimas en el accidente del helicóptero en San Juan

Se trata de funcionarios y brigadistas que viajaban en la aeronave que había sido contratada por la Agencia Federal de Emergencias para combatir los incendios en La Rioja. El accidente se registró en la zona del Parque Provincial Ischigualasto

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Un helicóptero contratado por la Agencia Federal de Emergencias que se dirigía a colaborar con el combate de los incendios forestales en La Rioja se estrelló este miércoles en la provincia de San Juan y provocó la muerte de sus siete ocupantes, en una de las tragedias aéreas más graves registradas en el marco del Sistema Nacional de Manejo del Fuego.

El accidente ocurrió durante la mañana en un sector de muy difícil acceso del Parque Provincial Ischigualasto, en el departamento Valle Fértil. La aeronave había partido desde la ciudad de San Juan luego de participar en una capacitación vinculada al Sistema Nacional de Manejo del Fuego y posteriormente debía trasladarse hacia la zona de Chilecito, donde brigadistas trabajan para contener los incendios forestales que afectan a esa región cercana a la cordillera.

De acuerdo con la información oficial, el último contacto con el helicóptero se produjo a las 10:26. A partir de ese momento se perdió toda comunicación con la tripulación y, al comprobar que la aeronave no había llegado a destino, se activó el protocolo de emergencia.

Minutos más tarde, otro helicóptero que sobrevolaba la zona logró localizar los restos de la aeronave en el sector norte del Parque Ischigualasto y dio aviso a las autoridades, que desplegaron un amplio operativo de rescate.

Las primeras tareas estuvieron condicionadas por las dificultades del terreno. Los equipos de emergencia pudieron avanzar únicamente hasta el último punto accesible por caminos vehiculares y desde allí continuaron el recorrido en cuatriciclos y posteriormente a pie para llegar al lugar del impacto.

Con el avance del operativo, las autoridades confirmaron la peor noticia: los siete ocupantes fallecieron como consecuencia del accidente.

El director del Parque Provincial Ischigualasto, Juan Pablo Teja Godoy, explicó que el helicóptero tenía prevista una actividad en el parque antes de continuar hacia La Rioja. «Teníamos programada la llegada de este helicóptero para la mañana de hoy. De repente nos llamaron diciendo que había una alerta de uno de los helicópteros que venían a hacer las maniobras porque había caído en la parte norte del Parque Ischigualasto», relató.

El funcionario precisó además que el siniestro ocurrió a unos ocho kilómetros del Circuito Los Arrieros, en dirección a la Quebrada de la Chilca, uno de los sectores más agrestes y de acceso más complejo dentro del área protegida. Como consecuencia del operativo, el Parque Provincial Ischigualasto permaneció cerrado durante toda la jornada y fueron suspendidas todas las actividades turísticas.

Según fuentes oficiales, entre las víctimas había integrantes de la Policía de San Juan, personal de Bomberos y de Protección Civil, además de otros ocupantes cuya identidad aún no había sido difundida oficialmente al momento de conocerse la tragedia. Ante la magnitud del hecho, el Gobierno sanjuanino convocó de urgencia al Comité de Crisis y coordinó el trabajo conjunto de efectivos policiales, brigadistas, bomberos, personal sanitario y guardaparques.

La aeronave siniestrada era un Bell 412EP, matrícula LV-KGR, un helicóptero bimotor especialmente diseñado para operaciones de emergencia. Según los registros aeronáuticos, realizó su primer vuelo en 2010 y anteriormente operó en Canadá y Estados Unidos con la matrícula N536LW, hasta que fue exportado a la Argentina en noviembre de 2022 y quedó registrado a nombre de la empresa Jasfly S.A.

El Bell 412EP está equipado con dos turbinas Pratt & Whitney y puede ser utilizado para transporte de personal, rescates, evacuaciones sanitarias y combate de incendios forestales. Tiene capacidad para un piloto y hasta 14 pasajeros, además de equipamiento específico para operar en situaciones de emergencia.

Las autoridades aeronáuticas iniciaron una investigación para determinar las causas del accidente. Hasta el momento no trascendieron hipótesis oficiales sobre una posible falla mecánica o sobre las condiciones meteorológicas al momento del vuelo. Mientras avanzan las pericias, la tragedia enluta al operativo nacional de combate contra los incendios forestales, ya que el helicóptero debía incorporarse a las tareas para contener los focos activos que afectan a la provincia de La Rioja, especialmente en la zona de Chilecito.

Quiénes eran los ocupantes del helicóptero

Marcelo Videla

Marcelo VidelaMarcelo Videla

Subjefe de la Policía de San Juan, contaba con más de treinta años de experiencia en la fuerza de seguridad provincial. Nacido en Chimbas, se desempeñó en diversas comisarías de la provincia y ocupó cargos clave como la Subsecretaría de Control de Gestión y la Tesorería de la Policía, áreas que demandan alto nivel de responsabilidad y manejo de recursos.

Fue designado como subjefe de la fuerza en marzo de 2026, una posición para la que fue elegido por su trayectoria y confianza dentro de la estructura policial. Videla había trabajado en la Comisaría 24° de Rawson, la 3° de Trinidad, la 13° de Rivadavia, la 28° de Rivadavia, la 16° de Calingasta y la 18° de Albardón, entre otras.

Rubén Castro

Rubén CastroRubén Castro

Era jefe de Bomberos de la Policía de San Juan. De origen jachallero, Castro fue máxima autoridad del Destacamento N°2 de Bomberos en Jáchal antes de asumir la jefatura provincial. Su carrera dentro del cuerpo de bomberos incluyó la dirección de operativos de emergencia y la coordinación de capacitaciones especializadas en respuesta a siniestros y catástrofes.

Carlos Heredia

Carlos HerediaCarlos Heredia

Ocupaba el cargo de director de Protección Civil de San Juan desde febrero de 2023, luego de una extensa carrera de 30 años en la Policía provincial, en la que llegó a ser jefe de Bomberos. Tras su retiro de la fuerza de seguridad en diciembre de 2022, Heredia asumió su cargo en el área encargada de coordinar la respuesta ante emergencias y catástrofes en la provincia.

Jorge Carbajal

Jorge CarbajalJorge Carbajal

Era subjefe de Bomberos de la Policía de San Juan. Integraba el equipo de mando junto a Rubén Castro y participaba activamente en la coordinación de operativos y capacitaciones. Su labor incluía el diseño y la implementación de estrategias de respuesta ante incendios y emergencias, así como la formación de personal especializado.

Andrés BoschAndrés Bosch

Se desempeñaba como coordinador regional de la Agencia Federal de Emergencias (AFE) y del Servicio Nacional de Manejo del Fuego. Bosch, oriundo de Córdoba, asumió la coordinación de la Región Centro del SNMF en febrero de 2024, tras la propuesta del Ministerio del Interior.

Especialista e instructor en incendios forestales, tenía bajo su responsabilidad la logística y la coordinación de medios aéreos en la lucha contra el fuego, abarcando provincias como Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. Su función era clave para el despliegue de recursos y la planificación de acciones contra incendios forestales a nivel nacional.

Rodrigo AimettaRodrigo Aimetta

También cordobés, era jefe de la Brigada Nacional NEA del Servicio Nacional de Manejo del Fuego e instructor técnico responsable de la capacitación sobre incendios forestales. Su papel en el viaje era dictar módulos teóricos y prácticos de adiestramiento en combate de incendios con apoyo aéreo, dirigidos al personal de seguridad y bomberos de San Juan.

Aimetta era reconocido por su labor en la formación de brigadistas y en la coordinación de operativos complejos en distintas regiones del país.

Matías Valenzuela

Matías ValenzuelaMatías Valenzuela

Era el piloto de la empresa JasFly S.A., oriundo de Buenos Aires. Tenía a su cargo el comando de la aeronave siniestrada, un Bell 412EP matriculado LV-KGR, propiedad de la firma contratada de manera tercerizada por el Estado para el combate de incendios. Valenzuela era responsable de la operación y traslado del equipo en el marco de la capacitación y las tareas de apoyo aéreo.

Las identidades y trayectorias de los ocupantes del helicóptero reflejan el compromiso y la experiencia de quienes estaban al frente de la gestión de emergencias y seguridad en la provincia y el país. El accidente representó una pérdida significativa para los equipos de respuesta y coordinación frente a catástrofes, en un contexto de fortalecimiento de las capacidades para el combate de incendios forestales.

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Argentina

Casi la mitad de los jóvenes argentinos vive en la vulnerabilidad

Según los resultados de un informe de la UBA revela que el 48,9% de las personas de entre 18 y 29 años sufre desintegración social. Además, crece el fenómeno de quienes ni estudian, ni trabajan ni buscan empleo.

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Ni estabilidad, ni educación formal asegurada, ni margen para proyectar. En la Argentina actual, casi la mitad de los jóvenes de entre 18 y 29 años vive bajo condiciones de vulnerabilidad social. El dato surge del informe Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro, elaborado en el marco del Proyecto de Investigación y Desarrollo en Áreas Estratégicas (PIDAE-UBA).

La investigación, basada en una encuesta presencial realizada a 1.002 jóvenes, encendió las alarmas de los especialistas al visibilizar la profunda desconexión de esta población con los dos grandes motores de integración histórica: la escuela y el mercado laboral. Geográficamente, el drama es federal: el 27% de los afectados reside en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), mientras que el 73% restante se distribuye en el interior del país.

El núcleo más crítico: el fenómeno del «Triple Ni»

Uno de los aportes más preocupantes del estudio es la consolidación de un núcleo duro de exclusión. Mientras que el universo de los «Ni-Ni» (quienes no estudian ni trabajan) alcanza a 2 de cada 10 jóvenes vulnerables, la UBA detectó la ramificación de un componente aún más grave: los «Triple Ni».

Este segmento representa a un tercio de la población juvenil vulnerable; se trata de chicos que no estudian, no trabajan y ya no buscan empleo. «Estamos frente a una franja social alejada de toda red de pertenencia, reconocimiento e integración social», explicó Juan Cruz Esquivel, director de la investigación, profesor de la UBA e investigador principal del Conicet. Dentro del total de desocupados de la muestra, solo 4 de cada 10 mantienen una búsqueda laboral activa.

Trabajo precarizado y abandono escolar

Para el 70% de los encuestados que sí tiene una ocupación, la realidad  económica dista de ser una solución. El empleo se concentra principalmente en rubros de alta informalidad como el comercio, la construcción y las tareas de cuidado.

El informe detalla la radiografía de la precariedad:

 

 

  • Solo el 18,9% de los que trabajan accede a un puesto registrado o parcialmente registrado (apenas el 10% del total general).
  • El 76,1% se desempeña en la informalidad absoluta o el cuentapropismo (limpieza, venta ambulante o digital).
  • El 57% afirma que sus ingresos mensuales no alcanzan para cubrir la canasta básica.
  • El 78% carece de cobertura médica privada o social, por lo que depende exclusivamente del sistema de salud pública.

Esta alarmante inserción laboral se explica en gran medida por la deserción escolar. Seis de cada diez jóvenes vulnerables no completaron el colegio secundario, mientras que apenas el 6,7% accedió a estudios terciarios o universitarios.

En Argentina, casi la mitad de los jóvenes de entre 18 y 29 años vive en situación de vulnerabilidad social. Y un tercio ni trabaja, ni estudia, ni busca trabajo.

En Argentina, casi la mitad de los jóvenes de entre 18 y 29 años vive en situación de vulnerabilidad social. Y un tercio ni trabaja, ni estudia, ni busca trabajo.
(Foto Luciano Thieberger)

 

Salud mental y expectativas rotas

La imposibilidad de planificar a mediano plazo debido a las restricciones económicas y las responsabilidades en hogares numerosos (el 46,2% vive en casas con 5 o más integrantes) ha erosionado la salud mental de este segmento. El malestar psicológico se transformó en una experiencia cotidiana: más del 70% manifiesta sufrir ansiedad o problemas de nervios frecuentes, el 50% padece desgano o depresión, y un 30% reconoce tener consumos problemáticos de alcohol, tabaco o drogas.

«Durante décadas, educación y trabajo funcionaron como etapas de un mismo recorrido. Hoy ese vínculo se ha resquebrajado y el esfuerzo ya no garantiza movilidad social», concluyó Esquivel, marcando la dura paradoja de una generación que no pierde el deseo de progresar, pero que ve cómo se derrumban las oportunidades estructurales para lograrlo.

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