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Internacional

Salman Rushdie: así empieza la novela por la que es perseguido a muerte desde 1989

Un nuevo intento de asesinato del escritor perseguido por extremistas islámicos reforzó el puesto de “Los versos satánicos” en el podio de los libros más polémicos de la historia. Leé un fragmento.

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Salman Rushdie: así empieza la novela por la que es perseguido a muerte desde 1989

Hay libros que, por su carácter controversial, disruptivo o contestatario, han pasado a la historia más por sus polémicas que por sus contenidos. No es necesario haber leído novelas como Lolita, El amante de Lady Chatterley o Matar a un ruiseñor para estar al tanto del revuelo que cada una ha generado al momento de su publicación, revuelo que, en muchos casos, permanece intacto varias décadas después.

Uno de los casos más destacados es el de Los versos satánicos, libro que volvió a estar en el ojo de la tormenta después del intento de asesinato que sufrió su autor, Salman Rushdie, mientras daba una conferencia en Nueva York el pasado 12 de agosto. Este ataque, sin embargo, lejos está de ser el primero que recibe el escritor británico-estadounidense de origen indio.

Publicado en 1988, Los versos satánicos desató una controversia mundial sin precedentes: en pocos meses fue víctima de censuras, prohibiciones, amenazas de bombas, manifestaciones, quemas de libros y atentados con decenas de víctimas fatales. Pero, lejos de amainar con el tiempo, su polémica solo creció.

Hadi Matar (24), acusado de apuñalar repetidas veces en el cuello a Rushdie (AP Photo/Gene J. Puskar).Hadi Matar (24), acusado de apuñalar repetidas veces en el cuello a Rushdie (AP Photo/Gene J. Puskar).

En 1989, el ayatolá Ruhollah Jomeiní, líder supremo de Irán, dio inicio a la fatwā contra Rushdie: una persecución a muerte al autor y a todos lo que estuvieran involucrados en la traducción, edición, distribución de su libro. “Comunico al orgulloso pueblo musulmán del mundo que el autor del libro Los versos satánicos —libro contra el islam, el Profeta y el Corán— y todos los que hayan participado en su publicación conociendo su contenido están condenados a muerte. Pido a todos los musulmanes que los ejecuten allí donde los encuentren”, expresó Jomeiní, según cuenta Rushdie en Joseph Anton, Memorias del tiempo de la fatua, libro en el que detalla con minucia esta polémica.

El autor, sin embargo, no esperaba que Los versos satánicos, su cuarta novela, tuviera esas repercusiones, dado que su contenido era menos controversial que el de sus libros anteriores: “ Era una exploración mucho más íntima, personal, un primer intento de crear una obra a partir de su propia experiencia de emigración y metamorfosis. Era el libro menos político de los tres. Y el material basado en el origen del Islam (…) mostraba esencialmente admiración por el Profeta del Islam e incluso respeto”, escribe en Joseph Anton, Memorias del tiempo de la fatua.

Por fortuna, este último intento de asesinato, en el que un joven de 24 años lo apuñaló repetidas veces en el cuello, no fue letal. Después de ser internado de urgencia con heridas graves, Rushdie recuperó el habla y ya respira por sus propios medios. Pasó el susto. La fatwā continúa.

Así empieza “Los versos satánicos”, de Salman Rushdie

«Para volver a nacer —cantaba Gibreel Farishta mientras caía de los cielos, dando tumbos— tienes que haber muerto. ¡Ay, sí! ¡Ay, sí! Para posarte en el seno de la tierra, tienes que haber volado. ¡Ta-taa! ¡Takachum! ¿Cómo volver a sonreír si antes no lloraste? ¿Cómo conquistar el amor de la adorada, alma cándida, sin un suspiro? Baba, si quieres volver a nacer…»

Amanecía apenas un día de invierno, por el Año Nuevo poco más o menos, cuando dos hombres vivos, reales y completamente desarrollados, caían desde gran altura, veintinueve mil dos pies, hacia el canal de la Mancha, desprovistos de paracaídas y de alas, bajo un cielo límpido.

«Yo te digo que debes morir, te digo, te digo…», y así una vez y otra, bajo una luna de alabastro, hasta que una voz estentórea rasgó la noche:

«¡Al diablo con tus canciones! —Las palabras pendían, cristalinas, en la noche blanca y helada—. En tus películas sólo movías los labios porque te doblaban, así que ahórrame ahora ese ruido infernal.»

Gibreel, el solista desafinado, hacía piruetas al claro de luna, mientras cantaba su espontáneo gazal, nadando en el aire, ora mariposa, ora braza, enroscándose, extendiendo brazos y piernas en el casi infinito del casi amanecer, adoptando actitudes heráldicas, ora rampante, ora yacente, oponiendo la ligereza a la gravedad. Rodó alegremente hacia la sardónica voz. «Hola, compañero, ¿eres tú? ¡Qué alegría! ¿Qué hay, mi buen Chamchito?» A lo que el otro, una sombra impecable que caía cabeza abajo en perfecta vertical, con su traje gris bien abrochado y los brazos pegados a los costados, tocado, como lo más natural del mundo, con extemporáneo bombín, hizo la mueca propia del enemigo de diminutivos. «¡Eh, paisano! —gritó Gibreel, provocando otra mueca invertida—. ¡Es el mismo Londres, chico! ¡Allá vamos! Esos cabritos de ahí abajo no sabrán lo que se les vino encima, si un meteoro, un rayo o la venganza de Dios. Llovidos del cielo, muñeca. ¡Puummmmba! Cras, ¿eh? ¡Qué entrada, Yyyaaa! Yo te digo… Flas.»

Llovidos del cielo: un big bang seguido de catarata de estrellas. Un principio de Universo, un eco en miniatura del nacimiento del tiempo… el jumbo Bostan, vuelo AI-420 de la Air India, estalló sin previo aviso a gran altura sobre la grande, putrefacta, hermosa, nivea y resplandeciente ciudad de Mahagonny, Babilonia, Alphaville. Claro que Gibreel ya ha pronunciado su nombre, de manera que yo no puedo interferir: el mismo Londres, capital de Vilayet, parpadeaba, centelleaba y se mecía en la noche. Mientras, a una altura de Himalaya, un sol fugaz y prematuro estallaba en el aire cristalino de enero, un punto desaparecía de las pantallas de radar y el aire transparente se llenaba de cuerpos que descendían del Everest de la catástrofe a la láctea palidez del mar.

¿Quién soy yo?

¿Quién más está ahí?

Este no es el primer ataque que recibe Rushdie de parte de extremistas islámicos. "Los versos satánicos" fue víctima de censuras, prohibiciones, amenazas de bomba y atentados con víctimas fatales. (AP Photo)Este no es el primer ataque que recibe Rushdie de parte de extremistas islámicos. «Los versos satánicos» fue víctima de censuras, prohibiciones, amenazas de bomba y atentados con víctimas fatales. (AP Photo)

El avión se partió por la mitad, como vaina que suelta las semillas, huevo que descubre su misterio. Dos actores, Gibreel, el de las piruetas, y el abotonado y circunspecto Mr. Saladin Chamcha, caían cual briznas de tabaco de un viejo cigarro roto. Encima, detrás, debajo de ellos, planeaban en el vacío butacas reclinables, auriculares estéreo, carritos de bebidas, recipientes de los efectos del malestar provocado por la locomoción, tarjetas de desembarque, juegos de vídeo libres de aduana, gorras con galones, vasos de papel, mantas, máscaras de oxígeno… Y también —porque a bordo del aparato viajaban no pocos emigrantes, sí, un número considerable de esposas que habían sido interrogadas, por razonables y concienzudos funcionarios, acerca de la longitud y marcas distintivas de los genitales del marido, y un regular contingente de niños sobre cuya legitimidad el Gobierno británico había manifestado sus siempre razonables dudas—, también, mezclados con los restos del avión, no menos fragmentados ni menos absurdos, flotaban los desechos del alma, recuerdos rotos, yoes arrinconados, lenguas maternas cercenadas, intimidades violadas, chistes intraducibies, futuros extinguidos, amores perdidos, significado olvidado de palabras huecas y altisonantes, tierra, entorno natural, casa.

Un poco aturdidos por el estallido, Gibreel y Saladin bajaban como fardos soltados por una cigüeña distraída de pico flojo, y Chamcha, que caía cabeza abajo, en la posición recomendada para el feto que va a entrar en el cuello del útero, empezó a sentir una sorda irritación ante la resistencia del otro a caer con normalidad. Saladin descendía en picado mientras que Farishta abrazaba el aire, asiéndolo con brazos y piernas, con los ademanes del actor amanerado que desconoce las técnicas de la sobriedad. Abajo, cubiertas de nubes, esperaban su entrada las corrientes lentas y glaciales de la Manga inglesa, la zona señalada para su reencarnación marina.

«Oh, mis zapatos son japoneses —cantaba Gibreel, traduciendo al inglés la letra de la vieja canción, en semiinconsciente deferencia hacia la nación anfitriona que se precipitaba a su encuentro—, el pantalón, inglés, pues no faltaba más. En la cabeza, un gorro ruso rojo; mas el corazón sigue siendo indio, a pesar de todo.» Las nubes hervían, espumeantes, cada vez más cerca, y quizá fuera por aquella gran fantasmagoría de cúmulos y cumulonimbos, con sus tormentosas cúspides enhiestas a la luz del amanecer, quizá fuera el dúo (cantando el uno y abucheando el otro) o quizás el delirio provocado por la explosión que les evitaba apercibirse de lo inminente…, lo cierto es que los dos hombres, Gibreelsaladin Farischtachamcha, condenados a esta angelicodemoníaca caída sin fin pero efímera, no se dieron cuenta del momento en que empezaba el proceso de su transmutación. ¿Mutación?

Sí, señor; pero no casual. Allá arriba, en el aire-espacio, en ese campo blando e intangible que el siglo ha hecho viable y que se ha convertido en uno de sus lugares definitorios, la zona de la movilidad y de la guerra, la que empequeñece el planeta, la del vacío de poder, la más insegura y transitoria, ilusoria, discontinua y metamórfica —porque, cuando lo arrojas todo al aire, puede ocurrir cualquier cosa—, allá arriba, decía, se operaron, en unos actores delirantes, cambios que habrían alegrado el corazón del viejo Mr. Lamarck: bajo extrema presión ambiental, se adquirieron determinadas características.

¿Qué características respectivamente? Calma, ¿se han creído que la Creación se produce a marchas forzadas? Bien, pues la revelación tampoco… Echen una mirada a la pareja. ¿Observan algo extraño? Sólo dos hombres morenos en caída libre; la cosa no tiene nada de particular, pensarán, treparon demasiado, se pasaron, volaron muy cerca del sol, ¿no es eso? No es eso. Presten atención.

Mr. Saladin Chamcha, consternado por los sonidos que manaban de la boca de Gibreel Farishta, contraatacó con sus propios versos. Lo que Farishta oyó tremolar en el fantasmagórico aire nocturno era también una vieja canción, letra de Mr. James Thomson, mil setecientos a mil setecientos cuarenta y ocho. «… por orden del cielo —entonaba Chamcha con unos labios que el frío ponía patrióticamente rojos, blancos y azules— surgió del aaaazul… —Farishta, consternado, se desgañitaba cantando a los zapatos japoneses, los gorros rusos y los corazones inviolablemente subcontinentales, pero no conseguía ahogar la atronadora voz de Saladin— … y los ángeles de la guaaaarda entonaban el estribillo.»

Desengañémonos, era imposible que se oyeran mutuamente, y no digamos que conversaran y compitieran en el canto de esta manera. Acelerando hacia el planeta, con la atmósfera silbando alrededor, ¿cómo habían de oírse? Pero, desengañémonos nuevamente, se oían.

Se precipitaban hacia abajo y el frío invernal que les escarchaba las pestañas y amenazaba con helarles el corazón estaba a punto de despertarles de su ensueño exaltado, ya iban a percatarse del milagro del canto, de la lluvia de extremidades y de niños de la que ellos formaban parte y del horrible destino que subía a su encuentro cuando, empapándose y congelándose instantáneamente, se sumergieron en la ebullición glacial de las nubes.

ARCHIVO - Salman Rushdie asiste a la 68a ceremonia y cena benéfica del Premio Nacional del Libro, el 15 de noviembre de 2017 en Nueva York. (Foto por Evan Agostini/Invision/AP, archivo)ARCHIVO – Salman Rushdie asiste a la 68a ceremonia y cena benéfica del Premio Nacional del Libro, el 15 de noviembre de 2017 en Nueva York. (Foto por Evan Agostini/Invision/AP, archivo)

Se hallaban en lo que parecía ser un largo túnel vertical. Chamcha, atildado, envarado y todavía cabeza abajo, vio cómo Gibreel Farishta, con su camisa sport color púrpura, nadaba hacia él por aquel embudo con paredes de nube, y quiso gritar: «No te acerques, aléjate de mí», pero algo se lo impidió, un agudo cosquilleo que se iniciaba en sus intestinos, de manera que, en lugar de proferir palabras hostiles, abrió los brazos y Farishta nadó hacia ellos y quedaron abrazados cabeza con pie, y la fuerza de la colisión les hizo voltear y caer haciendo molinetes por el agujero que conducía al País de las Maravillas. Mientras se abrían paso, surgieron de la blancura una sucesión de formas nebulosas, en metamorfosis incesante de dioses en toros, mujeres en arañas y hombres en lobos. Nubes-criaturas híbridas se precipitaban hacia ellos, flores gigantes con pechos humanos colgadas de tallos carnosos, gatos alados y centauros, y Chamcha, en su aturdimiento, tenía la impresión de que también él había adquirido calidad nebulosa y metamórfica, híbrida, como si estuviera convirtiéndose en la persona cuya cabeza estaba inserta entre sus piernas y cuyas piernas se enlazaban alrededor de su largo y estirado cuello.

Aquella persona, empero, no tenía tiempo para tales fantasías; es más, era incapaz de entregarse al más nimio fantaseo. Y es que acababa de ver emerger del remolino de las nubes la figura de una seductora mujer de cierta edad, con sari de brocado verde y oro, brillante en la nariz y moño alto bien defendido por la laca de los embates del viento de las alturas, que viajaba cómodamente sentada en alfombra voladora. «Rekha Merchant — saludó Gibreel—, ¿acaso no has podido encontrar el camino del cielo?»

¡Impertinentes palabras para ser dichas a una muerta! Pero, en descargo del osado, puede aducirse su condición traumatizada y vertiginosa… Chamcha, agarrado a sus piernas, profirió una interrogación de perplejidad: «¿Qué diablos?»

«¿Tú no la ves? —gritó Gibreel—. ¿No ves su recondenada alfombra de Bokhara?»

No, no, Gibbo, susurró en sus oídos la voz de la mujer; no esperes que él confirme. Yo soy única y estrictamente para tus ojos, excremento de cerdo, mi bien. Con la muerte llega la sinceridad, amor, y ahora puedo llamarte por tu nombre.

La nebulosa Rekha murmuraba agrias trivialidades, pero Gibreel gritó otra vez a Chamcha: «Compa, ¿la ves o no la ves?»

Saladin Chamcha no veía, ni oía, ni decía nada. Gibreel se encaró con ella solo. «No debiste hacerlo —la reprendió—. No, señora. Es un pecado. Una enormidad.»

Oh, y ahora me riñes, rió ella. Ahora tú eres el que se da aires de moralidad, qué risa. Tú me dejaste, le recordó su voz al oído, como si le mordisqueara el lóbulo de la oreja. Fuiste tú, luna de mis delicias, el que se escondió en una nube. Y yo me quedé a oscuras, ciega, perdida por amor.

Él empezaba a tener miedo. «¿Qué quieres? No; no me lo digas, sólo márchate.»

Cuando estuviste enfermo, yo no podía ir a verte, por el escándalo; tú sabías que no podía, que me mantenía apartada por tu bien, pero después me castigaste, lo utilizaste de pretexto para marcharte, de nube para esconderte. Eso, y también a ella, la mujer de los hielos. Canalla. Ahora que estoy muerta he olvidado cómo se perdona. Yo te maldigo, mi Gibreel, que tu vida sea un infierno. Un infierno, porque ahí me mandaste, maldito seas, y de ahí viniste, demonio, y ahí vas, imbécil, que te aproveche la jodida zambullida. La maldición de Rekha y, después, unos versos en una lengua que él no entendía, secos y sibilantes, en los que repetidamente creyó distinguir, o tal vez no, el nombre de Al-Lat.

Gibreel se apretó contra Chamcha y salieron de las nubes. La velocidad, la sensación de velocidad volvió, silbando su nota escalofriante. El techo de nubes voló hacia lo alto, el suelo de agua se acercó y ellos abrieron los ojos. Un grito, el mismo grito que aleteaba en su vientre cuando Gibreel nadaba por el cielo, escapó de labios de Chamcha; un rayo de sol taladró su boca abierta liberándolo. Pero Chamcha y Farishta, que habían caído a través de las transformaciones de las nubes, también tenían contorno vago y difuso, y cuando la luz del sol dio en Chamcha, liberó algo más que un grito.

«Vuela —gritó Chamcha a Gibreel—. Echa a volar, ya.» Y, sin saber la razón, agregó lada orden: «Y canta.»

¿Cómo llega al mundo lo nuevo? ¿Cómo nace?

¿De qué fusiones, transubstanciaciones y conjunciones se forma?

¿Cómo sobrevive, siendo como es tan extremo y peligroso? ¿Qué compromisos, qué pactos, qué traiciones a su íntima naturaleza tiene que hacer para contener a la panda de demoledores, al ángel exterminador, a la guillotina?

¿Es siempre caída el nacimiento?

¿Tienen alas los ángeles? ¿Vuelan los hombres?

Quién es Salman Rushdie

♦ Nació en Bombay, India, en 1947.

♦ Es un escritor y ensayista británico-estadounidense de origen indio.

♦ Su segunda novela, Hijos de la medianoche, ganó el Premio Booker en 1981 y fue considerada «la mejor novela de todas las ganadoras» en dos ocasiones, con motivo del 25 y el 40 aniversario del premio.

♦ Recibió amenazas de muerte a causa de su cuarta novela, Los versos satánicos, incluida una fatwā que pedía su asesinato, emitida por el ayatolá Ruhollah Jomeiní, entonces líder supremo de Irán.

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Hoy 158 millones de brasileños eligen entre Bolsonaro y Lula: la elección más pareja de la historia

La definición llega después de una campaña atravesada por acusaciones cruzadas, debates intensos y diferencias sobre economía y seguridad

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Brasil vota este domingo 25 de octubre para elegir a su próximo presidente en un balotaje de resultado abierto entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Más de 158 millones de electores están habilitados para participar de una jornada que enfrenta al actual mandatario, del Partido de los Trabajadores (PT), con el senador del Partido Liberal (PL), hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Los últimos sondeos muestran una ventaja numérica estrecha del opositor, aunque dentro de sus márgenes de error.

Los centros de votación abrieron a las 8 y cerrarán a las 17, hora de Brasilia, que coincide con la hora de Argentina. La Justicia Electoral garantiza el derecho a sufragar a quienes se encuentren en la fila al llegar el horario de cierre. La difusión de los resultados comenzará a partir de las 17, a medida que se incorporen los datos de las urnas.

La definición llega después de una campaña atravesada por acusaciones cruzadas, debates intensos y diferencias sobre economía y seguridad. Con una distancia reducida entre los finalistas, el nivel de participación y la decisión de quienes eligieron otras candidaturas en la primera vuelta pueden resultar determinantes.

En la elección del 4 de octubre, Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos válidos, mientras que Lula alcanzó el 45,16%. La distancia fue de 1,87 puntos porcentuales, equivalente a unos 2,2 millones de sufragios. Como ninguno superó la mitad de los votos válidos, ambos pasaron a esta segunda vuelta.

Jornada electoral en Brasil, donde más de 158 millones de personas están habilitadas para votar
Más de 158 millones de brasileños están habilitados para participar de los comicios. Foto: Reuters/Alexandre Meneghini.

Las últimas encuestas ratificaron un escenario competitivo. El relevamiento de Datafolha difundido el sábado ubicó a Flávio Bolsonaro con 51% de los votos válidos y a Lula con 49%. El estudio entrevistó a 4.050 personas los días 23 y 24 de octubre y tiene un margen de error de dos puntos porcentuales, por lo que la diferencia configura un empate técnico.

Otros estudios publicados en la víspera también mostraron distancias pequeñas. Atlas/Bloomberg registró 50,8% para Flávio y 49,2% para Lula; CNT/MDA, 50,7% y 49,3%; y BTG/Nexus, 50,5% y 49,5%, respectivamente. Son estimaciones de intención de voto: no constituyen resultados de la elección ni permiten dar por definido al ganador.

Encuestas difundidas el 24 de octubre: porcentaje de votos válidos
Encuestadora Flávio Bolsonaro Lula da Silva Margen de error
Datafolha 51% 49% ±2 puntos
Atlas/Bloomberg 50,8% 49,2% ±1 punto
CNT/MDA 50,7% 49,3% ±2,2 puntos
BTG/Nexus 50,5% 49,5% ±2 puntos
Lula da Silva y Flávio Bolsonaro llegan a la segunda vuelta con diferencias estrechas en las encuestas
Los sondeos de la víspera muestran una disputa abierta entre los dos candidatos.

La abstención aparece entre las variables centrales de la jornada. En la primera vuelta no concurrieron a votar unos 33,46 millones de electores, el 21,08% del padrón. La capacidad de cada espacio para movilizar a sus simpatizantes cobra especial relevancia ante una diferencia tan ajustada.

Quienes faltaron a la primera vuelta pueden votar este domingo si mantienen regular su situación electoral, incluso si todavía no justificaron aquella ausencia. El Tribunal Superior Electoral considera cada turno como una instancia independiente. También podrán participar los ciudadanos que antes votaron en blanco, anularon el sufragio o respaldaron a candidatos que quedaron fuera de la competencia.

Lula, de 80 años, busca obtener un cuarto mandato presidencial. El dirigente del PT llega a la definición con el desafío de revertir la desventaja de la primera ronda. En la recta final, su campaña concentró esfuerzos en la movilización callejera y en convencer a los electores de sostener la continuidad de su gobierno.

Lula da Silva durante su actividad de campaña en Copacabana, Río de Janeiro
Lula participó de una movilización en Copacabana durante la última jornada de campaña. Foto: Reuters/Agustín Marcarian.

El sábado, el mandatario reunió a miles de seguidores en Copacabana, Río de Janeiro, donde expresó confianza en una victoria. “Vamos a ganar las elecciones”, afirmó. Durante esa actividad agradeció el trabajo de la militancia después de la primera vuelta y sostuvo que el cambio reclamado por parte de la sociedad debía representar una mejora y un avance.

Flávio Bolsonaro, por su parte, cerró su campaña con una caminata en Barra da Tijuca, también en Río de Janeiro. Previamente había participado de una movilización de motociclistas en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, uno de los distritos de mayor peso electoral del país.

Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal a la Presidencia de Brasil
Flávio Bolsonaro centró su mensaje final en la seguridad, los impuestos y las críticas a la gestión de Lula. Foto: Reuters/Raquel Cunha.

El candidato del PL aseguró que Brasil “se cansó de esperar” y presentó su propuesta como una alternativa de cambio. Entre sus promesas mencionó una política de seguridad más dura y recortes de impuestos, burocracia y gasto público. También cuestionó las obras inconclusas y la situación de la violencia, como parte de sus críticas al gobierno.

La segunda vuelta se resuelve con los votos válidos emitidos a favor de uno u otro candidato. Gana quien reúna la mayoría de esos sufragios, sin que se exija una diferencia mínima adicional. Los votos obtenidos el 4 de octubre no se acumulan con los de este domingo: la definición surge de una nueva votación.

Los votos en blanco y nulos no se asignan a ningún postulante y quedan fuera del cálculo que determina al vencedor. Tampoco provocan por sí solos la anulación de los comicios, aunque alcancen una proporción elevada. Además del presidente, los electores eligen al vicepresidente que integra su fórmula.

Elecciones presidenciales de Brasil: Lula y Flávio Bolsonaro disputan el balotaje
El resultado de la segunda vuelta definirá al próximo presidente brasileño. Foto: Reuters/Jean Carniel.

Para votar se debe presentar un documento oficial con fotografía o el e-Título cuando la aplicación incluya la foto del elector. No haber registrado datos biométricos no impide participar si la inscripción electoral está regular. La Justicia Electoral prohíbe ingresar a la cabina con celulares, cámaras u otros dispositivos que puedan comprometer el secreto del voto.

Desde las 17 de Argentina, la atención se concentrará en el escrutinio. Las primeras cifras serán parciales y podrán variar a medida que se incorporen urnas de distintas regiones. El avance oficial de la totalización podrá consultarse en el portal de resultados del Tribunal Superior Electoral de Brasil.

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Internacional

Malvinas: The Telegraph afirmó que Benjamín Netanyahu autorizó apoyo para la Argentina y Javier Milei lo festejó

Lo publicó el medio británico. Para el Gobierno es un apoyo internacional importante que nace de la diplomacia desplegada desde que asumió, con preponderancia a las relaciones con movimientos de derecha en diferentes países.

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En medio de las tensiones con Inglaterra por la soberanía de Malvinas, el gobierno argentino consiguió un apoyo internacional que considera clave. Según publicó este sábado el medio británico The Telegraph, el primer ministro Benjamin Netanyahu, ordenó apoyar la apertura de negociaciones directas con el Reino Unido. El presidente Javier Milei celebró la novedad en sus redes sociales con un posteo que dice «MAGA!», en referencia al movimiento internacional de derecha del que participan ambos mandatarios.

The Telegraph reveló este sábado que Netanyahu ordenó cambiar la postura oficial de Israel sobre la soberanía de las Islas Malvinas y acompañar el pedido de Argentina de abrir negociaciones directas con Inglaterra. No es un cambio radical, pero lo suficiente para presionar a Inglaterra, quien se niega a discutir el tema y se ampara en un referendum de los isleños en favor de pertenecer en el Reino Unido.

Milei lo celebró pero Israel lo negó

El presidente Javier Milei se hizo eco de la noticia y lo celebró en sus redes sociales. Compartió un posteo del medio israelí The Jerusalem Post con la palabra «MAGA!», en referencia a la frase que adaptó de su par estadounidense Donald Trump que significa «Make América Great Again».

Para el Gobierno significaría un apoyo importante y una reivindicación de su política diplomática, centrada en los vínculos con la derecha internacional, donde Trump y Netanyahu son figuras preponderantes y aliados de Milei.

A pesar del festejo de Milei, Israel salió a desmentir la noticia. El portavoz de la embajada de Israel en el Reino Unido, Alex Gandler, negó que Netanyahu hubiera dado alguna orden para modificar la postura de Israel. En X escribió que “No existe tal directiva”.

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Internacional

Tensión y cruces personales en el último debate presidencial en Brasil antes del balotaje

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro protagonizaron un áspero debate televisivo centrado en la economía, la seguridad y el modelo de Javier Milei. Los sondeos muestran un empate técnico de cara a la segunda vuelta.

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El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro se enfrentaron en el segundo debate televisivo de cara al balotaje del próximo domingo, en una campaña que llega a la votación con un empate en los sondeos. De acuerdo con una encuesta del instituto Datafolha publicada el jueves, ambos candidatos registran un 50 por ciento de intención de voto cada uno.

Durante el encuentro organizado por TV Globo en Río de Janeiro, los candidatos discutieron sobre infraestructura, gasto público, tasas de interés y seguridad, con un formato más ordenado que el del primer debate de la cadena Band. Sin embargo, el intercambio subió de tono con descalificaciones personales. Lula calificó a su adversario de «miliciano», mientras que el senador del Partido Liberal respondió con la expresión «nueve dedos», en alusión al accidente laboral en el que el mandatario perdió un dedo. Ante esto, el presidente replicó que no permitiría que un miliciano lo llamara de esa manera. Bolsonaro pidió disculpas pero redireccionó el cruce hacia la inseguridad ciudadana.

La discusión económica giró en torno al costo de vida, el endeudamiento de las familias y el salario mínimo. Flávio Bolsonaro cuestionó el aumento salarial y la carga impositiva, señalando que la política oficial «da con una mano y saca con nueve dedos», y acusó al oficialismo por el crecimiento del crimen organizado. Por su parte, Lula defendió la gestión de su administración, puso en duda el conocimiento que su rival tiene del país y lo acusó de estar cerca de Donald Trump durante la imposición de aranceles estadounidenses a productos brasileños.

El modelo económico del presidente argentino, Javier Milei, se convirtió en uno de los ejes centrales del enfrentamiento. Lula cuestionó que el opositor pretendiera aplicar un ajuste inspirado en la «motosierra» del mandatario argentino y le preguntó si el costo de esa política recaerá sobre los jubilados. En respuesta, el senador defendió al gobierno argentino, atribuyó el deterioro económico de ese país a dos décadas de administraciones de izquierda y prometió actualizar los beneficios previsionales por encima de la inflación.

En paralelo al debate político, la campaña estuvo marcada por tensiones judiciales en torno al uso de las redes sociales y la tecnología. El equipo de Lula acusó a Meta de interferencia y manipulación algorítmica a favor de Bolsonaro, lo que motivó que un tribunal electoral exigiera explicaciones a las plataformas Meta y X sobre la distribución de contenido y publicidad política. La empresa negó haber actuado para beneficiar a alguna de las partes, aunque reconoció fallas técnicas en la desactivación de algunos anuncios de campaña oficialistas.

En el plano logístico y de seguridad para los comicios del domingo, la Agencia estatal Brasil informó que las Fuerzas Armadas movilizarán a unos 25.000 efectivos para garantizar el desarrollo normal de la votación y el escrutinio en 306 municipios de 11 estados, además de brindar apoyo logístico en otras localidades de difícil acceso para el transporte de urnas electrónicas.

Asimismo, un informe del Movimiento Voto 70+ y el centro Data8, basado en datos del Tribunal Superior Electoral, destacó que la participación de votantes mayores de 70 años aumentó un 43 por ciento en la primera vuelta de 2026 en comparación con 2022, un sector que, según los impulsores de la iniciativa, podría resultar determinante en unos comicios tan ajustados.

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