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Internacional

Salman Rushdie: así empieza la novela por la que es perseguido a muerte desde 1989

Un nuevo intento de asesinato del escritor perseguido por extremistas islámicos reforzó el puesto de “Los versos satánicos” en el podio de los libros más polémicos de la historia. Leé un fragmento.

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Salman Rushdie: así empieza la novela por la que es perseguido a muerte desde 1989

Hay libros que, por su carácter controversial, disruptivo o contestatario, han pasado a la historia más por sus polémicas que por sus contenidos. No es necesario haber leído novelas como Lolita, El amante de Lady Chatterley o Matar a un ruiseñor para estar al tanto del revuelo que cada una ha generado al momento de su publicación, revuelo que, en muchos casos, permanece intacto varias décadas después.

Uno de los casos más destacados es el de Los versos satánicos, libro que volvió a estar en el ojo de la tormenta después del intento de asesinato que sufrió su autor, Salman Rushdie, mientras daba una conferencia en Nueva York el pasado 12 de agosto. Este ataque, sin embargo, lejos está de ser el primero que recibe el escritor británico-estadounidense de origen indio.

Publicado en 1988, Los versos satánicos desató una controversia mundial sin precedentes: en pocos meses fue víctima de censuras, prohibiciones, amenazas de bombas, manifestaciones, quemas de libros y atentados con decenas de víctimas fatales. Pero, lejos de amainar con el tiempo, su polémica solo creció.

Hadi Matar (24), acusado de apuñalar repetidas veces en el cuello a Rushdie (AP Photo/Gene J. Puskar).Hadi Matar (24), acusado de apuñalar repetidas veces en el cuello a Rushdie (AP Photo/Gene J. Puskar).

En 1989, el ayatolá Ruhollah Jomeiní, líder supremo de Irán, dio inicio a la fatwā contra Rushdie: una persecución a muerte al autor y a todos lo que estuvieran involucrados en la traducción, edición, distribución de su libro. “Comunico al orgulloso pueblo musulmán del mundo que el autor del libro Los versos satánicos —libro contra el islam, el Profeta y el Corán— y todos los que hayan participado en su publicación conociendo su contenido están condenados a muerte. Pido a todos los musulmanes que los ejecuten allí donde los encuentren”, expresó Jomeiní, según cuenta Rushdie en Joseph Anton, Memorias del tiempo de la fatua, libro en el que detalla con minucia esta polémica.

El autor, sin embargo, no esperaba que Los versos satánicos, su cuarta novela, tuviera esas repercusiones, dado que su contenido era menos controversial que el de sus libros anteriores: “ Era una exploración mucho más íntima, personal, un primer intento de crear una obra a partir de su propia experiencia de emigración y metamorfosis. Era el libro menos político de los tres. Y el material basado en el origen del Islam (…) mostraba esencialmente admiración por el Profeta del Islam e incluso respeto”, escribe en Joseph Anton, Memorias del tiempo de la fatua.

Por fortuna, este último intento de asesinato, en el que un joven de 24 años lo apuñaló repetidas veces en el cuello, no fue letal. Después de ser internado de urgencia con heridas graves, Rushdie recuperó el habla y ya respira por sus propios medios. Pasó el susto. La fatwā continúa.

Así empieza “Los versos satánicos”, de Salman Rushdie

«Para volver a nacer —cantaba Gibreel Farishta mientras caía de los cielos, dando tumbos— tienes que haber muerto. ¡Ay, sí! ¡Ay, sí! Para posarte en el seno de la tierra, tienes que haber volado. ¡Ta-taa! ¡Takachum! ¿Cómo volver a sonreír si antes no lloraste? ¿Cómo conquistar el amor de la adorada, alma cándida, sin un suspiro? Baba, si quieres volver a nacer…»

Amanecía apenas un día de invierno, por el Año Nuevo poco más o menos, cuando dos hombres vivos, reales y completamente desarrollados, caían desde gran altura, veintinueve mil dos pies, hacia el canal de la Mancha, desprovistos de paracaídas y de alas, bajo un cielo límpido.

«Yo te digo que debes morir, te digo, te digo…», y así una vez y otra, bajo una luna de alabastro, hasta que una voz estentórea rasgó la noche:

«¡Al diablo con tus canciones! —Las palabras pendían, cristalinas, en la noche blanca y helada—. En tus películas sólo movías los labios porque te doblaban, así que ahórrame ahora ese ruido infernal.»

Gibreel, el solista desafinado, hacía piruetas al claro de luna, mientras cantaba su espontáneo gazal, nadando en el aire, ora mariposa, ora braza, enroscándose, extendiendo brazos y piernas en el casi infinito del casi amanecer, adoptando actitudes heráldicas, ora rampante, ora yacente, oponiendo la ligereza a la gravedad. Rodó alegremente hacia la sardónica voz. «Hola, compañero, ¿eres tú? ¡Qué alegría! ¿Qué hay, mi buen Chamchito?» A lo que el otro, una sombra impecable que caía cabeza abajo en perfecta vertical, con su traje gris bien abrochado y los brazos pegados a los costados, tocado, como lo más natural del mundo, con extemporáneo bombín, hizo la mueca propia del enemigo de diminutivos. «¡Eh, paisano! —gritó Gibreel, provocando otra mueca invertida—. ¡Es el mismo Londres, chico! ¡Allá vamos! Esos cabritos de ahí abajo no sabrán lo que se les vino encima, si un meteoro, un rayo o la venganza de Dios. Llovidos del cielo, muñeca. ¡Puummmmba! Cras, ¿eh? ¡Qué entrada, Yyyaaa! Yo te digo… Flas.»

Llovidos del cielo: un big bang seguido de catarata de estrellas. Un principio de Universo, un eco en miniatura del nacimiento del tiempo… el jumbo Bostan, vuelo AI-420 de la Air India, estalló sin previo aviso a gran altura sobre la grande, putrefacta, hermosa, nivea y resplandeciente ciudad de Mahagonny, Babilonia, Alphaville. Claro que Gibreel ya ha pronunciado su nombre, de manera que yo no puedo interferir: el mismo Londres, capital de Vilayet, parpadeaba, centelleaba y se mecía en la noche. Mientras, a una altura de Himalaya, un sol fugaz y prematuro estallaba en el aire cristalino de enero, un punto desaparecía de las pantallas de radar y el aire transparente se llenaba de cuerpos que descendían del Everest de la catástrofe a la láctea palidez del mar.

¿Quién soy yo?

¿Quién más está ahí?

Este no es el primer ataque que recibe Rushdie de parte de extremistas islámicos. "Los versos satánicos" fue víctima de censuras, prohibiciones, amenazas de bomba y atentados con víctimas fatales. (AP Photo)Este no es el primer ataque que recibe Rushdie de parte de extremistas islámicos. «Los versos satánicos» fue víctima de censuras, prohibiciones, amenazas de bomba y atentados con víctimas fatales. (AP Photo)

El avión se partió por la mitad, como vaina que suelta las semillas, huevo que descubre su misterio. Dos actores, Gibreel, el de las piruetas, y el abotonado y circunspecto Mr. Saladin Chamcha, caían cual briznas de tabaco de un viejo cigarro roto. Encima, detrás, debajo de ellos, planeaban en el vacío butacas reclinables, auriculares estéreo, carritos de bebidas, recipientes de los efectos del malestar provocado por la locomoción, tarjetas de desembarque, juegos de vídeo libres de aduana, gorras con galones, vasos de papel, mantas, máscaras de oxígeno… Y también —porque a bordo del aparato viajaban no pocos emigrantes, sí, un número considerable de esposas que habían sido interrogadas, por razonables y concienzudos funcionarios, acerca de la longitud y marcas distintivas de los genitales del marido, y un regular contingente de niños sobre cuya legitimidad el Gobierno británico había manifestado sus siempre razonables dudas—, también, mezclados con los restos del avión, no menos fragmentados ni menos absurdos, flotaban los desechos del alma, recuerdos rotos, yoes arrinconados, lenguas maternas cercenadas, intimidades violadas, chistes intraducibies, futuros extinguidos, amores perdidos, significado olvidado de palabras huecas y altisonantes, tierra, entorno natural, casa.

Un poco aturdidos por el estallido, Gibreel y Saladin bajaban como fardos soltados por una cigüeña distraída de pico flojo, y Chamcha, que caía cabeza abajo, en la posición recomendada para el feto que va a entrar en el cuello del útero, empezó a sentir una sorda irritación ante la resistencia del otro a caer con normalidad. Saladin descendía en picado mientras que Farishta abrazaba el aire, asiéndolo con brazos y piernas, con los ademanes del actor amanerado que desconoce las técnicas de la sobriedad. Abajo, cubiertas de nubes, esperaban su entrada las corrientes lentas y glaciales de la Manga inglesa, la zona señalada para su reencarnación marina.

«Oh, mis zapatos son japoneses —cantaba Gibreel, traduciendo al inglés la letra de la vieja canción, en semiinconsciente deferencia hacia la nación anfitriona que se precipitaba a su encuentro—, el pantalón, inglés, pues no faltaba más. En la cabeza, un gorro ruso rojo; mas el corazón sigue siendo indio, a pesar de todo.» Las nubes hervían, espumeantes, cada vez más cerca, y quizá fuera por aquella gran fantasmagoría de cúmulos y cumulonimbos, con sus tormentosas cúspides enhiestas a la luz del amanecer, quizá fuera el dúo (cantando el uno y abucheando el otro) o quizás el delirio provocado por la explosión que les evitaba apercibirse de lo inminente…, lo cierto es que los dos hombres, Gibreelsaladin Farischtachamcha, condenados a esta angelicodemoníaca caída sin fin pero efímera, no se dieron cuenta del momento en que empezaba el proceso de su transmutación. ¿Mutación?

Sí, señor; pero no casual. Allá arriba, en el aire-espacio, en ese campo blando e intangible que el siglo ha hecho viable y que se ha convertido en uno de sus lugares definitorios, la zona de la movilidad y de la guerra, la que empequeñece el planeta, la del vacío de poder, la más insegura y transitoria, ilusoria, discontinua y metamórfica —porque, cuando lo arrojas todo al aire, puede ocurrir cualquier cosa—, allá arriba, decía, se operaron, en unos actores delirantes, cambios que habrían alegrado el corazón del viejo Mr. Lamarck: bajo extrema presión ambiental, se adquirieron determinadas características.

¿Qué características respectivamente? Calma, ¿se han creído que la Creación se produce a marchas forzadas? Bien, pues la revelación tampoco… Echen una mirada a la pareja. ¿Observan algo extraño? Sólo dos hombres morenos en caída libre; la cosa no tiene nada de particular, pensarán, treparon demasiado, se pasaron, volaron muy cerca del sol, ¿no es eso? No es eso. Presten atención.

Mr. Saladin Chamcha, consternado por los sonidos que manaban de la boca de Gibreel Farishta, contraatacó con sus propios versos. Lo que Farishta oyó tremolar en el fantasmagórico aire nocturno era también una vieja canción, letra de Mr. James Thomson, mil setecientos a mil setecientos cuarenta y ocho. «… por orden del cielo —entonaba Chamcha con unos labios que el frío ponía patrióticamente rojos, blancos y azules— surgió del aaaazul… —Farishta, consternado, se desgañitaba cantando a los zapatos japoneses, los gorros rusos y los corazones inviolablemente subcontinentales, pero no conseguía ahogar la atronadora voz de Saladin— … y los ángeles de la guaaaarda entonaban el estribillo.»

Desengañémonos, era imposible que se oyeran mutuamente, y no digamos que conversaran y compitieran en el canto de esta manera. Acelerando hacia el planeta, con la atmósfera silbando alrededor, ¿cómo habían de oírse? Pero, desengañémonos nuevamente, se oían.

Se precipitaban hacia abajo y el frío invernal que les escarchaba las pestañas y amenazaba con helarles el corazón estaba a punto de despertarles de su ensueño exaltado, ya iban a percatarse del milagro del canto, de la lluvia de extremidades y de niños de la que ellos formaban parte y del horrible destino que subía a su encuentro cuando, empapándose y congelándose instantáneamente, se sumergieron en la ebullición glacial de las nubes.

ARCHIVO - Salman Rushdie asiste a la 68a ceremonia y cena benéfica del Premio Nacional del Libro, el 15 de noviembre de 2017 en Nueva York. (Foto por Evan Agostini/Invision/AP, archivo)ARCHIVO – Salman Rushdie asiste a la 68a ceremonia y cena benéfica del Premio Nacional del Libro, el 15 de noviembre de 2017 en Nueva York. (Foto por Evan Agostini/Invision/AP, archivo)

Se hallaban en lo que parecía ser un largo túnel vertical. Chamcha, atildado, envarado y todavía cabeza abajo, vio cómo Gibreel Farishta, con su camisa sport color púrpura, nadaba hacia él por aquel embudo con paredes de nube, y quiso gritar: «No te acerques, aléjate de mí», pero algo se lo impidió, un agudo cosquilleo que se iniciaba en sus intestinos, de manera que, en lugar de proferir palabras hostiles, abrió los brazos y Farishta nadó hacia ellos y quedaron abrazados cabeza con pie, y la fuerza de la colisión les hizo voltear y caer haciendo molinetes por el agujero que conducía al País de las Maravillas. Mientras se abrían paso, surgieron de la blancura una sucesión de formas nebulosas, en metamorfosis incesante de dioses en toros, mujeres en arañas y hombres en lobos. Nubes-criaturas híbridas se precipitaban hacia ellos, flores gigantes con pechos humanos colgadas de tallos carnosos, gatos alados y centauros, y Chamcha, en su aturdimiento, tenía la impresión de que también él había adquirido calidad nebulosa y metamórfica, híbrida, como si estuviera convirtiéndose en la persona cuya cabeza estaba inserta entre sus piernas y cuyas piernas se enlazaban alrededor de su largo y estirado cuello.

Aquella persona, empero, no tenía tiempo para tales fantasías; es más, era incapaz de entregarse al más nimio fantaseo. Y es que acababa de ver emerger del remolino de las nubes la figura de una seductora mujer de cierta edad, con sari de brocado verde y oro, brillante en la nariz y moño alto bien defendido por la laca de los embates del viento de las alturas, que viajaba cómodamente sentada en alfombra voladora. «Rekha Merchant — saludó Gibreel—, ¿acaso no has podido encontrar el camino del cielo?»

¡Impertinentes palabras para ser dichas a una muerta! Pero, en descargo del osado, puede aducirse su condición traumatizada y vertiginosa… Chamcha, agarrado a sus piernas, profirió una interrogación de perplejidad: «¿Qué diablos?»

«¿Tú no la ves? —gritó Gibreel—. ¿No ves su recondenada alfombra de Bokhara?»

No, no, Gibbo, susurró en sus oídos la voz de la mujer; no esperes que él confirme. Yo soy única y estrictamente para tus ojos, excremento de cerdo, mi bien. Con la muerte llega la sinceridad, amor, y ahora puedo llamarte por tu nombre.

La nebulosa Rekha murmuraba agrias trivialidades, pero Gibreel gritó otra vez a Chamcha: «Compa, ¿la ves o no la ves?»

Saladin Chamcha no veía, ni oía, ni decía nada. Gibreel se encaró con ella solo. «No debiste hacerlo —la reprendió—. No, señora. Es un pecado. Una enormidad.»

Oh, y ahora me riñes, rió ella. Ahora tú eres el que se da aires de moralidad, qué risa. Tú me dejaste, le recordó su voz al oído, como si le mordisqueara el lóbulo de la oreja. Fuiste tú, luna de mis delicias, el que se escondió en una nube. Y yo me quedé a oscuras, ciega, perdida por amor.

Él empezaba a tener miedo. «¿Qué quieres? No; no me lo digas, sólo márchate.»

Cuando estuviste enfermo, yo no podía ir a verte, por el escándalo; tú sabías que no podía, que me mantenía apartada por tu bien, pero después me castigaste, lo utilizaste de pretexto para marcharte, de nube para esconderte. Eso, y también a ella, la mujer de los hielos. Canalla. Ahora que estoy muerta he olvidado cómo se perdona. Yo te maldigo, mi Gibreel, que tu vida sea un infierno. Un infierno, porque ahí me mandaste, maldito seas, y de ahí viniste, demonio, y ahí vas, imbécil, que te aproveche la jodida zambullida. La maldición de Rekha y, después, unos versos en una lengua que él no entendía, secos y sibilantes, en los que repetidamente creyó distinguir, o tal vez no, el nombre de Al-Lat.

Gibreel se apretó contra Chamcha y salieron de las nubes. La velocidad, la sensación de velocidad volvió, silbando su nota escalofriante. El techo de nubes voló hacia lo alto, el suelo de agua se acercó y ellos abrieron los ojos. Un grito, el mismo grito que aleteaba en su vientre cuando Gibreel nadaba por el cielo, escapó de labios de Chamcha; un rayo de sol taladró su boca abierta liberándolo. Pero Chamcha y Farishta, que habían caído a través de las transformaciones de las nubes, también tenían contorno vago y difuso, y cuando la luz del sol dio en Chamcha, liberó algo más que un grito.

«Vuela —gritó Chamcha a Gibreel—. Echa a volar, ya.» Y, sin saber la razón, agregó lada orden: «Y canta.»

¿Cómo llega al mundo lo nuevo? ¿Cómo nace?

¿De qué fusiones, transubstanciaciones y conjunciones se forma?

¿Cómo sobrevive, siendo como es tan extremo y peligroso? ¿Qué compromisos, qué pactos, qué traiciones a su íntima naturaleza tiene que hacer para contener a la panda de demoledores, al ángel exterminador, a la guillotina?

¿Es siempre caída el nacimiento?

¿Tienen alas los ángeles? ¿Vuelan los hombres?

Quién es Salman Rushdie

♦ Nació en Bombay, India, en 1947.

♦ Es un escritor y ensayista británico-estadounidense de origen indio.

♦ Su segunda novela, Hijos de la medianoche, ganó el Premio Booker en 1981 y fue considerada «la mejor novela de todas las ganadoras» en dos ocasiones, con motivo del 25 y el 40 aniversario del premio.

♦ Recibió amenazas de muerte a causa de su cuarta novela, Los versos satánicos, incluida una fatwā que pedía su asesinato, emitida por el ayatolá Ruhollah Jomeiní, entonces líder supremo de Irán.

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Internacional

Donald Trump aseguró que destruyó 158 barcos: «La armada iraní yace en el fondo del mar»

El presidente estadounidense confirmó la baja de más de 150 buques y advirtió que no habrá piedad para los sobrevivientes que intenten maniobras hostiles.

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que destruyó 158 buques iraníes y afirmó que “la Armada iraní yace en el fondo del mar”, al tiempo que advirtió que cualquier embarcación que desafíe el bloqueo naval será eliminada de manera inmediata.

La advertencia directa a Irán en medio del bloqueo

En el mismo mensaje, Trump lanzó una advertencia explícita a Irán sobre cualquier intento de desafiar la medida: “Si alguno de estos buques se acerca a nuestro BLOQUEO, será ELIMINADO inmediatamente, utilizando el mismo sistema de eliminación que empleamos contra los narcotraficantes en barcos en alta mar. Es rápido y brutal”, escribió.

El presidente dejó en claro que la estrategia estadounidense contempla una respuesta inmediata ante cualquier movimiento considerado hostil.

EEUU advierte sobre más ataques en el estrecho.

EEUU advierte sobre más ataques en el estrecho.

Referencia al combate contra el narcotráfico

En el cierre de su mensaje, Trump vinculó estas acciones con operativos previos realizados en el mar contra el narcotráfico: “P.D.: ¡El 98,2% de las drogas que ingresaban a Estados Unidos por mar o océano se han DETENIDO! Gracias por su atención a este asunto”, agregó.

Escalada de tensión en el conflicto

Las declaraciones del mandatario profundizan la escalada en el conflicto con Irán y elevan el nivel de confrontación en una región clave para el comercio energético global.

El anuncio de la destrucción de la flota iraní y las advertencias sobre el bloqueo naval refuerzan un escenario de alta tensión, con posibles consecuencias militares y económicas a nivel internacional.

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Internacional

«No tengo miedo a Trump, seguiré hablando contra la guerra», sostuvo el papa León XIV

“Demasiadas personas inocentes han sido asesinadas, y creo que alguien debe alzar la voz”, replica el Pontífice al mandatario de Estados Unidos.

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El ataque personal de Donald Trump al Papa, algo sin precedentes en la historia de los presidentes de Estados Unidos y del resto del mundo en general, ha tenido también una respuesta insólita. León XIV, que este lunes partía de viaje hacia Argelia y por tanto tenía previsto hablar con los periodistas que le acompañan en el avión, ha declarado ante las inevitables preguntas de la prensa: “No tengo miedo a la administración Trump (…) Seguiré hablando en voz alta contra la guerra”, según los medios italianos.

Robert Prevost, de nacionalidad estadounidense y también peruana, ha dicho sobre Trump que no desea “entrar en un debate con él”, pero que “el Evangelio es claro” y “la Iglesia tiene la obligación moral de ir contra la guerra”. Trump arremetió este domingo en las redes sociales contra el papa León XIV, afirmando que es “débil”, “nefasto” en política exterior y debería “dejar de complacer a la izquierda radical”.

Ante una embestida de este tipo, la respuesta ha llegado en cuestión de horas. Las palabras concretas del Papa este lunes, según la transcripción de los medios italianos, son las siguientes: “No, no tengo miedo de la administración Trump, ni a proclamar en voz alta el mensaje del Evangelio, que es para lo que creo que debo estar aquí, y por eso existe la Iglesia. No somos políticos, no vemos la política exterior desde la misma perspectiva, sino como constructores de paz. No creo que el mensaje del Evangelio deba ser tergiversado, como algunos están haciendo. Yo sigo hablando claro contra la guerra, tratando de promover la paz, el diálogo y el multilateralismo con los Estados para encontrar soluciones a los problemas. Demasiadas personas sufren hoy, demasiadas personas inocentes han sido asesinadas, y creo que alguien debe alzar la voz y decir que hay una mejor manera”. El Papa ha ido hablando por el pasillo del avión con los periodistas acreditados de varios países, a los que iba saludando, y por esa razón han ido trascendiendo a lo largo de la mañana distintas declaraciones sobre el mismo asunto.

De este modo se ha producido la colisión final, personal y directa entre el Papa y Trump, algo que se veía venir desde que León XIV, de forma sutil pero decidida, comenzó hace semanas a criticar tanto la guerra en Irán como la manipulación del mensaje cristiano desde la Casa Blanca. El trasfondo de este choque es profundo, pues el mundo de la ultraderecha estadounidense y global pretende distorsionar la fe religiosa en clave política a su favor. El propio Papa advirtió de ello a los obispos españoles el pasado mes de noviembre, tal como reveló EL PAÍS.

También la Iglesia católica de EE UU ha deslegitimado la guerra en Irán según el concepto cristiano de guerra justa, aclarando que esta no lo es, y justo el domingo, horas antes de los ataques de Trump al Papa, la cúpula episcopal volvió a repetirlo. De ahí la respuesta enfurecida del mandatario, que descargó en un texto muy largo meses de ira contenida: “El papa León es DÉBIL ante la delincuencia y nefasto en materia de política exterior”, escribió en redes sociales.

“No quiero un Papa que crea que esté bien que Irán tenga un arma nuclear. No quiero un Papa que crea que es terrible que América haya invadido Venezuela (…) No quiero un Papa que critique al presidente de los Estados Unidos, porque estoy haciendo exactamente aquello para lo que fui elegido POR UNA APLASTANTE MAYORÍA“, comentó Trump en su perfil de Truth. Luego, hablando con los periodistas, prosiguió: “No creo que esté haciendo un muy buen trabajo. No soy un gran admirador del papa León”.

Horas después el presidente estadounidense remató su ofensiva verbal con una imagen de inteligencia artificial en la que aparece él mismo como si fuera Jesucristo curando un enfermo. Durante los días del cónclave, hace ahora un año, Trump ya publicó una imagen en la que estaba vestido de papa.

Este domingo, en su diatriba contra Prevost, el líder republicano también ha llegado a decir: “León debería estarme agradecido porque, como todos saben, su nombramiento fue una increíble sorpresa. No figuraba en ninguna lista de papables y fue elegido únicamente por ser estadounidense, porque se creía que era la mejor manera de gestionar la relación con el presidente Donald J. Trump. Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano”.

De este modo el presidente de EE UU ha pasado otra línea roja que declara abierta oficialmente la hostilidad del mundo de la ultraderecha estadounidense contra el pontífice. Ha terminado el año de tregua desde que fue elegido León XIV, en mayo de 2025. En realidad, tras este paréntesis, se da seguimiento a la batalla que se desplegó durante años desde este ámbito contra el anterior papa, Francisco, que incluyó conspiraciones internas y financiación de movimientos reaccionarios dentro de la Iglesia católica. Sin embargo, el hecho de que Prevost sea estadounidense es una diferencia importante y habrá qué ver cuáles son las consecuencias en la sociedad norteamericana. Es previsible que a partir de ahora se aceleren la animadversión pública contra el Papa y las maniobras para desacreditarlo desde la esfera ultraconservadora.

Aunque León XIV ha mantenido un perfil muy prudente y dijo expresamente que no pensaba inmiscuirse en cuestiones de política interna, ha acabado chocando con Trump cuando ha decidido no callarse ante la guerra de Irán. Fue muy clara, por ejemplo, su reacción al ultimátum de la Casa Blanca con la amenaza de hacer desaparecer una civilización. Replicó que era “verdaderamente inaceptable”.

En el Vaticano, además, causa enorme preocupación la continua distorsión del mensaje cristiano desde la administración estadounidense, tanto en clave de épica bélica como nacionalista, como la imagen de varios predicadores en el Despacho Oval apoyando a Trump. “Dios no bendice ningún conflicto. Quien es discípulo de Cristo, príncipe de la paz, nunca está del lado de quien ayer empuñaba la espada y hoy lanza las bombas”, dijo el Papa la semana pasada, una más de muchas frases de este tipo en los últimos meses

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Donald Trump ordenó un bloqueo al estrecho de Ormuz

El presidente de Estados Unidos anunció que la marina estadounidense interceptará a todos los barcos que hayan pagado peaje a Irán en el estrecho de Ormuz.

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Las conversaciones entre Irán y Estados Unidos en Pakistán no lograron un acuerdo debido a las divergencias entre ambas partes en algunos puntos clave, y luego de ese encuentro el presidente Donald Trump anunció un bloqueo naval en el estrecho de Ormuz.

En su cuenta de Truth Social, Trump anunció que la marina estadounidense interceptará a todos los barcos que hayan pagado peaje a Irán en el estrecho de Ormuz.

A la vez, advirtió que cualquier embarcación iraní que dispare contra buques de su país o civiles “será enviado al infierno”.
“La Marina de los Estados Unidos, la mejor del mundo, comenzará de inmediato el proceso de bloquear cualquier barco que intente entrar o salir del estrecho de Ormuz”, subrayó el mandatario norteamericano.

Trump sostuvo también el cierre iraní de esa vía marítima de “extorsión mundial” y consideró que “los líderes de los países, especialmente de Estados Unidos, jamás serán extorsionados”.

La postura de Irán

El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, confirmó el fracaso de las negociaciones al hablar con la televisión estatal iraní IRIB al término de la maratónica ronda de conversaciones de paz entre las delegaciones de Irán y Estados Unidos en Islamabad, la capital paquistaní, que se extendió durante el fin de semana.

Baghaei afirmó que «esta ronda de negociaciones fue la más larga del último año, con una duración aproximada de 24 o 25 horas».
Subrayó que la diplomacia, un proceso continuo, es una herramienta para proteger los intereses nacionales. Indicó que las conversaciones se llevaron a cabo tras casi 40 días de combates, en un clima de sospecha y desconfianza.

“Por lo tanto, era natural que no se esperara que estas negociaciones llegaran a buen término en una sola reunión”, indicó, según reflejó la agencia Xinhua.
Describió los temas tratados como «complicados», y señaló que se añadieron a las negociaciones nuevos asuntos, como el estrecho de Ormuz, cada uno con sus propias complejidades. En una publicación en X de este domingo, Baghaei enumeró algunos de los principales temas de negociación, entre ellos «el estrecho de Ormuz, la cuestión nuclear, las reparaciones de guerra, el levantamiento de las sanciones y el fin definitivo de la guerra contra Irán y en la región».

Añadió que se intercambiaron numerosos mensajes y textos entre ambas partes, asegurando que «los negociadores iraníes están empleando todas sus capacidades, experiencia y conocimientos para salvaguardar los derechos e intereses de Irán».

El portavoz afirmó que Irán está decidido a utilizar todos los medios, incluida la diplomacia, para asegurar los intereses nacionales y proteger el bienestar del país. Subrayó que Irán no ha olvidado los «incumplimientos de promesas y actos maliciosos» de Estados Unidos y no perdonará los «crímenes atroces» cometidos por EE. UU. e Israel.
Aseguró que el éxito del renovado proceso diplomático depende de la «seriedad y buena fe de la otra parte», instando a EE. UU. a abstenerse de exigencias excesivas y peticiones ilegales, y a reconocer los derechos e intereses legítimos de Irán.

Las conversaciones entre las delegaciones iraní y estadounidense en Islamabad tuvieron como objetivo aliviar las tensiones en Oriente Medio tras el alto el fuego alcanzado la madrugada del miércoles entre Irán, Estados Unidos e Israel.

FUENTE: Noticias Argentinas

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