Las revistas lo muestran sonriente. Y su último tuit, el de la celebración del banderazo, puede dar la sensación de goce. Espejismos, tan solo. Mauricio Macri está demasiado preocupado por el frente judicial que podría involucrar a sus hijos como para caminar feliz por Europa. Es la principal preocupación que lo aflige desde que dejó el poder y forma parte de los circunloquios que exhibe en las conversaciones con sus principales aliados. “Quedate tranquilo, con los hijos no. Yo nunca me metí con Máximo ni con Florencia. No va a pasar nada”, buscó contenerlo Elisa Carrió, en una comunicación telefónica entre Exaltación de la Cruz y Zúrich. El ex presidente también tuvo largas charlas con Ernesto Sanz, que parece volver a escena, y con varios radicales con peso territorial, como Alfredo Cornejo y Gerardo Morales, con los que mantiene una relación traumática. “¿Por qué me quieren vetar?”, suele preguntar Macri. Las tensiones en la coalición opositora son permanentes.
Algo, sin embargo, pareció ceder en los últimos tiempos. Un silencioso y trabajoso pacto se puso en marcha entre los socios del PRO, la UCR y la Coalición Cívica. Buscan abordar con éxito un interrogante: cómo contrarrestar en el corto y mediano plazo la influencia cada vez mayor de Cristina Kirchner sobre los acontecimientos políticos.
La presunta teoría de la venganza, que comenzaron a instalar algunos protagonistas de Juntos por el Cambio -incluso antes de las elecciones del año pasado-, se expande ahora entre quienes creían o querían creer que Alberto Fernández se despegaría de su vicepresidenta. “El kirchnerismo está demostrando que es el mismo de siempre”, dice Martín Lousteau, uno de los integrantes del ala dialoguista, que no ha abandonado el intercambio de mensajes con el Presidente.
Gerardo Morales, el gobernador de Jujuy, habló con Mauricio Macri, pese a las diferencias.
Esa esperanza de ver un salto de calidad y de autonomía plena en la administración de Fernández se terminó de derrumbar hasta para quienes procuran la moderación y el buen trato con la Casa Rosada. Solo Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, que son casi un mismo sujeto político, no han hecho manifestaciones. El resto de la fuerza irrumpió en los medios. La reforma judicial -desde el jueves por la noche con la cláusula Parrilli-, la llamada Comisión Beraldi que podría dictaminar la ampliación de la Corte Suprema, la ofensiva contra el procurador y el intento de remoción de jueces resultó funcional para un discurso único. Ese cóctel, sumado al grito de un sector de la sociedad que en la marcha del lunes reclamó un liderazgo firme frente al Gobierno, abrió un impasse en las diferencias.
Hay varias ideas sobre las que encuentran consenso. Dos son consideradas vitales. La defensa de la Constitución, para la que estudian distintos tipos de acciones, y otra que no admitirán en radios ni TV, pero sobre la que aceleran en privado: un frente electoral único, sin internas y lo más potente posible (“con todos en la cancha”, coinciden, aunque no se hablan ni se quieren, Carrió y Sanz), para las elecciones legislativas del año próximo.
El eje casi excluyente estará puesto en la provincia de Buenos Aires, que otra vez asoma como la madre de todas las batallas. Nadie duda de que la lapicera para conformar las listas K estará en manos de Cristina y que una victoria en el distrito más importante del país del Frente de Todos dejaría al cristinismo a tiro de tentaciones extremas, inclusive antes de ponerse a pensar si Alberto irá por la reelección o si en 2023 será el turno de Máximo Kirchner o de Axel Kicillof.
El rompecabezas de Juntos por el Cambio se arma con voluntad y tedio. Hay cortocircuitos sobre la estrategia y peleas de cartel, aunque no es menos cierto que, a un año de una derrota durísima en las urnas, nadie ha saltado ni fantaseado con armar un partido propio. El PRO trasunta sus días fraccionado entre el ala intransigente que comanda Patricia Bullrich, la líder partidaria, y el sector que encabeza Rodríguez Larreta. Carrió busca mediar. Considera que el camino debe ser “el centro” y que el alcalde tiene responsabilidades sensibles de gestión, como salir airoso de la pandemia. “Si nos radicalizamos perdemos”, es su nuevo lema. Quién la ha visto y quién la ve.
Ernesto Sanz reapareció en los Zoom y generó revuelo en la UCR.
Rodríguez Larreta le agradeció su respaldo ayer, en forma inusual, por Twitter. Quería que se supiera. ¿Un mensaje para los fanáticos M? Bullrich no comparte el planteo. Tampoco Macri. Ni los legisladores más vehementes que han vuelto a asociar al kirchnerismo con Venezuela. Esas tres patas del PRO piensan que la sociedad reclama posiciones duras e inflexibles frente “a los atropellos” y que ese fue el mensaje que bajó del banderazo.
El radicalismo tiene su propio laberinto. Muchos asocian la reaparición de Sanz a la elección interna de la UCR en la provincia de Buenos Aires, que se hará el 11 de octubre. En el macrismo no pueden creer que sus socios le otorguen tanta trascendencia, frente a los riesgos que, suponen, enfrenta la Argentina. Quizá porque nunca terminaron de entender los procesos internos de sus socios. O porque jamás pisaron un Comité de la UCR.
Sanz y Cornejo, el presidente del partido, trabajan tiempo extra para reforzar la candidatura a la conducción del radicalismo en tierra bonaerense del diputado provincial Maximiliano Abad. Sanz avisó con algarabía en una reunión por Zoom que convenció a Vidal para que haga una declaración en su favor. El rival de Abad será Gustavo Posse, el intendente de San Isidro, que cuenta con el respaldo de Lousteau, de viejos caciques como Federico Storani y Juan Manuel Casella y recibe guiños del peronista Emilio Monzó, que tiene viejos rencores con Vidal y a la vez es leal a Larreta. La mesa está servida. La disputa radical tendrá implicancia nacional para el futuro armado de Juntos por el Cambio.
Los liderazgos provocan una constante deliberación. No existe uno determinado, son varios y todos juegan. Macri no tiene claro si será candidato, pero ya le advirtieron que si se quiere defender de las causas que podrían avanzar contra él y su familia “en este país no alcanza con buenos abogados y una buena estrategia judicial”. El ingeniero está en una disyuntiva. No solo quiere que lo apoyen en los embates que podría sufrir de la Justicia. Quiere, y a veces hasta implora, una reivindicación de su gestión.
Macri se sube al desastre económico que impera hoy para decir que él no estaba tan equivocado en el camino. Los radicales no están dispuestos, ni por asomo, a defender semejante cosa. Tampoco la Coalición Cívica. Los números son los números. No se necesita un análisis demasiado sofisticado. Macri heredó una inflación y una pobreza altísima de Cristina. Se fue con indicadores aún peores. Con agravantes: la caída del consumo, varias devaluaciones, cepo al dólar y un serio compromiso con el FMI.
Larreta pretendería no mirar más para atrás y dar vuelta la página. Ensayar una nueva etapa, con todos adentro, desde luego. Construye su imagen con paciencia oriental y repara en los detalles. Un funcionario de la Ciudad sondeó en los últimos días a diferentes integrantes del Círculo Rojo -se desconoce si fue con o sin el aval del jefe de Gobierno- sobre su papel en las conferencias con Alberto y Kicillof. “¿Vos creés que queda demasiado condescendiente?”, fue la pregunta. Cuando el interlocutor era de confianza, la palabra condescendiente se cambiaba por otra. Una palabra que queda elegante en las columnas de Borensztein.
Se agudizan los cortocircuitos entre Karina Milei y Patricia Bullrich
Para la Casa Rosada la jugada de Bullrich fue un cachetazo, que se sintió más fuerte porque, horas antes, la senadora había faltado a la serie de reuniones que había organizado Karina Milei, en tres tandas, con los senadores de La Libertad Avanza.
Una serie de marchas y contramarchas en torno a la visita de Manuel Adorni al Senado expusieron ayer, nuevamente, la interna latente entre Karina Milei y Patricia Bullrich por el caso del jefe de Gabinete, y desembocaron en contradicciones en la vapuleada comunicación del Gobierno.
Experta en los tiempos de la comunicación política, Patricia Bullrich le marcó la agenda una vez más a Karina Milei ayer y no le dio espacio para comunicar oficialmente que el jefe de Gabinete no asistiría al Senado para dar su informe de gestión.
Es que en la Casa Rosada sopesaban que el ministro suspendiera la presentación ante la Cámara Alta que había programado para el 2 de julio. Pero las versiones de que finalmente no iría, en lugar de salir oficialmente de la sede del Gobierno, se iniciaron cerca de Bullrich. Donde, con poca sutileza, por lo bajo, dejaron entrever que había sido ella quien había instado al sospechado jefe de Gabinete a ausentarse. “Nadie, ningún senador quiere que venga”, deslizaron.
Para la Casa Rosada la jugada de Bullrich fue un cachetazo, que se sintió más fuerte porque, horas antes, la senadora había faltado a la serie de reuniones que había organizado Karina Milei, en tres tandas, con los senadores de La Libertad Avanza. Justamente, para pedirles mayor compromiso en la defensa de Adorni. Bullrich quería evitar el “show” que había montado la hermana del Presidente, según dijeron en su círculo. “Ya tiene bastantes problemas como para sumar eso”, agregaron.
En los últimos días, la Casa Rosada atribuyó a un problema de comunicación los avatares de la gestión del último tiempo. Por eso planteó cambios en el equipo: le quitó a Adorni las -intermitentes- conferencias de prensa para dárselas a un nuevo vocero, Adrián Ravier. Y dejó en manos de otro funcionario, Fabián Fernández, el contacto directo con la prensa, previo desplazamiento de Javier Lanari, el ex número dos de Adorni.
Así, en Balcarce 50 admitieron fallas en la comunicación, pero no un problema estructural, de liderazgo y relaciones en la cúpula del Gobierno. En cambio, la estrategia del Gobierno sigue siendo el disimulo. Por caso, anoche el Presidente se enfocó en resaltar una mejora en el equipo de comunicación con la designación de Ravier, que proviene de esas filas. Y Adorni, lejos de reprocharle algo a Patricia, se limitó a aclarar poco después de que surgieran los “rumores” de su ausencia, por X, que está a disposición del Senado.
Aunque poco después, en su círculo aclararon: “Excepto que el Senado así no lo requiera”. Es probable que no asista.
De todas formas, aunque están apurados por mejorar el aspecto comunicacional, los Milei aún no pueden poner en funciones aún al nuevo vocero Adrián Ravier. Es que la manta está muy corta para el oficialismo en el Congreso, donde lo necesitan en su actual rol como diputado nacional para que apoye el Super Rigi en la sesión de hoy. De hecho, hay un fuerte secretismo en el Gobierno sobre el momento en el que el pampeano renunciará a su banca para asumir como Secretario de Comunicación. También el organigrama es un misterio. “No estamos habilitados para hablar de eso”, dijeron en Balcarce 50. Por lo pronto, no está claro cuándo asume formalmente, y algunos hablan de la semana que viene. Esto a pesar de que hasta el sábado pasado el plan parecía ser que se hiciera cargo el mismo lunes.
Hay apuro, también, por que entre a la cancha Fabián Fernández, el otro secretario del área comunicacional, que responde a Santiago Caputo y tendrá un rol de contacto directo con la prensa pero no tanto de exposición pública. La demora es por un tema de “compliance” (el término en inglés para el cumplimiento normativo y de los procedimientos) en YPF, donde trabaja actualmente como vocero de Horacio Marín. Tanto Ravier como Fernández tuvieron dos largas reuniones con Karina Milei y con Caputo, por separado.
Milei, al tanto pero alejado de los avatares de estas discusiones, se refugió anoche al calor de la militancia, en la Fundación Faro. Y desde ayer empezó a enfocarse a pleno en el plano internacional. En la previa de su viaje a Europa, le dio una entrevista en la Casa Rosada al periodista cubano Ismael Cala, ex conductor de CNN. Y hoy parte rumbo a Madrid. Luego visitará Asunción, para participar de la cumbe del Mercosur. Y para el inicio de julio pisará Nueva York para participar de los festejos del Día de la Independencia con Trump. / Infobae
Jésica Cirio entregó su celular y fijó domicilio tras la medida dictada por el juez Luis Armella en la causa en la que se investiga por presunto enriquecimiento ilícito de su ex esposo Martín Insaurralde, según confirmó Claudio Caffarello, abogado de Cirio, quien hizo entrega del dispositivo y de las claves ante Gendarmería.
Ayer el magistrado ordenó que Cirio entregue su celular en un plazo de 24 horas con el objetivo de peritarlo y comprobar si allí están los videos que se viralizaron en los últimos días.
En ellos se observa a la mediática grabándose en el vestidor que compartía con Insaurralde en el country de San Vicente y registrando los diversos fajos de dólares escondidos en cajoneras, bolsas y valijas.
Tras el conocimiento de los archivos, Armella ordenó allanamientos el domingo 21 de junio en los domicilios de Cirio, donde no se la encontró, y de Elías Piccirillo, su ex esposo. En esta ocasión el acusado en otras dos causas mostró su celular y permitió su peritaje, el cual dio resultado negativo.
En un comunicado, la conductora había manifestado que el acceso a las grabaciones difundidas «han sido el producto de maniobras ilícitas”.
A su vez, en el mismo escrito, sostuvo: “Evidentemente, se produjo una vulneración sin mi consentimiento a mis distintos soportes de archivos audiovisuales. Mediante esa vía, se me ha intentado extorsionar desde hace más de un año, inclusive con anuncios de difusión de imágenes de contenido íntimo y privado”.
De este modo, y ante el conocimiento de que terceros tenían los videos, hizo la denuncia correspondiente.
El gobernador Osvaldo Jaldo participó este martes de una reunión en el ministerio de Economía de la Nación junto a los gobernadores de Catamarca, Raúl Jalil, y Salta, Gustavo Sáenz, donde fueron recibidos por el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo y el ministro del Interior de la Nación, Diego Santilli.
La reunión tuvo como eje principal el análisis de las necesidades financieras y de infraestructura de las provincias.
«Fue una reunión de trabajo en la que abordamos temas vinculados a las finanzas de la provincia y al estado de las obras públicas que Tucumán tiene en ejecución», expresó Jaldo al salir del encuentro.
La participación de Santilli y Caputo otorgó un carácter relevante al encuentro. El ministro del Interior tiene a su cargo la relación institucional con las provincias y la articulación de acuerdos políticos, mientras que el titular del Palacio de Hacienda administra los recursos nacionales y define las transferencias financieras solicitadas por las jurisdicciones.
Los mandatarios provinciales llegaron con una agenda concreta orientada a gestionar fondos para infraestructura, reclamar por recursos coparticipables y analizar mecanismos que permitan sostener proyectos de inversión pública considerados prioritarios para sus distritos.
El encuentro se inscribió en la continuidad del diálogo institucional entre Nación y las provincias, con el objetivo de abordar necesidades de financiamiento y coordinar acciones que contribuyan al desarrollo de la región del Norte Grande.