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Policiales

El acusado de matar a la mujer embarazada pidió perdón

Cayetano Valenzuela dijo que temió por su vida pero no negó ser el autor de los disparos. Anoche quemaron la casa de un hermano de Valenzuela.

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https://www.losprimeros.tv/nota/policiales/252056/video-quemaron-casa-hermano-asesino-san-cayetano.html

«Yo pido perdón a la familia pero temía por mi vida», repitió tres veces Cayetano Valenzuela ante la jueza. El acusado de matar a tiros a Elisa Robles y a su bebé declaró esta noche en la audiencia de formalización de cargos y no negó ser el autor de los disparos.

Valenzuela está acusado de haber ultimado a balazos a Elisa y de haber herido con la misma arma de fuego a dos de sus hermanas, Rita (ya recibió el alta) y Ana (en grave estado), además de al padre de las tres mujeres, Raul Robles. La imputación es doble homicidio, por la muerte de Elisa y la de su bebé, que nació por una cesárea y murió dos horas después.

Esta noche, a las 20, comenzó la audiencia de formalización de cargos, ante la jueza Fanny Siriani. Valenzuela accedió a declarar pero no a responder preguntas.

El relato del imputado coincide en varios puntos con el de los testigos: aseguró que llegó a su casa y le hizo señas al marido de la víctima para que baje el volumen de la música. Entonces, señaló, comenzó una discusión y luego una pelea. Según Valenzuela, él no estaba armado pero sí lo estaban los Robles. Indicó que, en medio de la trifulca, él logró arrebatarles el arma.

«Yo le quito la pistola y la remonto, pero los disparos no fueron intencionales», dijo, y comenzó a llorar. Insistió en que tenía miedo por su vida ya que su esposa e hijos estaban en el lugar. Señaló que su familia, al oír los disparos, huyó del lugar, dejándolo solo.

Valenzuela señaló que luego del hecho no tuvo la intención de escapar, sino de ir a buscar a la policía porque él también había recibido algunos golpes. En ese momento, se sacó la remera y mostró en la videoconferencia algunos moretones en los brazos y la espalda.

«Yo leo la palabra de Dios, leo el evangelio», señaló entre lágrimas y resaltó que era amigo de las víctimas, aunque las definió como «mujeres agresivas».

Valenzuela pidió perdón en tres oportunidades a la familia durante su declaración, siempre aclarando que lo ocurrido fue porque él temía por su vida.

La jueza deberá determinar, en los próximos minutos, si se formaliza la imputación por doble homicidio más homicidio en grado de tentativa contra los tres heridos. También definirá, en la misma audiencia, si le corresponde prisión preventiva.

Saquearon e incendiaron la casa de uno de los hermanos de Valenzuela

La vivienda de un hermano del sujeto que acabó con la vida de una mujer embarazada el primer día del año, sufrió el incendio intencional de su casa, ubicada cerca del lugar donde se produjo el brutal crimen.

Según reportaron los vecinos de la zona, un grupo de personas, en su mayoría familiares de Elisa Robles, la joven que falleció al igual que su bebé nacido por cesárea tras el ataque, se reunieron en torno a la casa del hermano de Cayetano Valenzuela, alias «Tano».

Los deudos, furiosos por el brutal desenlace que tuvo una discusión por el volumen de la música, que dejó heridas a dos hermanas de la víctima fatal, no dudaron en avanzar sobre el inmueble, prendiéndole fuego.

Las llamas iluminaron otra noche de violencia en la turbulenta barriada y fueron captadas en el video que se puede ver bajo estas líneas.

Si bien aún no se conocen detalles de las pericias en la casa, por el momento no se reportron víctimas como consecuencia del fuego, que dañó seriamente la propiedad. /LP/

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Policiales

Un médico fue procesado por facturar falsas prestaciones al Subsidio de Salud

La investigación, impulsada por la Unidad Fiscal de Usurpaciones, Estafas y Cibercriminalidad I, apunta a un profesional prestador acusado de facturar órdenes de consulta que, según afiliados relevados, no habrían sido realizadas.

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Representantes del Instituto de Previsión y Seguridad Social de Tucumán (IPSST) participó en una audiencia judicial desarrollada en el marco de una investigación llevada adelante por la Unidad Fiscal de Usurpaciones, Estafas y Cibercriminalidad I.

Durante la jornada se formalizó la investigación y la formulación de cargos contra un profesional médico prestador, a partir de presuntas irregularidades detectadas en la facturación de órdenes de consulta.

La causa se originó tras advertirse consumos asociados a prestaciones que, conforme a lo manifestado por afiliados consultados, no habrían sido efectivamente realizadas. Este tipo de hechos representa un delito y ocasiona un perjuicio para la Obra Social, afectando directamente a los beneficiarios.

En este sentido, la institución reafirma su compromiso con la transparencia, el control y el resguardo de los recursos destinados a la atención de sus afiliados, colaborando activamente con las autoridades competentes en el esclarecimiento de los hechos investigados.

Finalmente, el IPSST reitera la importancia de que los afiliados controlen periódicamente los consumos y prestaciones registradas. Del mismo modo, se solicita que toda irregularidad detectada sea denunciada a través de los canales oficiales de la institución, para su correspondiente evaluación y seguimiento.

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Policiales

Enjuiciarán a los cuatro policías que en 2024 secuestraron a un joven dedicado a la venta de marihuana

El testimonio de un policía que estaba de guardia el día que llevaron al joven a esta dependencia policial resultó determinante para avanzar con la causa en el fuero federal.

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Cuatro efectivos policiales que fueron apartados de la fuerza serán llevados a juicio oral acusados de haber secuestrado y extorsionado a un joven vinculado presuntamente a la venta de marihuana en Tucumán. La investigación sostiene que los imputados privaron ilegalmente de la libertad a la víctima, la golpearon y exigieron dinero a su familia para liberarla.

El hecho, según la acusación fiscal, ocurrió el 23 de febrero de 2024, cuando los agentes Ángel Sebastián GómezSergio Daniel Díaz y Franco Javier Jiménez, junto al civil Facundo Nahuel Amaya —quien tendrá un proceso separado tras haber permanecido prófugo durante varios meses— actuaron presuntamente bajo las órdenes del comisario Gustavo Ezequiel Morales.

De acuerdo con la reconstrucción judicial, el grupo se presentó en un barrio privado ubicado sobre avenida Silvano Bores al 300 y se llevó por la fuerza a L.G., un joven señalado como presunto vendedor de marihuana.
La víctima fue obligada a subir a un Renault Megane perteneciente al policía Díaz y trasladada hasta la oficina de la Jefatura de Zona III, ubicada en el sur de la capital tucumana.
Durante el trayecto, según consta en el expediente, el joven recibió golpes en distintas partes del cuerpo. Las agresiones habrían continuado una vez dentro de la dependencia policial.
La investigación sostiene además que Amaya se dirigió posteriormente al barrio donde residía el secuestrado y consiguió que un familiar le facilitara un número telefónico para iniciar negociaciones por la liberación.
Según la acusación, los imputados se comunicaron con la madre de la víctima, identificada como S.F.O., y le exigieron dinero para dejar en libertad a su hijo.
Los acusados habrían advertido que contaban con supuestas pruebas para vincular al joven con delitos relacionados con el narcotráfico y le insinuaron a la mujer que, si pagaba, el muchacho sería liberado y no volvería a tener problemas judiciales.
La madre finalmente entregó $ 240.000 a los imputados.
Tras la denuncia de las víctimas, el fiscal federal Agustín Chit inició una investigación que reunió una serie de pruebas consideradas clave para reconstruir el caso.
Entre los elementos incorporados al expediente, el fiscal sostuvo que los policías habrían pactado previamente a través de Telegram una supuesta compra de marihuana y que, cuando acudieron al encuentro, concretaron el secuestro del joven.
La pesquisa también determinó que los efectivos se presentaron en el domicilio de la víctima sin orden judicial y que no existía ninguna causa abierta en su contra.
Uno de los testimonios considerados centrales fue el del guardia de la dependencia policial, quien confirmó que los acusados estuvieron esa noche con el joven dentro de la base.
El empleado policial aclaró además que la Jefatura de Zona III no estaba habilitada para alojar detenidos, por lo que resultaba imposible justificar legalmente la presencia del muchacho en el lugar.
Según su declaración, los imputados Díaz y Gómez ya habían llevado anteriormente a otras personas a esa dependencia bajo el argumento de realizar tareas de “identificación”.
La investigación también reveló que nunca se registró oficialmente el ingreso del secuestrado en los libros de la dependencia.
Al analizar los teléfonos celulares de los acusados, el fiscal descubrió además la existencia de un grupo de WhatsApp creado el mismo día del hecho.
De acuerdo con la acusación, en esos mensajes Díaz y Gómez hablaban de realizar “un trabajo de merca” y mencionaban la incorporación de Jiménez al operativo.
En otros intercambios, los implicados presuntamente reclamaban “apurar a la vieja” para que pagara el rescate exigido.
Para el fiscal, uno de los datos más comprometedores surgió de mensajes en los que los acusados habrían pedido autorización al comisario Morales para trasladar al joven hasta la dependencia policial que él dirigía.
Durante el proceso, Díaz, Gómez y Jiménez rechazaron las acusaciones y aseguraron que participaron de un operativo legítimo vinculado a una investigación por estupefacientes.
Sin embargo, Chit consideró que esa versión resultaba incompatible con las pruebas reunidas en el expediente.
“No obstante, dicha reconstrucción resulta incompatible con los elementos probatorios incorporados a la causa, los cuales permiten descartar que se haya tratado de un procedimiento legítimo”, sostuvo el fiscal en el requerimiento de elevación a juicio.
En cuanto al comisario Morales, el funcionario negó haber impartido órdenes y afirmó desconocer las acciones desplegadas por los otros acusados.
El fiscal, sin embargo, consideró “inverosímil” esa explicación al remarcar que los hechos ocurrieron íntegramente dentro de una dependencia bajo su jefatura y que existían comunicaciones telefónicas y mensajes previos y posteriores al episodio.
Las defensas de los imputados intentaron impedir que el caso llegara a juicio oral mediante distintos planteos procesales, aunque todos fueron rechazados por el juez federal Guillermo Díaz Martínez.
Finalmente, el magistrado resolvió enviar a juicio a Díaz, Gómez y Jiménez por el delito de secuestro extorsivo agravado por la participación de tres o más personas, por el cobro del rescate y por tratarse de funcionarios policiales.
En el caso de Morales, quedó imputado por el mismo delito en carácter de partícipe.
Además, el juez habilitó a la víctima y a su madre a iniciar una demanda civil contra el Estado por daños y perjuicios derivados del episodio.

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Policiales

Rescataron a a nueve hermanos abusados, desnutridos y torturados por su propia familia

Los aberrantes hechos ocurrieron en Santiago del Estero. Los delitos incluyen acceso carnal, agresiones físicas y explotación. Entre las víctimas hay personas con discapacidad y menores con bajo peso. La Justicia detuvo a tres sospechosos tras un dramático megaoperativo.

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Cuando los policías ingresaron a la vivienda, el panorama fue devastador. Hallaron a una persona con discapacidad atada a una cama, revelando el calvario de una familia donde nueve de trece hermanos vivían en condiciones deplorables. Las autoridades confirmaron que las víctimas sufrieron abuso sexual, severa desnutrición, hacinamiento y extrema violencia física.

 

 

El tétrico escenario fue descubierto durante una serie de allanamientos ordenados por el juez de Control y Garantías, Sergio Guillet. El operativo policial se llevó a cabo en una precaria vivienda del paraje El Cruce, en el departamento Figueroa, y culminó con la detención de tres personas: una pareja y uno de sus yernos.

 

 

El rescate fue comandado por las fiscales Yésica Lucas y Vanina Aguilera, con la ejecución directa de la División Trata de Personas de la Policía provincial, en conjunto con la Dirección de la Niñez, Adolescencia y Familia (Dinaf) y la Secretaría de Trabajo.

Una denuncia que rompió el pacto de silencio

La investigación comenzó en abril gracias a la alerta de organizaciones civiles como Caring For Children y Madres Víctimas de Trata. Aunque las rarezas de la familia eran un secreto a voces entre los vecinos, el hermetismo y el miedo al clásico «no te metás» mantenían la impunidad. Durante el procedimiento, los funcionarios rescataron a menores que pesaban apenas 30 kilos, dejando en evidencia un estado de vulnerabilidad extrema.

La Fiscalía formuló cargos gravísimos, que incluyen corrupción de menores, abandono de persona y lesiones agravadas por el vínculo. Según los primeros testimonios recabados, las jóvenes de la familia eran entregadas a terceros a cambio de dinero o bebidas alcohólicas. Además, un sistema de terror intrafamiliar garantizaba el silencio absoluto de los menores, quienes vivían tan sometidos que debían pedir permiso con la mirada a los adultos antes de atreverse a responder una pregunta de los oficiales.

El calvario de las víctimas y las condiciones del encierro

Las edades y condiciones de los nueve hermanos rescatados reflejan la magnitud de este oscuro drama familiar. Entre ellos se encuentran tres adultos jóvenes de entre 25 y 28 años con discapacidades motrices y mentales. El ensañamiento era tal que uno de ellos, de 26 años, que padece ceguera y retraso madurativo, recibía feroces golpizas en todo el cuerpo. Los agresores, incluso, llegaron a grabar las humillaciones con sus teléfonos celulares por diversión.

El nivel de perversidad de los captores también se reflejaba en los detalles de la vivienda. Mientras los menores dormían en camas «peladas», soportando el frío con apenas una sábana y tras haber sido obligados a abandonar la escuela, los efectivos descubrieron una habitación cerrada con candado que guardaba en su interior colchones completamente nuevos sin estrenar.

Desde el momento del rescate, un equipo interdisciplinario compuesto por médicos, psicólogos, psiquiatras y asistentes sociales asiste a todos los hermanos, de los cuales dos debieron ser internados. La Justicia ya puso en marcha los mecanismos de contención para intentar reparar años de tormento, mientras avanza con todo el peso de la ley contra los detenidos.

(Fuente: El Liberal)

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