San Martín sumó su segundo triunfo consecutivo en el torneo tras derrotar a Deportivo Maipú como visitante. Gonzalo Bettini vio la roja en el «Santo».
San Martín sumó su segundo triunfo consecutivo en el torneo tras derrotar a Deportivo Maipú como visitante. Gonzalo Bettini vio la roja en el «Santo».
El equipo conducido por Diego Flores sigue de racha en el torneo ya que sumo su segunda victoria en igual cantidad de presentaciones. El elenco tucumano manejó la pelota en la primera parte y manejó los hilos del encuentro gracias al aporte de Juan Cuevas. Nahuel Banegas tuvo la más clara de la etapa inicial con una buena acción personal que concluyó con un remate dentro del área que se estrelló en el travesaño.
Con eso, San Martín avisó que estaba cerca de poder llegar al tanto en la tarde mendocina. Tal es así, que el ex Central Córdoba inició el ataque por su sector y metió un gran centro para que Iván Molinas solo deba empujarla para poner el 1-0 a favor de la visita.
El complemento dejó a un «Santo» que comenzó a replegarse atrás con el correr de los minutos y le tomó el gustito al 1-0. Los de Sambueza tuvieron el control del juego pero no pudieron romper el cerco defensivo para buscar la igualdad. El panorama para la visita se puso complicado con la lesión de Ferracutti (había ingresado minutos antes) y la roja para Gonzalo Bettini.
Los de Ciudadela se replegaron y con uno menos en cancha apostaron por alguna contra. Junior Arias tuvo en dos oportunidades en la misma jugada bajar el telón pero Rehak se lo impidió. Maipú fue como una tromba por la igualdad y Fedele en una réplica furiosa puso el 2-0 cuando se moría el partido.
San Martín se quedó con el triunfo y es líder de su zona junto a Chacarita. El camino es largo pero el «Santo» ya metió dos plenos y en silencio quiere pelear el ascenso.
Hazaña guaraní: Paraguay eliminó a Alemania por penales y jugará los octavos de final
En Boston, la Albirroja igualó 1-1 con los teutones en los 120 minutos y se impuso por 4-3 por penales en los 16vos del Mundial 2026. Jugará ante Francia o Suecia en la próxima ronda.
Es la mayor victoria en la historia del fútbol paraguayo. No hay exageraciones. Fue una resistencia heroica ante Alemania. Durante 120 minutos se dedicó a hacer lo que mejor sabe: defender con sacrificio y tenacidad. No sesgó en su voluntad ni tan siquiera un minuto. Ni cuando Kai Havertz marcó el empate en el segundo tiempo de los 90 reglamentarios. Ni cuando desperdició cuatro “match points” consecutivos en la tanda de penales. Por eso nadie puede decir que no lo merece, aunque su rival haya sido tan superior. Al final, los números, los que quedarán en la historia son los siguientes: 1 a 1 y 4 a 3 en la definición desde los doce pasos.
El primer tiempo no fue tan angustiante. Porque si bien Alemania tenía la pelota, no le generaba peligro. La solidez de la línea de fondo fue inquebrantable. Y Julio Enciso, en una gran jugada de Almirón, Galarza Fonda lanzó de derecha un centro para el cabezazo de Julio Enciso. Sorpresa mayúscula.
Y así tenía pensado que fuera la segunda mitad. Pero Alemania tenía otros planes. El equipo de Julian Nagelsmann salió decidido. Con Kimmich como estandarte por la derecha, pero empujado por el mandato histórico. Lo acorraló, lo golpeó como un boxeador que tiene a su adversario contra las cuerdas y no no hace más que cubrirse con los codos, con los antebrazos, con todo lo que pueda.
Orlando Gill, arquero de San Lorenzo de Almagro, poco a poco fue convirtiéndose en figura. Primero le sacó un cabezazo a Kai Havertz que parecía imposible. Después se puso la capa de Superman para volar con dos penales magníficos.
Las estadísticas estaban en su contra: 75% de posesión, 21 remates al arco y 16 tiros de esquina para Alemania. Y a nivel histórico, también. Los germanos nunca habían perdido una definición por penales en cuatro series. Siempre hay una primera vez. Y es así como el Paraguay de Gustavo Alfaro hizo historia.
El desahogo de Neymar, el de sus compañeros en el banco de suplentes y el del cuerpo técnico del imperturbable Carlo Ancelotti fue merecido y para nada exagerado. Brasil fue muchísimo más que un tibio Japón, que tuvo la oportunidad de hacer historia en Houston. Pero los asiáticos no se animaron a perderle el respeto al rival, a soñar en grande. El destino los puso en ventaja, aunque jamás lograron desprenderse de la veneración al pentacampeón del mundo.
Pasito a pasito y minuto a minuto, se fueron metiendo atrás para dejar crecer a un gigante al que no le sobran argumentos. Sin brillar y con la mano exacta del técnico italiano, los sudamericanos inevitablemente encontraron el empate y, en el minuto final, Gabriel Martinelli marcó el 2-1 para avanzar a octavos de final y enviarle un mensaje al resto. Brasil está de pie. Y habrá que pisarlo cuando se tenga la oportunidad: el que lo respeta demasiado se vuelve a casa.
Como si fuese una burla del destino, con orden y progreso, tal como reza la bandera de Brasil, se impuso Japón en la primera parte. Jugó a una recuperación y el pleno fue fenomenal. Desde ahí hay que entender la ventaja con la que llegó al descanso. También desde la falta de creatividad de los dirigidos por Carlo Ancelotti, que no encontraron la manera de romper la muralla japonesa.
No hay nada librado al azar en el fútbol actual. Aun cuando se apuesta a la improvisación de los futbolistas ofensivos, se diagraman caminos. Todo está maquetado y hay que empezar a preguntarse si este estudio exhaustivo no terminará por volverlo aburrido dentro de algunos años. Por ahora sigue siendo apasionante, pero el margen de error es cada vez más pequeño. Lo que ocurre es que la destreza individual se encuentra en el nivel más alto de la historia: Kaishu Sano anticipó un pase a Danilo en la mitad de la cancha y, en apenas 6 segundos, convirtió el 1-0 para los nipones después de dejar en el camino al lento Casemiro. Un golazo en una ráfaga. Así es el fútbol moderno.
Para explicar el partido alcanza con decir que Japón se metió atrás y le cedió la pelota a Brasil para apostar a los contragolpes. Lo que se presumía en la previa, en definitiva. Ancelotti dispuso un extraño 3-5-2 en ataque que se transformaba en un 4-4-2 en defensa. Con esa táctica, corrió a Vinicius de su zona de influencia para dejarle la banda al apático lateral izquierdo Douglas Santos. El atacante de Real Madrid no pudo pesar en la etapa inicial porque fue absorbido por la disciplinada defensa asiática. Los sudamericanos apenas inquietaron con un disparo de Matheus Cunha que desvió el arquero Zion Suzuki. No hubo filtraciones de pases -el único que pudo hacerlo en un par de oportunidades fue Casemiro- ni gambetas en zona de fuego.
Sano Kaishu se fabricó un golazo para darle la victoria a Japón.
Japón se replegó desde el inicio, montado sobre un defensivo 5-4-1 en el que los volantes externos tenían libertad para moverse en la fase ofensiva. Pero lo primordial siempre fue defender y salir.
La tendencia se profundizó hasta lo absurdo en el complemento. Es verdad que Ancelotti metió a Endrick por Paquetá y se paró con un lógico 4-2-3-1, con Vinicius por la banda. Esa modificación fue clave. También el excesivo respeto nipón, cuyo hombre más adelantado, Ayase Ueda, tenía como punto de partida la medialuna de su propia área. Un pecado imperdonable. Fue tan amarrete y pasivo lo de Japón que el zaguero Gabriel Magalhaes lanzó un centro desde el vértice del área y Casemiro, el volante tapón, cabeceó en el segundo palo para el 1-1. El mediocampista de Manchester United tiene una enorme relación con el gol: festejó el tanto número 83 de su carrera casi sin haber ejecutado tiros libres ni penales.
Casemiro le dio el empate a Brasil. Foto: Xinhua
La mano de Carletto volvió a aparecer cuando puso a Martinelli como segunda punta en lugar de apostar por Neymar, tal como le reclamaba todo el estadio. Y en el casino del fútbol pocos son más sabios que el entrenador italiano de 67 años: el atacante de Arsenal anotó el 2-1 en el minuto final del encuentro, tras una pérdida infantil de Tanaka y un pase de crack de Bruno Guimaraes.
Ancelotti puso a Gabriel Martinelli y ganó el partido.
Los números estadísticos explican aún mejor la victoria: 69 por ciento de posesión, 19 remates contra 5, 682 pases frente a 315 y 6 córners ante 2. La figura de los nipones fue el arquero Suzuki, que terminó con 4 salvadas.
Sigue Brasil y en octavos de final se medirá con el ganador del cruce entre Costa de Marfil y Noruega. Se va a casa Japón, el que asomaba como posible gran sorpresa del torneo. Pero el conjunto nipón nunca logró desprenderse del respeto y la lección fue contundente: para trascender, hay que creérsela.
El resumen de la victoria de Brasil sobre Japón
Brasil (2): Alisson (5), Danilo (4), Marquinhos (6), Gabriel Magalhães (7), Douglas Santos (5); Rayan (7), Casemiro (6), Bruno Guimarães (6), Lucas Paquetá (4); Matheus Cunha (4), Vinicius (7). DT: Carlo Ancelotti.
Goles: PT, 29m Sano; ST, 11m Casemiro, de cabeza y 45m Gabriel Martinelli.
Cambios: ST, Endrick (6) por Paquetá, 21m Gabriel Martinelli (6) por Matheus Cunha, Yukinari Sugawara (5) por Doan y Junnosuke Suzuki (5) por Nakamura, 33m Shuto Machino por Kamada y Ao Tanaka por Ito 45m Fabinho por Casemiro, Danilo por Bruno Guimarães y Koki Ogawa por Maeda.
Amonestados: Kamada, Sano, Suzuki, Danilo y Casemiro.
El Mundial 2026 continúa este lunes con tres partidos de la Eliminatoria de 32, en una jornada que promete cruces atractivos y selecciones de peso en busca de avanzar a la siguiente ronda.
Después del triunfo de Canadá por 1-0 ante Sudáfrica, que abrió la fase de eliminación directa, la actividad seguirá con tres encuentros distribuidos durante el día.
Brasil será uno de los grandes protagonistas de la jornada cuando enfrente a Japón, en un duelo que pondrá en marcha la acción del lunes. Más tarde será el turno de Alemania, que se medirá con Paraguay en otro cruce clave de los 16avos de final.
El cierre del día tendrá como protagonistas a Países Bajos y Marruecos, en un partido que aparece como uno de los más parejos de la jornada.
Los partidos de este lunes:
Brasil vs. Japón: 14.00
Alemania vs. Paraguay: 17.30
Países Bajos vs. Marruecos: 22.00