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Conmoción mundial por la muerte de Diego Armando Maradona

Tenía 60 años y sufrió un paro cardio-respiratorio en una propiedad del Nordelta donde se encontraba junto a sus hijas

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El mejor futbolista de todos los tiempos, Diego Armando Maradona, murió este miércoles tras sufrir una descompensación cardíaca.

El astro del fútbol, tenía 60 años y falleció en una casa ubicada en un barrio cerrado de Nordelta, en provincia de Buenos Aires.

Maradona había sido operado el el pasado 3 de noviembre de un hematoma subdural y continuaba su recuperación de manera ambulatoria en su domicilio.

Y un día ocurrió. Un día lo inevitable sucedió. Es un cachetazo emocional y nacional. Un golpe que retumba en todas las latitudes. Un impacto mundial. Una noticia que marca una bisagra en la historia. La sentencia que varias veces se escribió pero había sido gambeteada por el destino ahora es parte de la triste realidad: murió Diego Armando Maradona.

Villa Fiorito fue el punto de partida. Y desde allí, desde ese rincón postergado de la zona sur del Conurbano bonaerense se explican muchos de los condimentos que tuvo el combo con el que convivió Maradona. Una vida televisada desde aquel primer mensaje a cámara en un potrero en el que un nene decía soñar con jugar en la Selección. Un salto al vacío sin paracaídas. Una montaña rusa constante con subidas empinadas y caídas abruptas.

Nadie le dio a Diego las reglas del juego. Nadie le dio a su entorno (un concepto tan naturalizado como abstracto y cambiante a la lo largo de su vida) el manual de instrucciones. Nadie tuvo el joystick para poder manejar los destinos de un hombre que con los mismos pies que pisaba el barro alcanzó a tocar el cielo.

Quizá su mayor coherencia haya sido la de ser auténtico en sus contradicciones. La de no dejar de ser Maradona ni cuando ni siquiera él podía aguantarse. La de abrir su vida de par en par y en esa caja de sorpresas ir desnudando gran parte de la idiosincrasia argentina. Maradona es los dos espejos: aquel en el que resulta placentero mirarnos y el otro, el que nos avergüenza.

A diferencia del común de los mortales, Diego nunca pudo ocultar ninguno de los espejos.

Es el Cebollita que solo tenía un pantalón de corderoy y es el hombre de las camisas brillantes y la colección de relojes lujosos. Es el que le hace cuatro goles a un arquero que intenta desafiarlo y al mismo tiempo el entrenador que intenta chicanear a los alemanes y termina humillado. Es el que se va bañado de gloria del estadio Azteca y el que sale de la mano de una enfermera en Estados Unidos. Es el que arenga, el que agita, el que levanta, el que motiva. El que tomaba un avión desde cualquier punto del mundo para venir a jugar con la camiseta de la Selección. El del mechón rubio y el que estaciona el camión Scania en un country. Es el gordo que pasa el tiempo jugando al golf en Cuba y el flaco de La Noche del Diez. El que vuelve de la muerte en Punta del Este. Es el novio de Claudia y es también el hombre acusado de violencia de género. Es el adicto en constante lucha. El que canta un tango y baila cumbia. El que se planta ante la FIFA o le dice al Papa que venda el oro del Vaticano. El que fue reconociendo hijos como quien trata de emparchar agujeros de su vida. Un icono del neoliberalismo noventoso y el que se subió a un tren para ponerse cara a cara contra Bush y ser bandera del progresismo latinoamericano. Es cada tatuaje que tiene en su piel, el Che, Dalma, Gianinna, Fidel, Benja… Es el hombre que abraza a la Copa del Mundo, el que putea cuando los italianos insultan nuestro himno y el que le saca una sonrisa a los héroes de Malvinas con un partido digno de una ficción, una pieza de literatura, una obra de arte.

Porque si hubiera que elegir un solo partido sería ese. Porque no existió ni existirá un tramo de la vida más maradoneano que esos cuatro minutos que transcurrieron entre los dos goles que hizo el 22 de junio de 1986 contra los ingleses. El mejor resumen de su vida, de su estilo, de lo que fue capaz de crear. Pintó su obra cumbre en el mejor marco posible. Le dijo al mundo quién es Diego Armando Maradona. El tramposo y el mágico, el que es capaz de engañar a todos y sacar una mano pícara y el que enseguida se supera con la partitura de todos los tiempos.

Barrilete cósmico. Y la pelota no se mancha. Y las piernas cortadas. Y que la sigan chupando. Y la tortuga que se escapa. Y el jarrón en el departamento de Caballito, el rifle de aire comprimido contra la prensa, la Ferrari negra que descartó porque no tenía estéreo, la mafia napolitana y toda una ciudad que elige vivir en pausa, rendida a su Dios. Es el de las canciones, el los documentales a carne viva y las biografías siempre desactualizadas. El que levanta el teléfono y llama cuando menos lo esperás y más lo necesitás. El que jugó partidos a beneficio sin que nadie se enterara. El que pasa del amor al odio con Cyterszpiler, con Coppola o con Morla. El que siempre vuelve a sus orígenes y le presta más atención a los que menos tienen.

Y Maradona es en presente pese a que de los que mueren haya que escribir en pasado. Es el que en Dubai se codeaba con jeques y contratos millonarios y el que en Culiacán y con 40 grados a la sombra pedía un guiso a domicilio. El que internaron en un neuropsiquiátrico. El que pudo dejar la cocaína. El que hizo jueguitos en Harvard. Es el que como entrenador de Gimnasia vivió un postergado homenaje del fútbol argentino. Aquel que había dirigido a Racing y a Mandiyú no era este último Diego de las rodillas chuecas, las palabras estiradas y las emociones brotando sin filtro.

Es también Maradona el hombre que se fue apagando. Se resquebrajó su cuerpo y empezó a sacar a la luz tantos años de castigo físico, de desbordes, de excesos, de patadas, de infiltraciones, de viajes, de adicciones, de subibajas con su peso, de andar por los extremos sin red de contención.

Y el alma se fue apagando al compás del cuerpo. En el último tiempo ya no quería ser Maradona y ya no podía ser un hombre normal. Ya nada lo motivaba. Ya no servía el paliativo de los antidepresivos ni las pastillas para dormir. Y la combinación con alcohol aceleraba la cinta. Cada vez menos cosas encendían su motor: ni el dinero, ni la fama, ni el trabajo, ni los amigos, ni la familia, ni las mujeres, ni el fútbol. Perdió su propio joystick. Y perdió el juego.

Lo llora Fiorito, escenografía inicial de esta historia de película y pieza fundacional para comprender al personaje. Lo lloran los Cebollitas donde se animó a soñar en grande. Lo llora Argentinos Juniors donde no solo es nombre del estadio sino el mejor ejemplar de un molde que genera orgullo. Lo llora Boca y toda la pasión que unió a un vínculo que fue mutando pero conservó el amor genuino. Lo llora Nápoles, su altar maravilloso en el que con una pelota cambió la vida de una ciudad para siempre. Lo lloran también Sevilla, Barcelona y Newell’s, que infla el pecho por haberlo cobijado. Lo llora la Selección porque nadie defendió los colores celeste y blanco como él.

Lo llora el país entero y el mundo.
Entre tantas cosas que hizo en su vida, Maradona hizo una particularmente exótica: se entrevistó a sí mismo. El Diego de saco le preguntó al de remera de qué se arrepentía. “De no haber disfrutado del crecimiento de las nenas, de haber faltado a fiestas de las nenas… Me arrepiento de haber hecho sufrir a mi vieja, mi viejo, mis hermanos, a los que me quieren. No haber podido dar el 100 por ciento en el fútbol porque yo con la cocaína daba ventajas. Yo no saqué ventaja, yo di ventaja”, se contestó en una sesión de terapia con 40 puntos de rating.

En ese mismo montaje realizado en 2005 en su programa “La noche del Diez”, el Diego de traje le propuso al de remera que deje unas palabras para cuando a Diego le llegue el día de su muerte. “Uhh, ¿qué le diría?”, piensa. Y define: “Gracias por haber jugado al fútbol, gracias por haber jugado al fútbol, porque es el deporte que me dio más alegría, más libertad, es como tocar el cielo con las manos. Gracias a la pelota. Sí, pondría una lápida que diga: gracias a la pelota”.

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La Policía dio luz verde para aforo de hinchas visitantes durante el partido entre Atlético vs. River

El cotejo se disputará el próximo 12 de septiembre en el estadio José Fierro.

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La posibilidad de que Atlético Tucumán reciba a River Plate con la presencia de público visitante sumó un respaldo clave desde el área de seguridad. En declaraciones brindadas por el jefe de la Policía de Tucumán, Joaquín Girvau, confirmó que la provincia cuenta con la capacidad operativa e institucional para desplegar un operativo de control integral en caso de que se oficialice la venta de localidades para la parcialidad visitante de cara al cruce del 12 de septiembre en el Estadio Monumental José Fierro.

Consultado sobre las garantías para evitar focos de violencia como los registrados en otras provincias, Girvau fue tajante al ponderar el equipamiento y la preparación de las fuerzas provinciales.

“Nosotros como institución policial fuimos dotados de muchos recursos logísticos y humanos por el Gobernador. Creo que estamos en condiciones de hacer una cobertura con público visitante; ya lo hicimos con Rosario Central y con el mismo River. Tucumán está en condiciones de hacer una excelente cobertura y de cumplirla, cualquiera sea el público que venga”, afirmó el jefe de la fuerza.

Hinchas de Rosario Central en el Monumental José Fierro.

 

Controles estrictos en las rutas y accesos a la ciudad

El titular de la Policía remarcó que el éxito de los operativos de concurrencia masiva reside en la rigurosidad de los retenes preventivos que se despliegan mucho antes del ingreso al estadio de 25 de Mayo y Chile:

Filtros interprovinciales: Monitoreo y requisas exhaustivas en los puestos limítrofes de ingreso al territorio tucumano sobre colectivos y vehículos particulares.

Anillos de seguridad: Controles de documentación y derecho de admisión en los accesos a San Miguel de Tucumán y en las adyacencias del Monumental José Fierro.

Antecedentes: Girvau recordó que en las experiencias recientes no se lamentaron disturbios mayores, salvo un incidente menor aislado durante la desconcentración del público de Rosario Central.

 

La gestión del Decano y el antecedente de 2025

La iniciativa de habilitar tribunas para los simpatizantes de River surge tras el pedido formal elevado por la comisión directiva de Atlético Tucumán ante los organismos de Seguridad Deportiva provincial, entidad que dio el visto bueno preliminar a la espera de la confirmación final de la Liga Profesional.

La dirigencia albiceleste apunta a generar un ingreso económico extraordinario mediante la venta de entradas no socios y visitantes, replicando la experiencia de septiembre de 2025, cuando ambas parcialidades asistieron al Monumental José Fierro en el triunfo del «Decano» por 2 a 0 con tantos de Clever Ferreira y Leandro Díaz.

En aquella oportunidad, el club dispuso de un cupo de 4.000 localidades populares y 300 plateas para el público visitante. Para este nuevo compromiso, la comisión directiva terminará de definir la sectorización de las tribunas considerando que los socios decanos ingresan sin cargo a las populares y gran parte del sector de plateas se encuentra cubierto por abonos anuales. /Los Primeros

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Boca y Racing empataron en Avellaneda en el clásico de la fecha 6

El clásico interzonal tuvo polémica, goles y chances para los dos equipos, pero que no le sirvió a ninguno para salir de la zona baja de sus respectivos grupos.

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Boca Juniors y Racing Club empataron 1-1 en el estadio Presidente Perón de Avellaneda por la sexta fecha del Torneo Clausura 2026 de la Liga Profesional de Fútbol (LPF), en un clásico interzonal que tuvo polémica, goles y chances para los dos equipos, pero que no le sirvió a ninguno para salir de la zona baja de sus respectivos grupos.

Marcos Rojo abrió el marcador a los 8 minutos del primer tiempo con un penal que el VAR le entregó a la Academia. La infracción fue de Ayrton Costa, que pisó a Ezequiel Cannavo dentro del área. El árbitro Nicolás Ramírez dejó seguir en un primer momento, pero tras la revisión de Fernando Echenique desde el VAR, señaló el punto del penal. Rojo, con pasado en el Xeneize, definió con un remate suave al medio y puso el 1-0 para el local. Desde el palco del Cilindro, Rodrigo De Paul —surgido de las inferiores de Racing y presente junto a su pareja Tini Stoessel— festejó el tanto con efusividad.

 

El empate llegó a los 29 minutos, también en medio de reclamos. Leonel Flores ganó en velocidad por la banda derecha y habilitó a Miguel Merentiel, que frenó en plena carrera, dejó pasar a dos defensores con un enganche de taco, se perfiló y definió ante Facundo Cambeses para el 1-1. Todo Racing reclamó una falta previa de Dylan Gorosito sobre Elías Torres en el inicio de la jugada, pero Ramírez no la sancionó y el tanto fue convalidado.

El partido tuvo oportunidades para ambos lados. Antes del descanso, Santiago Ascacibar estuvo cerca del 2-1 para Boca con un remate que Ignacio Rodríguez despejó sobre la línea. Ya en el complemento, Gastón Lodico también sacó en la línea un remate de Flores que parecía gol. En el tramo final, el ecuatoriano Enner Valencia —ingresado desde el banco— tuvo la chance más clara del cierre para el Xeneize, pero definió por encima del travesaño.

Con este resultado, Boca llegó a 7 puntos y quedó décimo en la Zona A, mientras que Racing sumó 5 unidades y se ubicó duodécimo, a tres del octavo puesto que da acceso a los playoffs. Ninguno de los dos pudo aprovechar el clásico para acercarse a la zona de clasificación. La Academia no gana en el Clausura desde la primera fecha, y el Xeneize acumuló su tercer empate consecutivo en el torneo local.

 

Boca afrontó el partido con varias bajas. Leandro Paredes, el capitán, no pudo estar por una lesión muscular en el isquiotibial izquierdo, aunque viajó junto a la delegación. También estuvieron ausentes Lautaro Di Lollo, Malcom Braida, Marco Pellegrino y Leandro Lozano. Por Racing, la baja más notoria fue la de Adrián Martínez, suspendido por tres fechas tras una expulsión ante Argentinos Juniors. En su reemplazo, el DT Juan Pablo Vojvoda apostó por Tomás Conechny y Torres como dupla ofensiva.

En la próxima fecha, Racing recibirá a Platense el lunes 31 desde las 19:00, mientras que Boca tendrá compromisos en Copa Argentina ante Vélez y en Copa Sudamericana ante San Pablo antes de volver al torneo local.

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Briatore opinó sobre la sanción que perjudicó a Franco Colapinto en el GP de Países Bajos

“La carrera de Franco prácticamente se terminó desde el comienzo después de una penalización de drive-through severa y dura”, indicó.

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El Gran Premio de los Países Bajos dejó un saldo sumamente complejo para Franco Colapinto que recibió dos penalizaciones que condicionaron por completo sus aspiraciones y lo relegaron en la clasificación general.

Luego de la competencia, Flavio Briatore analizó el desempeño del auto número 43 y fue categórico al referirse al castigo impuesto por las autoridades: “La carrera de Franco prácticamente se terminó desde el comienzo después de una penalización de drive-through severa y dura”, indicó.

Y continuó: “Aunque sabemos que es decepcionante para él, entendemos que estas reglas existen por motivos de seguridad y es algo de lo que debemos aprender”, afirmó el directivo de la escudería Alpine.

A pesar de la frustración por el resultado del argentino, el asesor italiano hizo hincapié en la necesidad de asimilar la experiencia para no repetir errores en el futuro y valorar el trabajo de desarrollo que viene realizando la estructura.

“Nos vamos de Zandvoort un poco frustrados, pero trajimos mejoras que tuvieron impacto. Lejos de ser un fin de semana perfecto para nosotros, nos vamos a Monza preparados para seguir peleando”, concluyó Briatore con la mirada puesta en el próximo desafío en el Gran Premio de Italia. /TN

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