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Policiales

Secuestran tarjetas para clonar con las que habrían cometido ilícitos en la provincia

El allanamiento se produjo en una vivienda de Gobernador del Campo al 200. Recomendaciones.

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A raíz de una denuncia por estafas, la División de Delitos Telemáticos de la Policía inició una ardua investigación, que tras un mes de trabajo derivó en un secuestro millonario este martes en la capital tucumana. En el domicilio hallaron plásticos de tarjetas listos para clonar.

Una mujer denunció que en el resumen de cuenta de su tarjeta descubrió que se habían realizado varias compras a su nombre, por lo que se iniciaron las averiguaciones correspondientes en conjunto con la Unidad Fiscal de Decisión Temprana. Finalmente, este martes se procedió a allanar un domicilio de avenida Gobernador del Campo al 200, en la zona del Parque 9 de Julio con resultados positivos, ya que se secuestraron elementos relacionados con la causa”, informó el jefe de la unidad especial, el subcomisario Javier Argañaraz.

En el domicilio se secuestraron plásticos de tarjetas con el chip pero en blanco, listas para clonar tarjetas reales y así estafar a más personas. Esto permitirá avanzar en la investigación con la que buscamos llevar ante la justicia a los responsables de este tipo de delitos”, destacó por su parte el comisario inspector Jorge Dib, director general de Investigaciones Criminales, quien supervisó la medida realizada durante la siesta.

Como resultado, «se secuestró gran cantidad de electrodomésticos y muebles nuevos, cuyo monto total alcanza varios millones de pesos. Hay heladeras, sommiers, televisores, hornos pizzeros, equipos sanitarios, hidrolavadoras, microondas, aparatos de aire acondicionado, equipos de sonido, una bicicleta fija, otros electrodomésticos pequeños y una gran cantidad de calzado de primera marca, entre otras cosas”, detalló Dib. Señaló además que se seguirán las indicaciones de la justicia para indagar la procedencia de los elementos.

Recomendaciones para usuarios

Argañaraz, en tanto, recordó que la principal manera de estar expuestos al robo de identidad o a la clonación de tarjetas de débito o crédito es cuando se realizan compras y no se presta atención al procedimiento. “La principal recomendación que hacemos a la ciudadanía desde la División de Delitos Telemáticos y Económicos es que cuando concurran a locales comerciales para llevar a cabo algún tipo de compra, siempre estén en presencia del vendedor o vendedora cuando pase el plástico por el posnet, ya que a veces por un descuido perdemos de vista la tarjeta y el DNI y es ahí cuando aprovechan para copiar los datos para realizar este tipo de maniobras ilícitas”, señaló.

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Policiales

Un médico fue procesado por facturar falsas prestaciones al Subsidio de Salud

La investigación, impulsada por la Unidad Fiscal de Usurpaciones, Estafas y Cibercriminalidad I, apunta a un profesional prestador acusado de facturar órdenes de consulta que, según afiliados relevados, no habrían sido realizadas.

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Representantes del Instituto de Previsión y Seguridad Social de Tucumán (IPSST) participó en una audiencia judicial desarrollada en el marco de una investigación llevada adelante por la Unidad Fiscal de Usurpaciones, Estafas y Cibercriminalidad I.

Durante la jornada se formalizó la investigación y la formulación de cargos contra un profesional médico prestador, a partir de presuntas irregularidades detectadas en la facturación de órdenes de consulta.

La causa se originó tras advertirse consumos asociados a prestaciones que, conforme a lo manifestado por afiliados consultados, no habrían sido efectivamente realizadas. Este tipo de hechos representa un delito y ocasiona un perjuicio para la Obra Social, afectando directamente a los beneficiarios.

En este sentido, la institución reafirma su compromiso con la transparencia, el control y el resguardo de los recursos destinados a la atención de sus afiliados, colaborando activamente con las autoridades competentes en el esclarecimiento de los hechos investigados.

Finalmente, el IPSST reitera la importancia de que los afiliados controlen periódicamente los consumos y prestaciones registradas. Del mismo modo, se solicita que toda irregularidad detectada sea denunciada a través de los canales oficiales de la institución, para su correspondiente evaluación y seguimiento.

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Policiales

Enjuiciarán a los cuatro policías que en 2024 secuestraron a un joven dedicado a la venta de marihuana

El testimonio de un policía que estaba de guardia el día que llevaron al joven a esta dependencia policial resultó determinante para avanzar con la causa en el fuero federal.

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Cuatro efectivos policiales que fueron apartados de la fuerza serán llevados a juicio oral acusados de haber secuestrado y extorsionado a un joven vinculado presuntamente a la venta de marihuana en Tucumán. La investigación sostiene que los imputados privaron ilegalmente de la libertad a la víctima, la golpearon y exigieron dinero a su familia para liberarla.

El hecho, según la acusación fiscal, ocurrió el 23 de febrero de 2024, cuando los agentes Ángel Sebastián GómezSergio Daniel Díaz y Franco Javier Jiménez, junto al civil Facundo Nahuel Amaya —quien tendrá un proceso separado tras haber permanecido prófugo durante varios meses— actuaron presuntamente bajo las órdenes del comisario Gustavo Ezequiel Morales.

De acuerdo con la reconstrucción judicial, el grupo se presentó en un barrio privado ubicado sobre avenida Silvano Bores al 300 y se llevó por la fuerza a L.G., un joven señalado como presunto vendedor de marihuana.
La víctima fue obligada a subir a un Renault Megane perteneciente al policía Díaz y trasladada hasta la oficina de la Jefatura de Zona III, ubicada en el sur de la capital tucumana.
Durante el trayecto, según consta en el expediente, el joven recibió golpes en distintas partes del cuerpo. Las agresiones habrían continuado una vez dentro de la dependencia policial.
La investigación sostiene además que Amaya se dirigió posteriormente al barrio donde residía el secuestrado y consiguió que un familiar le facilitara un número telefónico para iniciar negociaciones por la liberación.
Según la acusación, los imputados se comunicaron con la madre de la víctima, identificada como S.F.O., y le exigieron dinero para dejar en libertad a su hijo.
Los acusados habrían advertido que contaban con supuestas pruebas para vincular al joven con delitos relacionados con el narcotráfico y le insinuaron a la mujer que, si pagaba, el muchacho sería liberado y no volvería a tener problemas judiciales.
La madre finalmente entregó $ 240.000 a los imputados.
Tras la denuncia de las víctimas, el fiscal federal Agustín Chit inició una investigación que reunió una serie de pruebas consideradas clave para reconstruir el caso.
Entre los elementos incorporados al expediente, el fiscal sostuvo que los policías habrían pactado previamente a través de Telegram una supuesta compra de marihuana y que, cuando acudieron al encuentro, concretaron el secuestro del joven.
La pesquisa también determinó que los efectivos se presentaron en el domicilio de la víctima sin orden judicial y que no existía ninguna causa abierta en su contra.
Uno de los testimonios considerados centrales fue el del guardia de la dependencia policial, quien confirmó que los acusados estuvieron esa noche con el joven dentro de la base.
El empleado policial aclaró además que la Jefatura de Zona III no estaba habilitada para alojar detenidos, por lo que resultaba imposible justificar legalmente la presencia del muchacho en el lugar.
Según su declaración, los imputados Díaz y Gómez ya habían llevado anteriormente a otras personas a esa dependencia bajo el argumento de realizar tareas de “identificación”.
La investigación también reveló que nunca se registró oficialmente el ingreso del secuestrado en los libros de la dependencia.
Al analizar los teléfonos celulares de los acusados, el fiscal descubrió además la existencia de un grupo de WhatsApp creado el mismo día del hecho.
De acuerdo con la acusación, en esos mensajes Díaz y Gómez hablaban de realizar “un trabajo de merca” y mencionaban la incorporación de Jiménez al operativo.
En otros intercambios, los implicados presuntamente reclamaban “apurar a la vieja” para que pagara el rescate exigido.
Para el fiscal, uno de los datos más comprometedores surgió de mensajes en los que los acusados habrían pedido autorización al comisario Morales para trasladar al joven hasta la dependencia policial que él dirigía.
Durante el proceso, Díaz, Gómez y Jiménez rechazaron las acusaciones y aseguraron que participaron de un operativo legítimo vinculado a una investigación por estupefacientes.
Sin embargo, Chit consideró que esa versión resultaba incompatible con las pruebas reunidas en el expediente.
“No obstante, dicha reconstrucción resulta incompatible con los elementos probatorios incorporados a la causa, los cuales permiten descartar que se haya tratado de un procedimiento legítimo”, sostuvo el fiscal en el requerimiento de elevación a juicio.
En cuanto al comisario Morales, el funcionario negó haber impartido órdenes y afirmó desconocer las acciones desplegadas por los otros acusados.
El fiscal, sin embargo, consideró “inverosímil” esa explicación al remarcar que los hechos ocurrieron íntegramente dentro de una dependencia bajo su jefatura y que existían comunicaciones telefónicas y mensajes previos y posteriores al episodio.
Las defensas de los imputados intentaron impedir que el caso llegara a juicio oral mediante distintos planteos procesales, aunque todos fueron rechazados por el juez federal Guillermo Díaz Martínez.
Finalmente, el magistrado resolvió enviar a juicio a Díaz, Gómez y Jiménez por el delito de secuestro extorsivo agravado por la participación de tres o más personas, por el cobro del rescate y por tratarse de funcionarios policiales.
En el caso de Morales, quedó imputado por el mismo delito en carácter de partícipe.
Además, el juez habilitó a la víctima y a su madre a iniciar una demanda civil contra el Estado por daños y perjuicios derivados del episodio.

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Policiales

Rescataron a a nueve hermanos abusados, desnutridos y torturados por su propia familia

Los aberrantes hechos ocurrieron en Santiago del Estero. Los delitos incluyen acceso carnal, agresiones físicas y explotación. Entre las víctimas hay personas con discapacidad y menores con bajo peso. La Justicia detuvo a tres sospechosos tras un dramático megaoperativo.

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Cuando los policías ingresaron a la vivienda, el panorama fue devastador. Hallaron a una persona con discapacidad atada a una cama, revelando el calvario de una familia donde nueve de trece hermanos vivían en condiciones deplorables. Las autoridades confirmaron que las víctimas sufrieron abuso sexual, severa desnutrición, hacinamiento y extrema violencia física.

 

 

El tétrico escenario fue descubierto durante una serie de allanamientos ordenados por el juez de Control y Garantías, Sergio Guillet. El operativo policial se llevó a cabo en una precaria vivienda del paraje El Cruce, en el departamento Figueroa, y culminó con la detención de tres personas: una pareja y uno de sus yernos.

 

 

El rescate fue comandado por las fiscales Yésica Lucas y Vanina Aguilera, con la ejecución directa de la División Trata de Personas de la Policía provincial, en conjunto con la Dirección de la Niñez, Adolescencia y Familia (Dinaf) y la Secretaría de Trabajo.

Una denuncia que rompió el pacto de silencio

La investigación comenzó en abril gracias a la alerta de organizaciones civiles como Caring For Children y Madres Víctimas de Trata. Aunque las rarezas de la familia eran un secreto a voces entre los vecinos, el hermetismo y el miedo al clásico «no te metás» mantenían la impunidad. Durante el procedimiento, los funcionarios rescataron a menores que pesaban apenas 30 kilos, dejando en evidencia un estado de vulnerabilidad extrema.

La Fiscalía formuló cargos gravísimos, que incluyen corrupción de menores, abandono de persona y lesiones agravadas por el vínculo. Según los primeros testimonios recabados, las jóvenes de la familia eran entregadas a terceros a cambio de dinero o bebidas alcohólicas. Además, un sistema de terror intrafamiliar garantizaba el silencio absoluto de los menores, quienes vivían tan sometidos que debían pedir permiso con la mirada a los adultos antes de atreverse a responder una pregunta de los oficiales.

El calvario de las víctimas y las condiciones del encierro

Las edades y condiciones de los nueve hermanos rescatados reflejan la magnitud de este oscuro drama familiar. Entre ellos se encuentran tres adultos jóvenes de entre 25 y 28 años con discapacidades motrices y mentales. El ensañamiento era tal que uno de ellos, de 26 años, que padece ceguera y retraso madurativo, recibía feroces golpizas en todo el cuerpo. Los agresores, incluso, llegaron a grabar las humillaciones con sus teléfonos celulares por diversión.

El nivel de perversidad de los captores también se reflejaba en los detalles de la vivienda. Mientras los menores dormían en camas «peladas», soportando el frío con apenas una sábana y tras haber sido obligados a abandonar la escuela, los efectivos descubrieron una habitación cerrada con candado que guardaba en su interior colchones completamente nuevos sin estrenar.

Desde el momento del rescate, un equipo interdisciplinario compuesto por médicos, psicólogos, psiquiatras y asistentes sociales asiste a todos los hermanos, de los cuales dos debieron ser internados. La Justicia ya puso en marcha los mecanismos de contención para intentar reparar años de tormento, mientras avanza con todo el peso de la ley contra los detenidos.

(Fuente: El Liberal)

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