Ante una multitud de fieles, Villalba reclamó solidaridad y «fomentar la cultura del encuentro» a los políticos y a la sociedad en su conjunto porque «los problemas sociales en el país son graves».
«Tenemos que ser solidarios», señaló el cardenal en su homilía, al señalar que «nuestro pecado principal como pueblo argentino es el desencuentro».
La misa se ofreció en honor a la Virgen de la Merced, nombrada patrona de la provincia y Generala del Ejército Argentino por el general Manuel Belgrano, quien depositó en ella toda su fe durante la Batalla de Tucumán.
Asistieron al oficio religioso el arzobispo Carlos Sánchez y autoridades locales y provinciales encabezadas por el vicegobernador, Osvaldo Jaldo, y el intendente de la capital, Germán Alfaro.
La celebración cerró los actos oficiales en conmemoración de la Batalla de Tucumán, que comenzaron en la comuna de Villa Belgrano y presidió Jaldo, quien quedó a cargo del Ejecutivo ya que el gobernador, Juan Manzur, no se encuentra en la provincia.
El 24 de setiembre se conmemora la Batalla de Tucumán, un enfrentamiento sin precedentes en las luchas contra los realistas que afirmó la independencia del país.
En febrero de 1812 Belgrano tomó el mando del Ejército del Norte, que venía de ser derrotado en la batalla de Huaqui en 1811, e instaló el cuartel general de San Salvador de Jujuy.
Las tropas, desmoralizadas y abatidas, no estaban en condiciones de enfrentarse a las fuerzas realistas del brigadier peruano Pio Tristán, que contaba con 3.000 hombres expertos, y por eso el Triunvirato le ordena a Belgrano replegarse hasta Córdoba para reorganizarse.
Al llegar a Burruyacú, en el norte de Tucumán, la población se declaró en estado de asamblea liderada por Bernabé Araoz, quien logró entrevistarse con Belgrano y convencerlo de dar batalla en en la provincia, donde obtuvo una victoria clave para la posterior Declaración de la Independencia.
HOMILÍA DE LA FIESTA DE LA MERCED 2019
Mons. Luis H. Villalba
Queridos hermanos y hermanas:
1. Nos hemos reunido para celebrar nuestra fiesta patronal. Venimos en peregrinación desde todos los rincones de la arquidiócesis, de todas las comunidades para honrar a Nuestra Señora de la Merced.
Nuestra Señora de la Merced es la patrona de nuestra Arquidiócesis.
La Virgen de la Merced es nuestra defensora y nuestra protectora. Es la que nos cuida, la que nos protege, la que nos ampara, nos ayuda. No solamente en las circunstancias extraordinarias, sino en todos los momentos de nuestra vida.
Hoy en su día queremos pedirle por nuestra Iglesia diocesana, por nuestro arzobispo Carlos, por los sacerdotes y diáconos, por los consagrados y consagradas, por todos los fieles laicos: por los niños, por los jóvenes, por las familias, por los ancianos, por los enfermos. Le pedimos por nuestros seminaristas y por las vocaciones sacerdotales y religiosas.
Le pedimos, especialmente, que acompañe el caminar pastoral de nuestra diócesis para llevar adelante la Nueva Evangelización.
2. Cristo es Maestro y tuvo su pedagogía. Tenemos que aprender de Jesús.
El estilo pastoral de Jesús es la cercanía. Jesús se acerca a la gente, la escucha y le da la verdadera respuesta.
El estilo pastoral de Jesús debe inspirar nuestro estilo pastoral. Debemos acercarnos a la gente, escucharlos y anunciarles la Buena Noticia.
Jesús no se adelanta a solucionar los problemas. Él deja que se acabe el vino, deja que se desate la tormenta, deja que muera Lázaro.
El ícono de Emaús debe iluminar nuestra pastoral. Cuántas veces hemos escuchado y meditado esta página del Evangelio. No es una parábola. Es un hecho histórico Es algo que ocurrió la misma tarde de la Resurrección del Señor y que san Lucas nos presenta como modelo del camino pastoral que debe recorrer la Iglesia.
Dos discípulos abandonan la comunidad después de la muerte de Jesús. Se van tristes, derrotados y se apartan de la comunidad.
También muchos de nuestros bautizados están alejados de la comunidad eclesial. No porque rechazan a Dios.
Son fieles que creen, que participan de ciertas celebraciones a lo largo del año como por ejemplo en Semana Santa, en Navidad, en las Fiestas Patronales, que hacen bautizar a sus hijos, y los envían al catecismo para la Primera Comunión, que hacen celebrar Misas por sus difuntos, pero que no practican
habitualmente. Se trata de la mayoría de nuestro pueblo.
En la escena de Emaús vemos que la iniciativa del encuentro parte de Jesús.
Jesús se acerca a estos discípulos y se pone a caminar con ellos. Esto es lo que tenemos que hacer para ayudar a nuestros hermanos a encontrarse con Jesús. Es necesario, ante todo, acercarse, ponerse a caminar juntos. Acercarse significa salir a buscarlos, ir a las casas, allí donde están.
Notemos que en el relato del Evangelio, Jesús comienza escuchando a losdiscípulos, deja que se desahoguen. Están tristes y desilusionados.Entonces Jesús comienza a enseñarles, abriéndolos a la Palabra de Dios.
Las palabras de Jesús les hacen ver a los discípulos los acontecimientos de la vida
de una manera nueva y llena de esperanza.
Así los discípulos de Emaús redescubren a Cristo en su misterio. Entonces renace el ardor que mueve y empuja a proclamar la fe y decirle: “Quédate con nosotros porque ya es tarde y el día se acaba”. El evangelista agrega: “Él entró y se quedó con ellos”. En el camino de la evangelización de la gente, llega el momento en que se acoge a Cristo en la vida personal, familiar, social.
En aquella tarde de la Pascua, Jesús, al partir el pan, reveló la gran novedad a los discípulos: Él es el Resucitado.
Entonces los discípulos que se fueron desanimados y sin esperanza al encontrarse con Jesús en la Palabra y en la Eucaristía vuelven corriendo a Jerusalén a encontrarse con la comunidad y decirles: “¡El Señor ha resucitado!”. La cercanía era la pastoral de Jesús. Eso mismo debemos hacer nosotros.
El Papa Francisco dijo: “Hoy, nosotros, siervos del Señor, obispos, sacerdotes, consagrados, laicos, debemos ser cercanos al Pueblo de Dios”. Y agregó: “Sin cercanía hay solamente palabra sin carne”.
La Eucaristía es el sacramento de la cercanía de Jesús. ¿Qué cercanía más que ésta? El Señor está con nosotros, camina con nosotros, como caminó con los discípulos de Emaús.
La Eucaristía hace posible y real su silenciosa cercanía que nos sostiene y fortalece. Toda la vida de la Iglesia con sus impulsos de espiritualidad, de fraternidad, de caridad nace de esta cercanía.
3. Vivimos momentos difíciles. Los problemas sociales son graves. Tenemos que ser solidarios.
La solidaridad es una virtud eminentemente cristiana.
La solidaridad es una exigencia de la fraternidad humana y cristiana.
Si somos hijos de un mismo Padre y hermanos entre nosotros debemos ser necesariamente solidarios.
Jesucristo nos dice: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt. 25,40).
Ser solidarios es trabajar por rehacer la comunidad, el tejido social. Tenemos que buscar siempre la unidad, la comunión, la fraternidad, esto es, “la cultura del encuentro”, como nos pide el Papa Francisco.
El Papa Francisco no sólo nos exhorta a que nos encontremos, sino a construir una verdadera cultura del encuentro.
Vivimos una cultura del desencuentro, una cultura de la fragmentación en la que tiro lo que no me sirve, una cultura del descarte. Pensemos en los ancianos y en los niños. Debemos crear una cultura del encuentro, de la amistad, donde hallamos hermanos, también con los que no tienen fe, con quienes no piensan como nosotros.Todos tienen algo en común con nosotros: son imágenes de Dios, son hijos de Dios.
El Papa Francisco nos exhorta a salir de nosotros mismos al encuentro de los demás.
Nuestro pecado principal como pueblo argentino es el desencuentro.
Para recuperar el encuentro el instrumento más apto es el diálogo. Dialogar es no sólo oír, sino escuchar. El otro, aunque ideológicamente, políticamente o socialmente esté en la vereda de enfrente, siempre tiene algo bueno que dar y yo algo bueno que darle. El diálogo es fecundidad. Los monólogos se pierden.
Cultura del encuentro significa solidaridad, significa creación de vínculos, no destrucción de vínculos.
En la familia, por ejemplo, se destruyen los vínculos, en vez de crear vínculos. ¿Por qué? Porque estamos viviendo la cultura del provisorio, del desencuentro, de la incapacidad de hacer alianza.
En este mundo de desencuentros, de difamaciones, de calumnias, de destrucciones lleven ustedes adelante una cultura del encuentro.
Tenemos que trabajar por una cultura del encuentro. Una cultura que nos ayude a encontrarnos como familia, como vecinos, como sociedad. Siempre buscar cómo encontrarse.
Ser servidores de la comunión y de la cultura del encuentro.
La Virgen es nuestro modelo. Le pedimos que nos enseñe a encontrarnos cada día con Jesús. Que nos empuje a salir al encuentro de tantos hermanos y hermanas que están en la periferia, que tienen sed de Dios y no hay quién se lo anuncie.