*Por Ricardo Bianchi
Dra. Costanza Bianchi
El señor Presidente Alberto Fernández, en un intento voluntarista de ir hacia un capitalismo humanista, ha hecho un llamado a la clase empresarial nacional, de dejar atrás el capitalismo neoliberal hegemonizado por las finanzas internacionales.
El capitalismo es lo que es y se conduce por la lógica del mercado. Pretender “humanizarlo” es un sinsentido.
Se pueden regular las consecuencias extremas con leyes antimonopólicas, que comparta con el resto de la sociedad utilidades mediante impuesto a las ganancias, desplegar leyes y normas para que los excedentes financieros que se generan queden o se reinvierta dentro del país, etc., pero revertir la tendencia que es esencia del capitalismo es claramente una utopía.
El estado también puede ayudar a mitigar los excesos del capitalismo, realizando una gestión cuidadosa del bien común y, además, trabajar para tener una moneda fuerte la que, por su excelencia, sea naturalmente la receptora de los excedentes destinados al ahorro y la preservación de valor.
Alfredo Zaiat, en un artículo de Pagina 12, elogiado por nuestra Vicepresidente Cristina, dice que “el mundo empresario concentrado hace cuarenta años ha intensificado el combate contra el proyecto desarrollo nacional” Seguramente, esta afirmación contiene una parte importante de verdad, pero me gusta recordar que el “tango se baila de a dos”.
Los impulsores del proyecto nacional, dentro de los cuales me incluyo, no hemos sabido detectar el sujeto social que acompañe en cada etapa la consolidación del modelo que propiciamos.
A modo de ejemplo, volviendo a citar a Zaiat cuando dice que, “estos grupos concentrados monopólicos tienen su mayor patrimonio y actividad comercial en el exterior”.
Efectivamente, esto es así dada la naturaleza del capitalismo global que hace que permanentemente direccione la expansión de sus negocios hacia nuevos y mayores mercados. Cita para el ejemplo, algunas empresas, pero nosotros podemos nombrar otras, como Bunge y Born, que de empresa nacional pasó a transnacional hace muchos años, y para referirnos a las más recientes mencionaremos dos unicornios, Mercado Libre y Globant.
Esto es invariante dentro del sistema económico al cual pertenecemos, cualquier empresa o emprendimiento tratará naturalmente de expandirse hacia mercados más amplios, no se conformará con cuarenta millones de consumidores y buscará donde existan miles de millones.
Esto hay que aceptarlo como la realidad que es y tratar en lo posible, de hacer coincidir los intereses del sector empresario con el proyecto nacional en la parte que hacemos el viaje juntos. Esto no quiere decir que el resto de la sociedad deba subsidiar de forma ingenua los proyectos de expansión de estas empresas cuando deciden dar el salto a transnacionales, que es lo que ha ocurrido en nuestra historia reciente y que bien menciona Zaiat.
Sería bueno, dejar de lado el modo contestario, de mirar el devenir histórico con un solo ojo, que es posible, pero nos da una visión segada de la realidad, y abocarnos a la construcción de propuestas que nos permitan dar un salto cualitativo tomando de cada sector social lo mejor que puede aportar.
Nos ha faltado claridad de diagnóstico y detectar quién es el sujeto social productivo con el cual podemos hacer realidad un proyecto común de desarrollo y crecimiento con inclusión en cada etapa histórica. Interpretar quienes hoy conforman lo que denominamos la burguesía nacional.
Volviendo sobre lo anterior, hay sectores empresarios de la burguesía nacional que pueden acompañar todo el camino y otros, los que se expanden al exterior, tal vez solo un tramo.
Están aquellos que vienen consolidando la productividad, la producción, la tecnología, la innovación, el desarrollo tecnológico y científico subsidiario, desde hace cuarenta años y nosotros por miopía ideológica lo hemos considerados antagónicos, cuando en realidad deberíamos haberlos pensado como aliados naturales del proyecto nacional de desarrollo y crecimiento, y abrazarnos a ellos. Me estoy refiriendo concretamente, a todo lo que
engloba la producción agrícola, llamado genéricamente “el campo”. Nadie en estos cuarenta años en la Argentina ha tenido un crecimiento tan dinámico y sostenido en el tiempo, de forma cuantitativa y cualitativa, como la producción agraria. De 30 millones de toneladas de los años 80, pasamos a ciento cincuenta millones en el 2020. Y esto ha sido posible por el uso intensivo de la innovación, la tecnología, la ciencia biotécnica criolla, la
industria de maquinarias agrícolas y la producción de fertilizantes. La generación de saldos exportables ha dejado un balance a favor de seis a uno en beneficio de Argentina. Por cada dólar de importación de insumos en la actividad recibimos seis por la venta exterior. No existe comparación con otras industrias, por ejemplo, la automovilística, cuyo balance comercial es casi siempre empatado o inclinado en perjuicio nuestro.
Tenemos que cambiar el modo de concebir ciertos sectores, la producción agrícola no es la oligarquía es, sin lugar a dudas, la industria del campo. Industria que, por otra parte, es básicamente nacional ya que el soporte de la producción está sustentado en el suelo argentino y no se puede trasladar hacia otros países como si lo pueden hacer otras industrias. Su destino está atado al resto de la sociedad.
Esta industria puede cómodamente ser sostén del desarrollo llevando la producción y los saldos exportables al doble en un proceso de diez años, siempre y cuando sepamos interpretar y asumir con honestidad intelectual quienes son nuestros aliados naturales y obrar en consecuencia, proporcionando los instrumentos, entre otras muchas medidas, de viabilidad para que la producción se amplíe, se procese y transporte, reduciendo costos de
fletes por diseño y uso de una logística moderna, sobre todo, la construcción de autopistas y autovías que permitan el uso de los llamados bi y tri trenes, camiones con dos o tres o más remolques, abaratando los fletes de larga y mediana distancia, ampliando la frontera productiva de las provincias al norte de la pampa húmeda, integrando la economía social y productiva entre distintos espacios geográficos de la Argentina.
El modelo nacional contiene como idea central el país federal. Hoy seguimos siendo todavía un país unitario.