En mayo de 2026 el índice de salarios registró un aumento mensual del 2,2% y una variación interanual del 35,9%. Respecto a diciembre de 2025, el indicador acumula una suba de 15,2%, según publicó este lunes el INDEC.
El crecimiento mensual de 2,2% se explica por comportamientos diferenciados según el sector: el sector privado registrado presentó un incremento del 2,0%, el sector público del 1,5% y el sector privado no registrado del 3,5%. Estas cifras ponen de manifiesto que, si bien el incremento fue generalizado, la mayor dinámica se observó en el ámbito informal o no registrado.
Importaciones de carne en alza: estiman que los ingresos se duplicarán en 2026
Los envíos desde Brasil incluyen cortes muy valorados por el consumidor argentino, como el lomo, el vacío y la nalga, ofrecidos a precios de costo que permiten márgenes excepcionales para las grandes cadenas.
El mercado de la carne vacuna en Argentina está experimentando modificaciones estructurales impulsadas por un aumento sostenido de las importaciones, especialmente desde Brasil, que actúan como un mecanismo para arbitrar los precios locales. Desde el sector cárnico señalan que este crecimiento continúa y las proyecciones indican que los volúmenes de cortes importados podrían duplicarse durante el año, dado que en el mercado local estos cortes se ofrecen en torno a un 25% menos que los equivalentes argentinos.
Auge de las importaciones y su composición
Lo que hasta hace pocos años solía ser una importación marginal —alrededor de 500 toneladas anuales en fechas puntuales— se transformó en un flujo relevante: el año anterior alcanzó las 32.000 toneladas y para este año se proyecta que podrían llegar a las 65.000 toneladas. Según estimaciones del sector, aproximadamente el 80% proviene de Brasil, mientras que el resto lo aportan principalmente Paraguay y Uruguay.
Impacto en precios y estructura comercial
Los envíos desde Brasil incluyen cortes muy valorados por el consumidor argentino, como el lomo, el vacío y la nalga, ofrecidos a precios de costo que permiten márgenes excepcionales para las grandes cadenas. El esquema observado consiste en compras a precios bajos —reportes indican ingresos alrededor de $9.000 por kilo para ciertos cortes— y ventas al público que pueden ubicarse entre $20.000 y $23.000 por kilo, generando una rentabilidad importante para los distribuidores.
En los cortes de mayor circulación popular, los precios de ingreso suelen situarse en rangos inferiores: la tapa de asado promedia $13.000, el lomo alrededor de $9.000 el kilo y la nalga entre $14.000 y $16.000. En consecuencia, los cortes importados resultan en torno a un 25% más baratos que los «made in Argentina», lo que les confiere ventaja competitiva frente al producto local.
Cambio de matriz productiva y comercial
Se advierte un cambio de matriz en la producción y el comercio de carne: Argentina abastece su mercado interno con cortes de menor valor unitario —mayormente importados— y destina los cortes de alto valor a la exportación hacia destinos que pagan primas importantes, como Estados Unidos, Israel y la Unión Europea. Así, mientras cortes como el bife de chorizo alcanzan precios de exportación en torno a 10 a 12 dólares por kilo, el consumidor doméstico opta por carnes importadas que, aun con diferencias organolépticas, resultan más atractivas por su menor precio.
Esta dinámica convierte a la importación en un «techo» para los precios locales: si los productores intentan subir excesivamente los precios, los supermercados cuentan con la alternativa inmediata de importar para mantener la oferta y controlar aumentos.
Comportamiento del consumo interno
En un contexto de pérdida de poder adquisitivo, el mercado doméstico mostró dos trayectorias divergentes durante el primer semestre de 2026: por un lado, las exportaciones crecieron y ganaron participación; por otro, el consumo interno retrocedió por la menor oferta disponible para el mercado nacional y el efecto de los precios sobre los hogares. El consumo de carne vacuna cayó a niveles históricos, estimándose un consumo por habitante anual de aproximadamente 42-45 kilos, frente a los 55-60 kilos de años previos o los 70 kilos de comienzos de la década de 2010.
Ese retroceso propició un mayor protagonismo de proteínas alternativas en las heladeras argentinas:
Pollo: lidera el consumo con alrededor de 51 kg anuales por habitante, beneficiado por su precio.
Cerdo: se consolidó como una alternativa relevante, con un consumo estimado de 22 a 23 kg anual, ofreciendo precios competitivos.
Huevos: crecieron por su alta densidad proteica y bajo costo; la producción está en niveles récord y el precio de referencia en el AMBA ronda los $5.000 por maple.
Persistencia de ciertos cortes y perspectivas
Pese a la masiva importación, existe al menos un corte que permanece mayoritariamente destinado al consumo interno: el asado argentino, que no forma parte central de las exportaciones y por lo tanto mantiene una oferta doméstica relativamente más estable y accesible en comparación con otros cortes premium.
Desde el sector anticipan que no se esperan aumentos bruscos de precios en el corto plazo, salvo ajustes estacionales, ya que el flujo de carne importada seguiría garantizando el abastecimiento y atenuando presiones alcistas. En términos estructurales, la combinación de mayor apertura comercial, demanda internacional por cortes premium y limitaciones del poder adquisitivo local está reconfigurando el mapa de la producción, el comercio y el consumo de carne en Argentina.
Más de 10 millones de personas ganan menos de $1,5 millones por mes y quedaron debajo de la línea de pobreza
Un informe del INDEC sobre distribución del ingreso reveló que el 80% de los trabajadores relevados en 31 aglomerados urbanos percibe menos de ese monto. La brecha salarial entre varones y mujeres alcanza el 30%.
Más de 10,5 millones de personas reciben ingresos inferiores a $1,5 millones mensuales, según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) sobre distribución del ingreso correspondiente al primer trimestre de 2026.
El dato implica que ese grupo de habitantes no alcanza a cubrir la Canasta Básica Total (CBT), que en abril se ubicó en $1.469.767 para un hogar tipo de cuatro integrantes en el Gran Buenos Aires, parámetro utilizado para establecer la línea de pobreza. En junio, ese valor ascendió a $1.531.473.
La cifra surge de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que releva información de 31 conglomerados urbanos donde viven unos 30,1 millones de personas. Dentro de ese universo, 13.125.000 personas están ocupadas y perciben algún tipo de ingreso.
Del total de quienes ganan menos de $1,5 millones mensuales, el 56,5% corresponde a trabajadores formales (7,415 millones de personas), mientras que el 43,5% restante (5,71 millones) pertenece al sector informal, donde los ingresos suelen ser más bajos.
El informe del INDEC también reflejó una importante brecha según género. El ingreso promedio individual durante el primer trimestre fue de $1.153.457, aunque con diferencias marcadas.
Mientras que los varones registraron un ingreso medio de $1.352.247 mensuales, las mujeres alcanzaron $959.030, una diferencia cercana al 30%.
La informalidad golpea a los salarios más bajos
Entre los trabajadores con menores ingresos, la informalidad tiene una fuerte presencia. Un total de 1.314.000 personas perciben hasta $240.000 por mes y, dentro de ese grupo, el 90% trabaja en la informalidad.
En esa franja, 1.182.000 trabajadores no están registrados, mientras que apenas 132.000 cuentan con empleo formal.
La tendencia se invierte a medida que aumentan los ingresos: entre quienes perciben salarios de $2,25 millones a $40 millones, la mayoría son trabajadores registrados. En ese segmento, 1,14 millones son formales (87%) frente a 172.000 informales.
Los salarios crecieron menos que la inflación
El informe también analizó la evolución salarial durante el primer trimestre de 2026. Según el índice del INDEC, los salarios aumentaron 8,3% en ese período, mientras que la inflación acumulada alcanzó el 9,4%.
El sector informal fue el que mostró la mayor suba, con un incremento del 13,7%, mientras que los trabajadores registrados tuvieron una mejora del 6,8%.
Dentro del empleo formal, el sector privado acumuló una suba del 5,8%, por debajo del empleo público, que registró un aumento del 9,1%.
Crece el empleo informal
El relevamiento también mostró que la cantidad total de asalariados privados aumentó cerca de 1% interanual, aunque ese crecimiento estuvo acompañado por una mayor informalidad.
Actualmente, 5,71 millones de trabajadores se desempeñan sin registración, sobre un total de 13,125 millones de ocupados, lo que representa una tasa de informalidad del 43,5%, superior al 42,5% registrado un año atrás.
Dentro del sector privado, el servicio doméstico continúa siendo la actividad con mayor nivel de empleo no registrado, con una informalidad del 72,8%.
La industria jaqueada por la suba de la electricidad de hasta 125% en julio
El cargo aplicado a grandes usuarios por las distribuidoras llegó a representar más de la mitad del monto total, mostrando el peso decisivo de ese componente en la estructura tarifaria
En julio comenzaron a llegar a las grandes industrias facturas eléctricas con incrementos que, en algunos casos, alcanzaron el 125% por los consumos de junio. El alza se vincula a un nuevo cargo que compensa la diferencia entre el precio estacional trasladado a las tarifas y el costo efectivo del Mercado Eléctrico Mayorista (MEM).
Quiénes son los afectados
La medida incide sobre los denominados GUDIs (Grandes Usuarios de Distribuidoras), es decir, aquellos con una demanda de potencia igual o superior a 300 kilovatios. No se trata de usuarios residenciales: se incluyen establecimientos industriales y comerciales con consumos eléctricos elevados que adquieren energía mediante empresas distribuidoras.
El aumento se refleja en dos conceptos principales: el Cargo Estabilizado GUDIs y el Ajuste Complementario de Potencia. Ambos fueron previstos por la Resolución 976/2023 con el propósito de cubrir diferencias entre los valores estacionales incluidos en los cuadros tarifarios y los costos reales del MEM. En la práctica, esos cargos trasladan a la factura la brecha entre lo previsto y lo efectivamente pagado por la energía en el mercado mayorista.
La magnitud de la brecha de precios
En junio, el valor trasladado a las tarifas habría sido cercano a los 90.000 pesos por megavatio hora, mientras que el costo real en el MEM superó los 258.000 pesos por megavatio hora, una diferencia mayor al 185% que terminó incorporada a las facturas. Además, el precio spot en dólares mostró una fuerte suba: llegó a 186,6 dólares por megavatio hora en junio, un 97% más que los 94,7 dólares del mismo mes de 2025.
El caso más ilustrativo es el de una industria radicada en el Parque Industrial de Pilar, abastecida por Edenor, que habría recibido una factura por 238.809.835 pesos, con un incremento del 125% atribuido al cargo complementario. En ese ejemplo, el ajuste asociado a los GUDIs representó cerca del 56% del total de la factura, lo que evidencia la presión que el nuevo esquema puede ejercer sobre empresas con consumos intensivos.
El contexto regulatorio cambió tras la Resolución 400/2025, que promovió mayor competencia en el MEM y habilitó a distribuidores y grandes usuarios a cerrar contratos a precios de mercado. Esa reforma busca fomentar acuerdos a término, pero las empresas que continúan comprando en el mercado spot quedan expuestas a las fluctuaciones mensuales de los costos de generación y de los combustibles que emplean las centrales térmicas.
Posibles consecuencias económicas
El salto en las facturas despierta inquietudes sobre su impacto en los costos productivos, la competitividad y los precios finales. Para industrias electrointensivas, la energía es un componente central de la estructura de costos; un aumento de esta magnitud puede condicionar decisiones de producción, inversión y ubicación de plantas. Asimismo, si los incrementos se trasladan a los precios al consumidor, podría agravarse la inflación en sectores sensibles.