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Murió por coronavirus en París el político y cineasta Fernando “Pino” Solanas

El embajador argentino ante la UNESCO tenía 84 años y se encontraba internado con un estado de salud “delicado” a causa del COVID-19

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Murió por coronavirus en París el político y cineasta Fernando “Pino” Solanas

Es imposible pensar el cine argentino del último medio siglo sin la presencia de Fernando “Pino” Solanas, fallecido esta madrugada en París después de varias semanas de internación luego de haber contraído coronavirus. Su figura fue determinante en todos los campos del cine nacional: el documental y la ficción, la teoría y la práxis, la realización y la producción. Premiado en los grandes festivales internacionales –Berlín, Cannes, Venecia–, Solanas sin embargo nunca hizo una película que no tuviera que ver con el país al que también dedicó sus conocimientos, su energía y su compromiso como militante y dirigente político. Si hubiera que definir en una sola palabra el tema esencial de su obra como cineasta esa palabra sería “Argentina”. El país en su conjunto –con sus luchas y sus contradicciones, con sus riquezas y sus miserias, con sus trabajadores y sus intelectuales— fue su pasión y su obsesión, desde su primera hasta su última película, desde La hora de los hornos (1968) hasta Tres en la deriva del caos (2020), todavía inédita a causa de la pandemia.

En ese enorme arco que va de uno a otro extremo de su filmografía, donde prevaleció el film-ensayo y el documental, hubo también grandes mojones en el campo de la ficción, como Tangos – El exilio de Gardel (1985) y Sur (1988), dos películas cruciales del primer período de la recuperación democrática, que dieron cuenta respectivamente de las experiencias del exilio exterior e interior que vivió el pueblo argentino bajo la dictadura cívico-militar. Esas dos películas fuera de norma también abrieron caminos impensados para el cine nacional, hasta entonces prisionero –salvo escasas excepciones– de un costumbrismo al que Solanas siempre le dio la espalda para arriesgar nuevas búsquedas estéticas, con las que fue creando una poética propia, irrepetible.

Nacido en Olivos, Provincia de Buenos Aires, el 16 de febrero de 1936, en el seno de una familia de clase media simpatizante de la Unión Cívica Radical, Solanas cursó unas pocas materias en las carreras de Abogacía y de Letras, pero sus primeros estudios consecuentes fueron de piano y composición musical, antes de egresar del Conservatorio Nacional de Arte Dramático, en 1962. Esa experiencia sería determinante en su obra cinematográfica porque ratificó en Solanas la noción de la puesta en escena como el arte de la convención, una aproximación metafórica a la materia representativa. Por aquellos años, Solanas a su vez concurría a lo que él consideraba que fue “en la práctica, mi pequeña universidad”: los círculos intelectuales que se agitaban en torno a los escritores Gerardo Pissarello y Enrique Wernicke, lugares de encuentro que convocaban a los jóvenes núcleos culturales de la izquierda independiente de la época y donde se discutían los textos de Leopoldo Marechal, Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche.

Por entonces, Solanas se animó a probar suerte con dos cortometrajes, la ficción Seguir andando (1962), que participó del Festival de San Sebastián, y Reflexión ciudadana (1963), crónica irónica de la asunción presidencial de Arturo Illia, con textos de Wernicke. Pero también había que ganarse la vida y Pino hizo un comercial para una crema bronceadora que resultó tan exitoso que en los siguientes tres años llegó a hacer unos 400 cortos publicitarios. Ese ejercicio intenso le permitió formarse en todas las áreas del cine (fotografía, montaje, sonido, música) y reunir el dinero para rodar el que sería uno de los films más influyentes de la historia del cine latinoamericano: La hora de los hornos.

Desde 1963, cuando conoció a Octavio Getino (“Uno de esos encuentros que dejan huella en la vida de un hombre y lo estimulan a crear y experimentar”, Pino dixit), Solanas venía recolectando noticieros y documentales sobre la Argentina con la idea embrionaria de realizar un film que abordara el problema de la identidad del país, de su pasado histórico y de su futuro político. En junio de 1966, cuando Solanas y Getino iniciaban la realización de la película que sería La hora de los hornos, el golpe militar de Juan Carlos Onganía derroca al gobierno civil de Illia y se anticipa así a las elecciones de 1967, en la que se presumía que el peronismo, largamente proscripto, saldría ganador. El film pasa entonces a rodarse en condiciones de clandestinidad, no sólo al margen de las estructuras de producción convencionales sino también de los controles policiales de la dictadura.

En la génesis de La hora de los hornos había un presupuesto inalienable, que respondía a motivaciones menos estéticas que ideológicas, pero que inevitablemente iba manifestarse de manera decisiva en la forma del film. Si La hora de los hornos pretendía ser una obra que planteara la tesis de la liberación como única alternativa ante la dependencia (política, cultural, económica), el film entonces debía abjurar de los modelos cinematográficos establecidos por el sistema dominante. Sin haber desarrollado aún la teoría del “Tercer Cine”, que sería posterior a la realización de La hora de los hornos, Solanas y Getino ya tenían claro que aspiraban a hacer un cine que tendiera a la liberación total del espectador, entendida esta liberación como su primer y más grande acto de cultura: la revolución, la toma del poder. Y para ello el film debía romper con la dependencia estructural y lingüística que el cine latinoamericano tenía con el cine estadounidense y europeo. El film debía surgir de una necesidad propia, latinoamericana. “Hay que descubrir, hay que inventar…” era una consigna del ideólogo de la liberación Frantz Fanon que La hora de los hornos siempre tuvo como emblema y que puso en práctica como no lo había hecho hasta entonces ningún otro film latinoamericano, salvo en Brasil los de Glauber Rocha, en quien Solanas reconocía un compañero de ruta.

Estrenada en el Festival de Pesaro en junio de 1968, La hora de los hornos no sólo se llevó el premio mayor; también se convirtió en un acontecimiento político y cultural. Todavía no había pasado siquiera un mes de las revueltas del “mayo francés” y la llama de París recién comenzaba a esparcirse por toda Europa. En ese contexto, la aparición de un film latinoamericano como La hora de los hornos, que era un declarado llamamiento a la revolución y concluía su primera parte con un plano fijo y sostenido del rostro inerte del Che Guevara (de cuyo fusilamiento no se había cumplido un año) causó una verdadera conmoción en el campo del cine, que por esos días se cuestionaba no sólo su lenguaje sino también su función política y social.

Mientras la película –concebida como un film-ensayo en tres partes que sumaban 4 horas 20 minutos de duración– recorría el mundo, en la Argentina del Onganiato su exhibición sólo era posible en la clandestinidad, en funciones organizadas en sindicatos y organizaciones sociales, que eran concebidas como actos políticos de resistencia. Y los cambios de rollo de las copias en 16mm eran aprovechados para el debate, bajo unas pancartas que recogían otra consigna de Fanon: “Todo espectador es un cobarde o un traidor”.

A partir de La hora de los hornos, Solanas y Getino crearon el Grupo Cine Liberación, que sumó al realizador Gerardo Vallejo, el productor Edgardo Pallero y el crítico Agustín Mahieu, entre otros. De allí salieron varios manifiestos teóricos sobre el “Tercer Cine”, que incluían definiciones sobre el cine militante y que en 1971 derivaron en dos famosos “instrumentos” titulados Actualización política y doctrinaria para la toma del poder y La revolución justicialista, que consistían en sendas entrevistas a fondo con Juan Domingo Perón en su residencia del exilio en Madrid. Se trataba de “contrainformación”, de difundir –en “actos” similares a los de La hora de los hornos— no sólo la palabra sino también la imagen del líder proscripto.

En Los hijos de Fierro (1975), su primer largometraje de ficción, Solanas encaró una compleja operación cultural y simbólica: una versión del poema nacional de José Hernández desde una visión peronista. Los hijos de Fierro del título son los descendientes de aquel gaucho rebelde, la clase obrera suburbana peronista, perseguida por el poder como en su momento lo fue el propio Martín Fierro. El protagonista deja así de ser un héroe individual y solitario para convertirse en un actor colectivo, lo que hizo de la película de Solanas una experiencia inédita en el cine argentino. Terminada en 1975, sin embargo no pudo verse en el país hasta una década más tarde, porque tanto Solanas como casi todo su equipo técnico y artístico fueron perseguidos primero por la Triple A y luego por la dictadura cívico-militar, que empujó al director al exilio.

De esa dolorosa experiencia, Solanas extraería una de sus creaciones más perdurables, Tangos – El exilio de Gardel, estrenada en la Mostra de Venecia 1985, donde se llevó el Gran Premio del Jurado, ratificado pocos meses más tarde por el premio principal del Festival de La Habana. A diferencia de sus films anteriores, que intentaban provocar un proceso de reflexión crítica, El exilio de Gardel exigía ante todo un compromiso emocional del espectador con sus personajes, hombres y mujeres a la deriva en una ciudad ajena, que buscan refugio en el imaginario cultural de la Argentina que debieron dejar forzosamente atrás.

La polifonía que ya estaba presente en La hora de los hornos y Los hijos de Fierro encuentra en El exilio de Gardel una forma de expresión más libre y espontánea, con lugar para la música, la danza e incluso el humor. Para hablar de su película, Solanas (como su alter ego en el film, interpretado por Miguel Angel Solá) recurre al término “tanguedia”, expresión que subsume Tango + comedia + tragedia y revela el afán del cineasta por salvar las barreras que separan los distintos géneros y crear una forma original que rompa con las estéticas tradicionales.

Una operación simétrica realizó con Sur, premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes 1988, que funciona como la otra cara de una misma moneda. El escenario ahora ya no es París sino el paisaje suburbano al que regresa el protagonista (nuevamente Miguel Angel Solá), luego de años de cárcel por su militancia gremial, una situación que refleja metafóricamente el retorno del país a la democracia. “Sur es un viaje: de la prisión y de la muerte a la libertad; de la dictadura a la democracia; de la noche y la niebla al amanecer”, decía entonces Solanas, que como en su film anterior volvió a contar con la complicidad de Astor Piazzolla en la banda de sonido original, a la que sumó un collar de tangos clásicos que -en la voz de Roberto Goyeneche- van comentando la acción.

En comparación con estos clásicos modernos, El viaje (1992) y La nube (1998) no fueron films tan logrados, pero en ambos nunca dejó de ser evidente que corresponden por derecho propio a un cuerpo de obra de una singularidad absoluta en el cine argentino como es la de Solanas. En el primero, se trataba del recorrido iniciático de un adolescente fueguino, que parte desde la ciudad más austral del mundo en una aventura formativa por todo el continente sudamericano. En el segundo, el tono se volvía confesional y Solanas de alguna manera se veía reflejado en ese veterano teatrista interpretado por su amigo Eduardo “Tato” Pavslovsky, que resistía no sólo los embates del tiempo sino también de la modernidad berreta y sin memoria del craso menemismo.

La obra de Solanas recobró nuevo impulso a partir de Memoria del saqueo, Oso de Oro a la trayectoria en la Berlinale 2004, un documental que fue también la piedra basal de un enorme fresco que fue componiendo durante más de tres lustros. Los títulos de ese gran paneo por la realidad social, política y económica del país son elocuentes de cada uno de los temas que fue abordando. La dignidad de los nadies (2005), Argentina latente (2007), La próxima estación (2008), Tierra sublevada: Oro impuro (2009), Tierra sublevada: Oro negro (2010), La guerra del fracking (2013), El legado estratégico de Juan Perón (2016) y Viaje a los pueblos fumigados (2018) dieron cuenta de la resistencia del pueblo trabajador, del potencial científico y creativo del país, del abandono del ferrocarril como instrumento de comunicación y progreso, de la codicia extractivista, de las enseñanzas del líder y de la brutal contaminación de la tierra por los agrotóxicos.

Nada del país le fue ajeno a Solanas, que dejó pendiente un documental sobre la pesca y la plataforma oceánica argentina y terminado Tres en la deriva del caos, un diálogo íntimo y socrático con dos de sus muchos y grandes amigos del mundo del arte, el pintor Luis Felipe “Yuyo” Noé y el dramaturgo “Tato” Pavlovsky. “Al cine argentino le falta contacto con lo real”, reflexionaba en los últimos años. Para compensar esa falta, Solanas decidió –con esa noble ambición y esa prepotencia de trabajo que lo caracterizaban- ocuparse él mismo todos los aspectos de la compleja realidad argentina, a la que abrazó como nadie.

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Gladys La Bomba Tucumana cerró su local de empanadas en Recoleta y apuntó contra el Gobierno

La referente de la música popular dedicó un espacio para agradecer a los clientes que respaldaron el negocio regional.

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La cantante Gladys «La Bomba Tucumana» comunicó el cierre definitivo de su emprendimiento gastronómico dedicado a la venta de empanadas tucumanas, ubicado en el barrio porteño de Recoleta. La artista oficializó la noticia a través de un descargo público difundido en su cuenta de Instagram, donde expresó su tristeza por la clausura del local comercial que había iniciado con expectativas y trabajo.

La intérprete explicó que la caída del consumo y la compleja coyuntura macroeconómica tornaron insostenible el mantenimiento de la firma en la capital del país. Por su parte, la referente de la música tropical indicó que se trató de una decisión drástica que buscó evitar hasta el último momento, remarcando que se despide de un proyecto que encaró con ilusiones.

El aspecto central del mensaje estuvo enfocado en las consecuencias humanas de la medida. De acuerdo con ambas fuentes, la cantante lamentó profundamente que varias familias y personas a las que aprecia pierdan su sustento diario y su fuente de trabajo tras meses de labor continuada. En su publicación, la artista apuntó de forma explícita contra la gestión nacional, al sostener que sus colaboradores son los más perjudicados por la realidad actual y por las políticas del Gobierno.

En el cierre de su comunicado, la referente popular dedicó un espacio para agradecer a los clientes que respaldaron el negocio regional. Según consignaron los medios, expresó su gratitud por cada compra, palabra y muestra de cariño recibida durante la trayectoria del comercio en Buenos Aires.

Finalmente, la artista concluyó su mensaje con un tono de melancolía pero destacando la tranquilidad de haber dado todo en el proyecto. Tras dar a conocer la noticia, recibió numerosos mensajes de apoyo de sus seguidores y dejó abierta la posibilidad de retornar a la actividad comercial si las condiciones macroeconómicas se reestructuran en el futuro.

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Un vecino grabó el momento en el que Lali Espósito leyó sus votos en su casamiento con Pedro Rosemblat

El clip que compartió una usuaria se viralizó en las redes en tan solo minutos.

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Lali Espósito y Pedro Rosemblat se casaron este sábado en San Telmo a tres años de haberse conocido. En los últimos minutos, un vecino filmó el momento exacto en el que la cantante le leyó sus votos a su esposo y el video se viralizó.

En la filmación se logra escuchar que la estrella pop dice “Por ser tu mujer” y “las ausencias, las faltas y las decepciones son parte”.

Las imágenes fueron captadas desde la ventana de un edificio vecino a la casona antigua donde dieron el sí la estrella pop y el conductor.

Lali Espósito se casó con Pedro Rosemblat en San Telmo: la foto

Lali Espósito y Pedro Rosemblat ya son marido y mujer. La pareja dio el sí este sábado al mediodía en Casa Carlos, una casona de San Telmo que se convirtió en el altar para que sus seres queridos y amigos más íntimos sean testigos de su amor.

Los enamorados eligieron una fecha muy especial para dar otro paso en su relación. Este 31 de octubre no es nada casual, ya que se conocieron en una fiesta de Halloween hace tres años.

En las últimas horas desde la cuenta de X FandomAguerrid viralizaron la foto de la ceremonia de casamiento que hicieron al aire libre, en un jardín rodeado de abundante vegetación.

Filtraron la foto del casamiento de Lali Espósito y Pedro Rosemblat.

La postal muestra a los novios en el centro de la escena, tomados de la mano y rodeados por sus invitados, que los acompañan con aplausos y gestos de emoción.

Lali luce un vestido blanco largo, de caída fluida y con una cola que se extiende sobre el césped, mientras que el novio lleva un traje beige claro. /TN

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La muerte de la locutora Marcela Giorgi: su gran historia de amor con Mario Mazzone

La pareja se conoció en los pasillos de FM Horizonte y vivieron su amor por ocho años, hasta que el periodista de TN y El Trece murió en el año 2007. Hoy falleció la locutora de Radio Mitre

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Marcela Giorgi y Mario Mazzone compartieron ocho años de pareja, desde que se conocieron en los pasillos de FM Horizonte hasta la muerte del periodista, en 2007. La locutora de Radio Mitre falleció este sábado, y su historia volvió a ser recordada por las anécdotas y los gestos que marcaron aquel vínculo.

La noticia de la muerte de Giorgi se conoció este sábado durante una comunicación al aire con Adriana Verón. Mariel Di Lenarda, periodista y amiga de la locutora, confirmó el fallecimiento. Giorgi fue una de las voces históricas de Radio Mitre y en los últimos meses se había alejado de los micrófonos por una enfermedad.

La historia con Mazzone había comenzado en la primavera de 1999. Ambos trabajaban en FM Horizonte: ella conducía el ciclo Música y Noticias, de 7 a 9 de la mañana, y él llegaba después. En el relevo cotidiano entre los dos programas nació una relación que se extendió durante ocho años.

Al principio, Mazzone la miró fijamente y le “tiró los galgos”, según recordó Giorgi. Ella lo rechazó, aunque admitió que la iniciativa le había gustado. Él insistió, se acercó como amigo y fue ganando confianza. Antes de irse de vacaciones, se animó a decirle: “¿Sabés cómo te partiría la boca de un beso en este momento?”

Cuando volvió del viaje, ella aceptó tomar un café en el driving de Costa Salguero. Ese encuentro dio inicio a la relación. Con el tiempo, Mazzone convirtió las despedidas en una pequeña ceremonia: cuando Giorgi se iba de su departamento, él levantaba un cartel escrito a mano que decía “Te amo”. “Y apenas me iba, ya lo extrañaba”, había contado ella.

Marcela Giorgi, histórica locutora de Radio Mitre
Marcela Giorgi falleció a los 61 años.

La locutora también había recordado otra frase de los primeros tiempos de la pareja. “Estoy buscando una mujer, pero una mujer en serio”, le dijo él. Para ella, esas palabras fueron suficientes. Los dos tenían raíces italianas y, según contó, sus discusiones podían ser intensas, pero también lo eran las reconciliaciones.

El humor de Mazzone fue una de las cualidades que más la conquistó. “Siempre era muy ocurrente”, decía Giorgi. Él solía bromear con su gusto por las “morochas bien boconas” y explicaba con picardía: “¿Por qué creés que la elegí a Marce?”.

Mazzone había jugado al rugby en Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, y luego encontró en el golf una nueva pasión. También logró que Giorgi se interesara por ese deporte. Él la llamaba “Muñequex”; ella lo nombraba como “Mi amor”, “Negro” o “Tiger”, por su admiración por el golfista Tiger Woods.

Nacido en San Telmo, en la calle Venezuela, Mazzone era para ella un hombre sencillo y adaptable. “Buen hijo, buen padre, y se adaptaba a cualquier circunstancia”, lo definió. También reconocía que era coqueto y que a veces usaba su aspecto para agradar a otras mujeres.

En sus días libres, la pareja viajaba. Río de Janeiro era uno de sus destinos preferidos, mientras que Mazzone mantenía una cita anual con Miramar, donde se encontraba con sus amigos de toda la vida. Entre los viajes y las jornadas de radio, Giorgi atesoraba una dedicatoria que él le había escrito: “Te amo, con vos soy feliz”.

En julio de 2006, Mazzone comenzó a sentir un dolor en la cadera y recibió un diagnóstico de cáncer. Giorgi contó que él enfrentó la enfermedad con voluntad y que nunca solía mostrar debilidad. Ella permaneció a su lado junto con las hijas del periodista, Florencia y Lucía; su madre, conocida como Bochita, y su hermana.

Marcela Giorgi continuó su carrera en Radio Mitre
Tras la muerte de Mazzone, Giorgi siguió trabajando y se convirtió en una de las voces más recordadas de Radio Mitre.

El domingo 20 de mayo de 2007, Mazzone condujo su programa Mirá vos, en Radio Continental, y luego manejó hasta Pilar Golf. Había comprado pelotitas y se dirigía al campo cuando se desplomó. Giorgi contó que no llegó a decirle que se sentía mal. Dos amigos que los acompañaban —uno de ellos médico— intentaron asistirlo y llegó una ambulancia, pero no pudieron salvarlo. Tenía 48 años.

Según el relato de Giorgi, Mazzone sufría una trombosis en una pierna, asociada a la medicación que recibía durante el tratamiento oncológico. Su muerte interrumpió una relación de ocho años y dejó a la locutora con los recuerdos de una vida compartida.

“No puedo creer que ya no esté a mi lado”, había dicho Giorgi. Y agregó: “A Mario siempre lo voy a llevar en el corazón, hasta que nos reencontremos. Cuando estoy muy, pero muy triste, me consuelo pensando que fue el hombre de mi vida, el que me hizo vivir los mejores años”.

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