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Murió el periodista y conductor televisivo Gerardo Rozin a los 51 años

Se definía a sí mismo como “rosarino, judío, de Central, periodista y productor”. Esta noche se confirmó su muerte luego de luchar contra una grave enfermedad.

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Gerardo Rozín fue, esencialmente, un tipo inquieto. Por naturaleza y por opción. No había en su cabeza nada “naturalizado”. Tampoco nada de lo que sucedía en el mundo que lo rodeaba le era indiferente. Su curiosidad patológica lo convirtió en un rara avis mediático, universo en el que fue periodista gráfico, luego productor televisivo, más tarde columnista y desde hace años conductor de radio y TV. Desprejuiciado, construyó una carrera en la que atravesó distintos roles y diferentes géneros. Fue un militante de la entrevista, categoría periodística en la que con eficacia lograba desconcertar a los entrevistados con la “pregunta animal” o crear climas de intimidad en el que los invitados se olvidaban de las cámaras para confesar sus más celosos secretos. Rozín, que murió este viernes a los 51 años como consecuencia de una enfermedad que nunca quiso que se hiciera pública, fue un gran preguntador.

Se crio en el séptimo piso del número 1669 de la calle 9 de Julio de Rosario. El dato no hay que buscarlo demasiado. Se puede encontrar en cualquier entrevista que haya dado. Lo repetía con orgullo. Era su lugar en el mundo. Siempre que podía volvía a Rosario, el lugar más lindo del mundo cómo solía decir.

Nació el 18 de junio de 1970 en el Hospital Británico de Rosario. En su casa de infancia no sobraba nada. Y a veces hasta faltaba algo. Pero él fue feliz. Sus padres se separaron cuando él era chico en una época en que eso no era frecuente. Su madre era la típica Idishe Mame, sobreprotectora y omnipresente. “Mi papá también fue un padre presente, pero yo me crie muy pegado a mi vieja, y participaba más de ese mundo. La vi a mi vieja trabajar en guardias en inmobiliarias, agencia de publicidad, llevando avisos al diario La Capital. La vi hacer tortas y venderlas, la vi en una heladería, la vi al frente de una empresa familiar, la vi hacer guita al frente de una empresa familiar, la vi empresaria, la vi laboralmente de muchas maneras”, contó alguna vez.

El periodista supo crear una exitosa carrera a lo largo de su vida (Vero Guerman - Teleshow)El periodista supo crear una exitosa carrera a lo largo de su vida (Vero Guerman – Teleshow)

Su educación fue estatal y estaba muy agradecido a ella. La primaria la hizo en el Mariano Moreno de su ciudad (“No fui al Moreno. Soy del Moreno”) y el secundario en la Escuela Superior de Comercio.

Alguna vez, en esos años, mientras veía la serie Quincy creyó que cuando fuera grande quería emular a su protagonista y convertirse en anatomopatólogo, mezclar la ciencia con lo detectivesco. Pero muy pronto descubrió que también lo fascinaban otras series, otros programas, los noticieros. Lo que le gustaba era la televisión. En el secundario junto a un amigo se preocupó por lo que era, por esos días, el tema del momento. Lo que había pasado durante la Dictadura y, en especial por su peor consecuencia, los desaparecidos. En tiempos sin internet, necesitó saber quiénes habían desaparecido en su ciudad. Así, antes de la Conadep, hizo esa pesquisa local preguntando a un kiosquero, que lo remitía a un vecino, que le pasaba el nombre de un almacenero que le hablaba finalmente de un militante secuestrado. Esa lista escrita a mano, con letra adolescente, en una hoja número tres de un repuesto Rivadavia fue aportada a las organizaciones de Derechos Humanos en los meses previos al triunfo de Alfonsín. Fue periodista antes de ser consciente de que lo era.

Nació el 18 de junio de 1970 en el Hospital Británico de RosarioNació el 18 de junio de 1970 en el Hospital Británico de Rosario

Con 12 años a él no le llamaban la atención El Tony, D’Artagnan o cualquier otra revista de historietas de la escudería Columba. El Gerardo que dejaba la niñez leía la Revista Humor con fascinación. Sus primeros trabajos fueron como redactor publicitario. Luego transitó varias redacciones rosarinas. Se hizo un nombre en la gráfica de su ciudad. Se destacó en Rosario/12. Pasada la mitad de la década del noventa le llegó lo que el nombró (y vivió) como el exilio, el llamado desde Buenos Aires; la atracción de un medio nacional. Dejó Rosario tras un trabajo mejor, que significaba también un desafío mayor: ser editor en el flamante diario Perfil. Pero la aventura, se sabe, duró poco. Luego llegó el llamado para trabajar en la producción de un nuevo programa de Nicolás Repetto. La propuesta parecía muerta antes de empezar. El sábado a la noche era un horario televisivo opaco, casi residual; la audiencia era escasa. Pero Repetto con su mesa enorme en U, el corchito, las secciones híper producidas y la pregunta animal provocó una pequeña revolución y lideró el rating. Gerardo Rozín no sólo oficiaba de productor. También tenía un rol delante de las cámaras. Como co-equiper no se sentaba al lado del conductor. Su lugar, extraño, era en una de las puntas de la mesa. Y eso no era para hacer un movimiento de pinzas que envolviera al invitado entre preguntas de Repetto y su compañero. Tenía una explicación mucho más prosaica. Hacía pocos meses que Gerardo se había quedado completamente sordo de un oído: el stress de la experiencia fallida en el diario porteño le dejó esa secuela permanente. Y esa, la del extremo, era la única posición desde la que podía escuchar bien al resto, con su oído bueno hacia la mesa sabatina. El intento (exitoso) para salvar la audición del otro oído incluyó un estricto tratamiento con corticoides que lo hizo aumentar más de treinta kilos sobre su peso habitual. Así su primera experiencia delante de cámaras fue en uno de los programas más exitosos, acostumbrándose a la pérdida de audición y con un aspecto físico con el que no se sentía cómodo. Pero eso no lo amedrentó. La pregunta animal se convirtió en una marca registrada.

También es muy recordado la noche en que apareció desnudo en homenaje a uno de los invitados, tal vez el nudista más célebre de estas tierras, Rolando Hanglin. Luego tuvo su propio programa de entrevistas y fue el productor general y se sentó en la mesa de Mariano Grondona cuando el doctor competía palmo a palmo con Jorge Lanata. En algún momento circuló el rumor (luego convertido en leyenda) que dos publicistas devenidos guionistas y productores televisivos se apropiaron de una idea suya. Él, como siempre, superó el tema con elegancia y sin confirmar los trascendidos.

Durante unos meses fue el gerente de programación de Canal 9. Condujo programas periodísticos en el mismo canal y en C5N cuando eran propiedad de Daniel Hadad. También participó de Tres Poderes, un programa periodístico con Maxi Montenegro y Reynaldo Sietecase y llevó adelante Esta Noche, ciclo nocturno que los viernes se transformaba en Esta Noche, Libros.

Rozín en sus comienzos en la redacción de Rosario/12Rozín en sus comienzos en la redacción de Rosario/12

Cuando alguna vez en medio de las disputas periodísticas por la grieta le pidieron su opinión sobre el estado del periodismo, respondió: “El militante trabaja para un proyecto y se tiene que comer los sapos del proyecto que banca, que es algo superior a ese sapo. Pero cuando vos sos periodista, hay cosas que no podés bancar porque es muy choto mentirle a la gente. Por eso creo que hay una contradicción entre ser periodista y ser militante”.

En sus entrevistas primaba la empatía. Más allá del yeite de La Pregunta Animal, el segmento en el que se lucía en Sábado Bus que luego se independizó, había una profunda vocación de escuchar. Como los buenos escritores, Rozín evitaba juzgar a su personaje (en este caso su interlocutor), trataba de entenderlo. Y buscaba siempre una buena historia. Con humor y hasta algo de cariño provocaba las confesiones pero no las incómodas, las que se parecen a un sinceridio, las que provocan el arrepentimiento posterior, sino aquellas que surgen desde la ternura y la emoción. Nunca subestimó al que tenía enfrente ni pretendió mostrarse –como tantos- más vivo que el otro. Él invitaba a su casa y el huésped debía sentirse bien.

Sabía escuchar, una virtud casi en desuso -no sólo en la televisión. Tal vez esa habilidad se desarrolló tras la pérdida de audición de un oído: un sentido se potencia cuando se pierde otro (aunque en este caso fuera el mismo). O quizá fuera fruto del esfuerzo por no perderse nada, por estar al acecho de las buenas historias.

Por eso funcionó también, el ciclo Gracias por estar, Gracias por venir que tenía en el atardecer de los sábados junto a Julieta Prandi, en el que además de las secciones fijas producidas con obsesión infaltables en sus programas, se centraba en homenajear a un gran personaje de la vida artística argentina. Las más importantes figuras pasaron por ahí. Ese ciclo muestra otras de las claves de su trabajo: el de retomar antiguas y eficaces ideas y aggiornarlas sin traicionar su esencia. Se podría pensar que el formato del tributo y repaso de una trayectoria no tenía más para dar en tiempos más veloces, que ya había sido agotado por Blackie varias décadas antes. Pero él con sus picos de más de 20 puntos de rating demostró lo contrario. Además la premisa parecía antagónica con el espíritu televisivo de la época. Mientras a su alrededor lo que predominaba era la confrontación, la pelea, el escándalo, Rozín, con Gracias por estar, Gracias por venir, quería tan sólo mostrar gratitud. “Este programa tiene una sola idea: pensamos que decir gracias está buenísimo” decía, simplificando de manera engañosa un enorme trabajo de conducción y una habilidad natural para la construcción de climas y para entender lo que sucede en el momento; porque esa virtud que acompañó a todos los grandes conductores televisivos también la ostentó: buenos reflejos para responder al imprevisto del momento, para aprovechar una circunstancia inesperada en pos del show.

Gerardo Rozín junto a Reynaldo SietecaseGerardo Rozín junto a Reynaldo Sietecase

En los últimos años triunfó también en Telefé con Morfi y La Peña del Morfi. Con varias co- conductoras el formato se fue centrando en lo culinario, en las conversaciones o en la música según el caso. Siempre reinó el buen ánimo, el espacio para la conversación y la alegría. Cuando parecía que el formato musical estaba muerto en la televisión local, él logró resucitarlo. Cantantes de todos los géneros pasaron por su programa: De Serrat a Sandra Mihanovich, de Carlos Vives a Luciano Pereyra. En la tradición de Badía y de su admirado Juan Carlos Mareco –al que veía en los mediodías de su infancia tras volver del colegio- Morfi y sus derivados volvieron a conseguir que grandes artistas se lucieran y se sintieran cómodos.

Era un productor inquieto. Con ideas que probaba y no temía descartar si no funcionaban. Pero sus rasgos distintivos como hombre frente a las cámaras eran otros. El entusiasmo: siempre parecía disfrutar de lo que hacía. En sus programas sobrevolaba una alegría genuina; no la energía impostada y exagerada que habita la mayoría de los shows televisivos desde hace décadas en las que el grito para ser una obligación. Nunca trataba de demostrar que era mejor que el espectador, no subestimaba a su público. Él quería entretenerlos. Y lo lograba. Procuraba hacerlo con risas, buena fe y una inteligencia serena, infrecuentemente poco prepotente para el medio. En una televisión cada vez más canchera y sobradora, Rozín procuraba pasar desapercibido, hacer lucir al resto. “Mis programas mejoraron desde que la curiosidad le ganó a la acidez barata y provocadora”, declaró.

No tenía el physique du rol para triunfar en la televisión. Era bajo, algo excedido de peso para los parámetros apolíneos en el que se mueven los conductores, estaba lejos de ser un metrosexual. Sin embargo eso no fue determinante. Su energía traspasaba la pantalla. Evitaba el periodismo de periodistas. “Yo soy cocinero, no crítico gastronómico. Hago los platos que me gustan a mí y no opino de lo que cocinan los otros. No me gusta hablar de los colegas. Cada uno hace las propuestas que siente. Hago los programas que están dentro de mis sistemas de valores. Afortunadamente hoy puedo elegir. Pero cuando no podía elegir, tampoco me traicionaba” dijo cuando ya era un conductor y productor cotizado. Prefería reconocer a quienes admiraba y a los que lo habían ayudado. Se acordaba de Osvaldo Bazán que le había conseguido sus primeros trabajos en publicidad en Rosario, de Nicolás Repetto, de Gustavo Yankilevich y de tantos otros.

Gerardo Rozín junto a Jesica Cirio en La peña de MorfiGerardo Rozín junto a Jesica Cirio en La peña de Morfi

Conocía los programas de Fabián Polosecki y reivindicaba su paso por la televisión, el aporte de Polo a una nueva gramática televisiva, pero también rescataba, con orgullo, a aquellos que habían triunfado en el mainstream. De Romay a Mareco, De Antonio Carrizo a Nicolás Repetto. No vivía en el éxito con culpa ni sentía que debía justificarse por intentar, con buenas armas, tener una audiencia masiva.

Citaba con fluidez a Roberto Fontanarrosa, Saer o Proust, venerar a Aldo Pedro Poy o al maestro Ángel Tulio Zof, admirar a Serrat o a Les Luthiers. Se casó con Mariana Basualdo con quien tuvo a Pedro que hoy tiene 18 años. En 2008 contrajo matrimonio con Carmela Bárbaro, madre de su hija Elena de 7 años.

El año pasado debió abandonar la conducción de su programa televisivo para afrontar sus problemas de salud. Volvió al mes con la misma alegría y fortaleza de siempre. Días atrás, el canal comunicó que Iván de Pineda estaría al frente del programa mientras Gerardo solucionaba problemas personales.

Gerardo Rozín, que se definía como rosarino, judío, de Central, periodista y productor, se despide temprano, con tan sólo 51 años. Esta muerte (muy) prematura provoca el dolor de la pérdida de alguien que todavía tenía mucho para entregar, con la energía creativa para diseñar proyectos novedosos. Y también la tristeza por reconocer que Rozín era uno de esos que no abundan: por su inteligencia, por sus modos, por su búsqueda, por el merecido cariño y fidelidad que el público le profesaba. Pero, por otra parte, al repasar su trayectoria descubrimos que en las últimas décadas su actividad fue muy prolífica y productiva, que no tuvo cuentas pendientes en su profesión.

Gerardo Rozín fue un gran productor televisivo, un conductor cálido y eficaz. Alguien que tenía virtudes que están escaseando: pensaba, trabajaba con pasión, reía y, principalmente, sabía escuchar.

Fuente Infobae

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María Becerra cantaría el himno argentino en la final del Mundial

Así trascendió en torno a los organizadores del encuentro, aunque aun no hubo confirmación oficial.

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María Becerra fue confirmada este sábado como la intérprete del Himno Nacional Argentino en la final del Mundial entre Argentina y España, que se disputará este domingo en el MetLife Stadium. La designación se conoció horas antes del partido, luego de que la artista modificara su agenda en España y alimentara las especulaciones sobre su presencia en el evento.

La noticia fue ratificada por fuentes de la organización y por periodistas acreditados en el estadio, quienes aseguraron haber escuchado ensayos con la voz de la cantante durante las pruebas de sonido. “Sonó fuerte, con energía, con el tono que requiere una final”, señaló un enviado especial de la TV Pública.

Becerra tenía previsto presentarse este sábado en el Festival Bigsound, en Pontevedra, pero adelantó su show dos horas y media. Los organizadores informaron que el cambio respondía a “motivos de agenda”, lo que reforzó las versiones sobre su viaje inmediato a Estados Unidos. Según medios españoles como La Voz de Galicia, la artista abandonó el predio apenas finalizada su actuación.

La elección de Becerra se habría impuesto sobre otros nombres que circularon en las últimas horas, entre ellos Soledad Pastorutti, Lali Espósito, Tini Stoessel y Andrés Calamaro. Fuentes de la AFA citadas por TyC Sports indicaron que la organización buscaba una figura “de alcance internacional” y con fuerte presencia en plataformas digitales, criterios que terminaron favoreciendo a la cantante de 24 años.

La ceremonia previa incluirá también la interpretación del himno español por una artista europea cuya identidad aún no fue confirmada. Según ESPN Brasil, la FIFA decidió mantener reserva hasta último momento para evitar filtraciones, como ocurrió en finales anteriores.

Becerra se convertirá en la primera artista argentina en interpretar el himno en una final mundialista disputada fuera del país. La cantante viajó acompañada por parte de su equipo técnico y se espera que realice una breve aparición en la zona mixta tras la ceremonia.

FUENTE: Agencia NA

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Murió San Neill a los 78 años, el inolvidable protagonista de Jurassic Park

El reconocido actor neozelandés falleció en Sídney, Australia. Su familia informó que la muerte fue repentina y destacó que estuvo acompañado por sus seres queridos.

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El actor Sam Neill murió en Sídney, Australia, el lunes 13 de julio, según informó la familia en una publicación en sus redes sociales. El intérprete, conocido por su trabajo en la franquicia Jurassic Park y la serie Peaky Blinders, tenía 78 años.

En el mensaje, difundido la noche del domingo, la familia confirmó que la muerte fue “repentina e inesperada” y pidió privacidad mientras atravesaban el duelo. También señaló que Neill “estuvo rodeado de su familia” y “murió con la dignidad que caracterizó toda su vida”.

Neill nació como Nigel John Dermot Neill en 1947 en Omagh, Irlanda del Norte, hijo de madre inglesa y padre neozelandés que servía en el ejército británico. La familia se mudó a Nueva Zelanda en 1954, y él adoptó el nombre Sam a los 12 años porque había varios Nigels en su escuela.

Estudió en Christchurch y, tras un año que calificó de “catastrófico” en la carrera de derecho, se inclinó por la actuación en producciones de la Universidad de Canterbury. Luego se trasladó a Wellington para integrarse como actor profesional a Downstage Theatre, donde, contó, recibió $35 a la semana y comida sobrante de la cocina.

Tras trabajos en televisión local, su papel de despegue llegó con Sleeping Dogs (1977), la primera película neozelandesa en estrenarse en Estados Unidos. Después encabezó My Brilliant Career (1979) y sumó créditos como Omen III (1981), Possession (1981), Evil Angels (A Cry in the Dark) (1988) y The Hunt for Red October (1990).

El gran salto de Sam Neill se dio en la película ‘Sleeping Dogs’ de 1977

Su proyección internacional se consolidó en 1993 con dos títulos: The Piano, de Jane Campion, ganadora del Oscar, y Jurassic Park, de Steven Spielberg, donde interpretó al Dr Alan Grant. Cabe mencionar que el rol había sido ofrecido originalmente a Harrison Ford.

El recuento del medio también incluyó más de 150 créditos en cinco décadas, con trabajos como Dead Calm, The Jungle Book, In the Mouth of Madness, Event Horizon, Bicentennial Man, The Dish y Peter Rabbit. También fue candidato para suceder a Roger Moore como James Bond, hizo una prueba de pantalla en 1986 y el papel quedó en manos de Timothy Dalton.

En 2016 actuó en Hunt for the Wilderpeople, éxito que The Guardian describió como el despegue de Taika Waititi y que derivó en cameos para Neill en Thor: Ragnarok y Thor: Love and Thunder. En televisión, participó en Peaky Blinders como el mayor Chester Campbell, además de The Twelve, The Tudors y episodios de The Simpsons y Rick and Morty; fue nominado al Globo de Oro por su interpretación del espía Sidney Reilly en la miniserie Reilly, Ace of Spies (1983).

Sam Neill se convirtió en un referente de la cultura pop en la década de los 90’s gracias a su protagónico en la saga de ‘Jurassic Park’ en el papel de Alan Grant, papel que originalmente iba a ser destinado a Harrison Ford

Sus últimos años: memorias, quimioterapia y una cláusula de tratamiento

En 2023, Neill reveló en sus memorias Did I Ever Tell You About This? que recibió quimioterapia durante un año tras ser diagnosticado con etapa tres de linfoma T angioinmunoblástico en 2022. Para cuando el libro se publicó, su cáncer estaba en remisión, pero continuó con quimioterapia mensual el resto de su vida.

El actor también contó que firmó un contrato con una farmacéutica: si seguía vivo después de cuatro meses, el tratamiento sería gratuito. “No tengo miedo de morir, pero me molestaría”, dijo Neill a The Guardian en 2023. “Me gustaría otra década o dos”.

En esa entrevista, afirmó que temía la idea del retiro. “Parte tiene que ver con venir de un lugar pequeño, el lugar más desconocido del mundo, tan lejos de todo como se puede estar, y que te pidan hacer algo con dimensión internacional. ¿Qué tan seductor es eso?”, dijo a The Guardian.

Fue en 2023 cuando Sam Neill reveló que había sido diagnosticado con cáncer, además de compartir detalles de un tratamiento experimental

Neill vivió en una granja y bodega llamada Two Paddocks, en la región vinícola de Central Otago. La describió como “un negocio ridículamente demandante de tiempo y dinero”, y contó que nombró a algunos animales de la granja con nombres de colegas, como Laura Dern, Kylie Minogue y Helena Bonham Carter.

Fue nombrado Officer of the Order of the British empire en 1991 por sus servicios a la actuación y Distinguished Companion of the New Zealand Order of Merit en 2007. Años después, con un cambio en el sistema de honores de Nueva Zelanda, aceptó la distinción de caballero y obtuvo el título de sir en 2022.

Neill dijo en tono de broma que su vida familiar fue “algo desordenada” por su carrera. Le sobrevivieron sus cuatro hijos y seis nietos: Andrew, Tim, Elena y Maiko.

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Murió Ramiro Agulla, uno de los publicistas más influyentes de la Argentina

Había sido creador de las campañas publicitarias y políticas más famosas y recordadas del país.

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El publicista Ramiro Agulla, referente de la industria publicitaria argentina y creador de algunas de las campañas comerciales y políticas más recordadas de las últimas décadas, falleció este miércoles y hasta el momento no se informaron las causas de su fallecimiento.

Agulla fue uno de los fundadores de la histórica agencia Agulla & Baccetti, junto a Carlos Baccetti, desde donde impulsó piezas que marcaron una época y trascendieron el ámbito publicitario para convertirse en fenómenos populares.

Tras conocerse la noticia, Baccetti lo despidió con un mensaje en redes sociales: «Un prócer que se fue un 9 de julio. Hasta eligió bien la fecha».

Entre las campañas más emblemáticas de su carrera se encuentran «La llama que llama», para Telecom; «Gueropa», para Renault Clio; además de trabajos para marcas como Coca-Cola, Quilmes, OCA, Banco Itaú e YPF.

En el ámbito político, su nombre quedó asociado a la campaña presidencial de Fernando de la Rúa en 1999, cuando ideó el recordado spot «Dicen que soy aburrido», considerado una de las piezas más representativas del marketing político en la democracia argentina.

A lo largo de su trayectoria también asesoró a dirigentes como Carlos Menem, Francisco de Narváez, el ex presidente chileno Sebastián Piñera, el ex mandatario mexicano Vicente Fox y el senador estadounidense John McCain.

Consultado en distintas oportunidades sobre su trabajo con referentes políticos, Agulla solía remarcar: «Yo no soy político. Soy publicitario. Hago anuncios, soy el chico del delivery».

Nacido en Río Gallegos y criado en la ciudad de Buenos Aires, estudió publicidad en la Asociación Argentina de Agencias de Publicidad y recibió numerosos reconocimientos por su aporte creativo, siendo considerado uno de los principales impulsores del prestigio internacional alcanzado por la publicidad argentina

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