El deporte argentino despidió este sábado a una de sus figuras más trascendentes fuera de las canchas. Falleció Horacio Muratore, el dirigente tucumano que transformó la historia del básquet nacional y que llegó a convertirse en el único argentino en presidir la Federación Internacional de Básquet (FIBA), el máximo organismo de este deporte a nivel mundial.
Su muerte provocó una profunda conmoción en el ambiente deportivo, donde era reconocido como uno de los grandes arquitectos del crecimiento del básquet argentino durante las últimas décadas. Desde un club de barrio en San Miguel de Tucumán hasta la conducción de la entidad que gobierna el básquet mundial, Muratore construyó una trayectoria excepcional basada en el trabajo, la planificación y una pasión inquebrantable por el deporte.
Nacido en San Miguel de Tucumán el 29 de noviembre de 1951, era contador público egresado de la Universidad Nacional de Tucumán, donde además desarrolló una extensa carrera como docente y ocupó distintos cargos de gestión académica durante casi tres décadas. Sin embargo, su verdadera vocación siempre estuvo ligada al básquet.
Su historia comenzó en Tucumán BB, el club fundado por su padre y al que siempre consideró su segunda casa. Allí fue jugador y posteriormente dirigente, antes de asumir la presidencia de la institución. Ese fue el primer escalón de una carrera que lo llevaría mucho más lejos de lo que cualquiera hubiera imaginado.
Entre 1983 y 1992 presidió la Federación Tucumana de Básquet, donde impulsó el desarrollo de la disciplina en la provincia. Luego, en 1992, asumió la conducción de la Confederación Argentina de Básquet (CABB), cargo que ejerció durante 16 años. Fue precisamente durante esa etapa cuando el básquet argentino vivió la época más brillante de su historia.
Mientras Muratore conducía la CABB, surgió la inolvidable Generación Dorada, el equipo encabezado por Emanuel Ginóbili, Luis Scola, Andrés Nocioni, Fabricio Oberto y Pepe Sánchez que revolucionó el deporte argentino. Bajo esa gestión llegaron el subcampeonato mundial en Indianápolis 2002, la histórica medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y posteriormente el bronce en Beijing 2008, logros que colocaron a Argentina entre las grandes potencias del básquet mundial.
Muratore siempre sostuvo que aquellos éxitos no fueron producto de la casualidad, sino de un proyecto de largo plazo basado en la organización, las divisiones formativas y la continuidad institucional.
Su crecimiento dirigencial no se detuvo allí. También presidió la Confederación Sudamericana de Básquet, fue titular de FIBA Américas y vicepresidente de la entidad internacional hasta que, el 29 de agosto de 2014, durante el Congreso realizado en Sevilla, fue elegido por unanimidad como presidente de la FIBA, convirtiéndose en el primer argentino en alcanzar el cargo más importante del básquet mundial.
Durante sus cinco años al frente de la FIBA impulsó una de las reformas más profundas en la historia del deporte. Lideró el nuevo sistema de clasificación para los Mundiales mediante ventanas internacionales, promovió la expansión del básquet 3×3, trabajó en la modernización de las competencias internacionales y fortaleció la presencia del básquet en nuevos mercados. Su gestión fue ampliamente reconocida por las federaciones nacionales.
Al finalizar su mandato, en 2019, las 156 federaciones nacionales que integran la FIBA lo distinguieron por unanimidad con el título de Presidente Honorario, un reconocimiento reservado para quienes dejaron una huella excepcional en la historia del organismo.
Pese a haber alcanzado la máxima conducción del básquet mundial, Muratore nunca dejó de identificarse con Tucumán. Regresó a la provincia, publicó el libro «Una vida por el básquetbol» y continuó participando de actividades deportivas y académicas, compartiendo su experiencia con las nuevas generaciones de dirigentes.
En diciembre de 2024, durante la Fiesta del Deporte, recibió una distinción por su trayectoria y dejó una frase que hoy resume toda una vida dedicada al deporte:
«Siempre cumplí con lo que dije que iba a hacer. No hay otro secreto.»
Con su fallecimiento desaparece uno de los dirigentes deportivos más importantes que dio la Argentina. Pero su legado permanecerá vivo en cada logro del básquet nacional, en la historia de la Generación Dorada y en el reconocimiento internacional que ayudó a construir desde Tucumán para el mundo.