Política

Renunció Manuel Adorni y Diego Santilli suena como su reemplazo para ser el nuevo Jefe de Gabinete

La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete representa ahora el principal cambio político del Gobierno desde el inicio de la gestión libertaria.

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Después de más de tres meses en el centro de una profunda crisis política, mediática y judicial, Manuel Adorni presentó este sábado su renuncia como jefe de Gabinete de la Nación, poniendo fin a una de las etapas más turbulentas del gobierno de Javier Milei. El funcionario, que durante semanas fue sostenido públicamente por el Presidente y por Karina Milei pese al creciente escándalo por su patrimonio, terminó dejando el cargo cuando ya había perdido prácticamente todo el respaldo interno y enfrentaba un escenario político insostenible.

La decisión se produjo en medio de una fuerte presión de ministros, legisladores oficialistas y dirigentes libertarios que consideraban que la continuidad de Adorni perjudicaba la gestión y condicionaba el funcionamiento del Gobierno. A esa situación se sumaba la inminente discusión en el Congreso de una moción de censura e interpelación, impulsada por la oposición, que amenazaba con convertirse en una nueva derrota política para la Casa Rosada.

El Gobierno ya tiene decidido quién será el sucesor. El actual ministro del Interior, Diego Santilli, asumirá la Jefatura de Gabinete, en una movida que busca descomprimir la crisis y otorgarle mayor capacidad política a la administración libertaria para negociar con gobernadores, bloques legislativos y sectores de la oposición dialoguista.

La salida de Adorni se formalizó mediante una extensa carta dirigida a Javier Milei. «Gracias por entender las razones y entenderme a mí. Por primera vez desde aquel 10 de diciembre de 2023 estoy yendo en contra de sus deseos», escribió el ahora exfuncionario, quien aseguró que abandonaba el cargo para preservar a su familia del «hostigamiento» y de las denuncias que, según sostuvo, afectaron profundamente su vida personal.

En otro tramo de la carta insistió en que nunca cometió hechos de corrupción y sostuvo que fue víctima de una campaña de desprestigio. «Me han tratado de delincuente y corrupto sin un solo hecho de corrupción sobre mis espaldas», afirmó, antes de cerrar con un mensaje de despedida en el que aseguró retirarse «con la conciencia tranquila y firme en sus convicciones».

Sin embargo, puertas adentro del Gobierno la situación ya era irreversible. Durante las últimas semanas comenzaron a multiplicarse las críticas de integrantes del gabinete, quienes entendían que el escándalo patrimonial había dejado de ser un problema exclusivamente personal para transformarse en un obstáculo para toda la administración nacional. En la Casa Rosada reconocían que la agenda del Gobierno estaba completamente dominada por las revelaciones sobre el patrimonio del jefe de Gabinete y que cada nueva explicación generaba más interrogantes que respuestas.

El deterioro político comenzó a acelerarse en marzo, cuando trascendió que su esposa, Bettina Angeletti, quien no ocupa ningún cargo público, integró la comitiva oficial que viajó con Javier Milei a Nueva York para participar de la denominada «Semana Argentina». Las imágenes de ambos recorriendo la ciudad y las posteriores explicaciones del funcionario, quien sostuvo que necesitaba la compañía de su esposa porque debía «deslomarse» trabajando durante varios días, provocaron una fuerte repercusión pública y fueron interpretadas como una contradicción con el discurso de austeridad que impulsa el oficialismo.

Pocos días después apareció un nuevo episodio que profundizó el desgaste: un video mostró a Adorni abordando un vuelo privado hacia Punta del Este durante el fin de semana largo de Carnaval junto a su familia y al empresario Marcelo Grandio, contratista de la TV Pública. La utilización de ese avión privado abrió nuevos cuestionamientos sobre su estilo de vida y alimentó las críticas de la oposición.

La polémica continuó creciendo cuando trascendió la existencia de una vivienda en el country Indio Cua, en Exaltación de la Cruz, escriturada a nombre de su esposa y que no figuraba en la declaración jurada presentada ante la Oficina Anticorrupción. A ello se sumaron las revelaciones sobre un nuevo departamento en el barrio porteño de Caballito y una compleja operatoria financiera para su adquisición mediante una hipoteca otorgada por dos jubiladas.

Lejos de despejar las dudas, las explicaciones públicas del funcionario fueron consideradas insuficientes tanto por la oposición como por buena parte del propio oficialismo. En una conferencia de prensa realizada en Casa Rosada, Adorni protagonizó además un fuerte cruce con periodistas acreditados y lanzó la frase «Sos apenas un periodista», que rápidamente se convirtió en uno de los episodios más recordados de su paso por el Gobierno.

Su comparecencia ante la Cámara de Diputados tampoco logró revertir la situación. Allí aseguró haber cumplido con todas las exigencias previstas por la Ley de Ética Pública y afirmó que jamás había ocultado bienes patrimoniales. Sin embargo, esa declaración quedó rápidamente desmentida por la aparición de nuevos datos sobre propiedades y activos que no figuraban en sus presentaciones oficiales.

La situación terminó de agravarse cuando, en sede judicial, un contratista declaró que las remodelaciones realizadas en la vivienda del country habrían demandado aproximadamente 245.000 dólares, pagados en efectivo y en moneda estadounidense. Entre las obras mencionadas figuraban importantes mejoras estructurales y la construcción de una cascada sobre la piscina de la propiedad.

Mientras tanto, el funcionario demoró durante semanas la actualización de su declaración jurada ante la Oficina Anticorrupción y los organismos fiscales. Cuando finalmente presentó la documentación, explicó que una parte importante de su patrimonio provenía de una herencia en dólares encontrada en la vivienda de su padre fallecido y de una inversión realizada en bitcoins en 2014, cuando las criptomonedas todavía tenían un valor muy inferior al actual. Las explicaciones no lograron convencer ni a la oposición ni a buena parte del oficialismo.

La presión política también comenzó a sentirse dentro del Congreso. La oposición preparaba una interpelación y una moción de censura que amenazaban con exponer aún más al Gobierno, mientras que el oficialismo enfrentaba crecientes dificultades para avanzar con proyectos legislativos debido a la permanencia de Adorni en el gabinete.

Durante los últimos días incluso comenzaron a registrarse movimientos internos que anticipaban el desenlace. La renuncia del secretario de Prensa, Javier Lanari, y la designación del economista Adrián Ravier como nuevo vocero presidencial fueron interpretadas como señales de que la administración Milei ya preparaba una profunda reorganización del área política y de comunicación.

Aunque Javier Milei insistió hasta último momento en respaldar públicamente a su jefe de Gabinete e incluso sostuvo desde España que solamente lo removería si la Justicia comprobaba un delito, la presión interna terminó inclinando la balanza. Con el regreso del Presidente al país, Karina Milei coordinó los detalles de la transición y terminó aceptando la renuncia.

La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete representa ahora el principal cambio político del Gobierno desde el inicio de la gestión libertaria. El actual ministro del Interior asumirá la coordinación política del Ejecutivo con la misión de recomponer la relación con el Congreso, recuperar la iniciativa legislativa, fortalecer el diálogo con gobernadores y estabilizar un gabinete que durante los últimos meses quedó completamente atravesado por la crisis generada alrededor de Manuel Adorni.

La salida del exjefe de Gabinete marca así el cierre de uno de los capítulos más conflictivos del gobierno de Javier Milei y abre una nueva etapa en la que el oficialismo apuesta a que Diego Santilli pueda reconstruir la conducción política de la administración nacional y dejar atrás un escándalo que durante meses condicionó la agenda del Poder Ejecutivo.

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