La agroexportadora Bunge anunció en el inicio de esta semana el cierre de su fabrica de fertilizantes líquidos ubicada en la localidad de Campana. La medida implicará alrededor de 130 despidos directos, pero si se cuentan los indirectos se llega a 200 puestos de trabajo. Estiman que la firma reemplazará la producción nacional por material importado.
La planta se dedicaba a la fabricación de fertilizantes líquidos, principalmente tiosulfato de amonio y tiosulfato de potasio. Además, según indica el portal especializado Bichos de Campo, destinaba parte de su capacidad a procesar amoníaco, una materia prima fundamental para la elaboración de fertilizantes nitrogenados.
La fábrica se ubica en la localidad de Campana, en la provincia de Buenos Aires, sobre la ruta 9, a la altura del kilímetro 79,4. Las actividades allí se estaban desarrollando con normalidad hasta que este lunes por la tarde la empresa comunicó el cese de las operaciones y el personal del turno noche ya no pudo ingresar al establecimiento.
El diario Ámbito Financiero señaló que el Sindicato del Personal Químico y Petroquímico de Zárate-Campana contabilizó 137 trabajadores directos, entre operarios y administrativos, y otros 113 tercerizados que prestaban servicios de mantenimiento, seguridad, limpieza y comedor.
Hasta este martes no se habían informado la recepción de los telegramas de despido ni las condiciones en que se llevarán a cabo las desvinculaciones. En el gremio aseguran que todo fue muy sorpresivo.
Oscar Casco, secretario general del sindicato, recordó que en mayo pasado se había firmado el acuerdo paritario y en el último tiempo se efectuaron en la planta tareas de mantenimiento y reacondicionamiento de las instalaciones, sin que haya indicios de una pronta paralización de la actividad productiva.
«El que entró a trabajar hoy no sabía que a la tarde lo iban a despedir. Nosotros tampoco. Nadie sabía nada», advirtió el sindicalista, que estima que la decisión puede provenir de las dificultades para competir con los fertilizantes importados, sobre todo aquellos llegados de China, mientras no paran de incrementarse los costos de la producción local.
«No conviene producir, conviene traerlo de afuera», criticó Casco, quien además hizo foco en el costo de las materias primas y de la energía como factores que boicotean la competitividad de la industria química.
A ese escenario se le agregan las limitaciones tecnológicas y de infraestructura de una instalación que ya tiene más de cinco décadas de funcionamiento.
Cabe recordar que en la actividad de Campana también participa la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), con una proporción equivalente al 17,5% de la operación.
Frente a esta coyuntura, el sindicato elevó un reclamo formal a las autoridades laborales de Campana y exigió una audiencia urgente para interceder ante las desvinculaciones. Además hizo un llamado a concentrar frente a la fábrica para exigir explicaciones oficiales sobre la decisión y las condiciones en que se resolverá la salida de los trabajadores.