Economía

TRUMP Y LA PAZ EN TRANSCAUCASIA

EL PRESIDENTE DE EEUU TIENE LA OPORTUNIDAD HISTORICA DE SER ARTIFICE DE LA PAZ MEDIANDO EN EL CONFLICTO ARMENIO-ARZEBAIYAN-NAGORO KARABAJ-TURQUIA.

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El viernes 9 de octubre me senté a mirar con especial atención el programa Intratables. Se anunció que en un tramo se hablaría del conflicto Armenia-Azerbaiyan-Nagoro Karabaj-Turquía. Yo había escrito días atrás un artículo a propósito de este tema, que se publicó en El Tribuno de Tucumán y El Tribuno rosarino digital. Durante el desarrollo del programa participaron descendientes de armenios y también la embajadora de la República Armenia en Argentina. Fue un momento emotivo por las referencias a la historia del genocidio y el temor de que se reactive tamaña monstruosidad. Se intercalaron relatos sobre la diáspora, informes de la reactivación de la guerra y la agresión por parte de Azerbaiyan con el apoyo explícito de Turquía, entre otros temas. Finalmente habló Eduardo Eurnekian, hijo de inmigrantes de la diáspora y próspero empresario argentino, presidente de la corporación América y un conglomerado de industrias con presencia comercial en muchos países. La participación de Eurnekian versó esencialmente sobre poner la mirada en el futuro, no tanto en el pasado, de ver como se construye una paz duradera, que contemple reivindicaciones como el respeto de las fronteras y el corredor de salida al Mar Negro de la República Armenia. También se explayó sobre que la ciencia y la tecnología son el presente y el futuro de las sociedades y que ese debe ser el marco para abordar los formatos a tener en cuenta para establecer las relaciones entre las naciones. Estos comentarios me quedaron dando vueltas en la cabeza, sobre todo la salida al mar de Armenia. Consulté sobre los antecedentes de esta salida al mar a la licenciada Delfina Demirdjian, docente de la Cátedra Armenia de la Universidad Nacional de Rosario y me orientó hacia el Tratado de Sérves de 1920. Este tratado fue firmado por los países vencedores y Turquía. Sobre el mismo, dice el Ing. Mario Nalpatian en el artículo editado por Diario Armenia: “Es un tratado firmado por los estados vencedores aliado en la Primera Guerra Mundial, que a la vencida Turquía la llevan a la mesa para la firma del tratado. Este tratado no fue ratificado por

ninguno de los Estados contractantes. ¿Qué significa esto? El tratado no entró en vigencia, pero tampoco está anulado”, explicó Nalpatian. “Tiene una importancia limitada, pero que nosotros no podemos desconocer”, opinó el dirigente.

Luego, Nalpatian explicó los alcances de sus artículos: “Las partes que firman el tratado le otorgan al presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, un mandato para delimitar la frontera de los Estados soberanos de Turquía y Armenia. Esto no es un dato menor. En el mandato que surge del artículo 89 del Tratado de Sèvres, se pide que Armenia debe tener una salida al mar y tiene que haber una zona desmilitarizada entre Armenia y Turquía. Luego, los artículos 90, 91 y 92 tienen cuestiones referentes a las características de las relaciones que debían tener ambos países. Otros artículos del tratado relevantes, por ejemplo, el 230 está referido a los crímenes y matanzas cometidos por Turquía durante el período de la Primera Guerra Mundial y la obligación de entregar a los responsables de los crímenes para ser juzgados. También tiene que ver con la cuestión de los derechos de las minorías en Turquía por fuera del territorio del laudo arbitral que finalmente da el presidente Wilson, asignando los límites de Armenia y Turquía”.

En ese sentido, Nalpatian entiende que el tratado “no solo asegura la existencia del Estado armenio, al reconocimiento de jure, sino que delimita las fronteras con Turquía”.

“Cuando Turquía y Armenia aceptan y firman el tratado, simultáneamente están aceptando que van a aceptar el laudo arbitral. El laudo arbitral demarca para Armenia un territorio de 133.000 km2 que se extendería de los límites del río Arax hasta el mar Negro. Atravesaría la meseta del Ararat y llegaría a la provincia de Trebisonda.

“El tratado de Sèvres es un tratado que no tiene vigencia, pero tiene elementos sustantivos para rescatar, los artículos referidos al reconocimiento, a otorgar un mandato al Presidente de Estados Unidos para aplicar un laudo arbitral, el fijar un territorio, la responsabilidad de los dirigentes turcos en las matanzas… “Recordar el Tratado de Sèvres, no solo es la reivindicación del Estado de Armenia, sino también rescatar qué lugar tenía que ocupar Armenia”, finalizó Nalpatian.

Cien años después, y ante la reanudación de los conflictos armados en la zona, el tratado de servers adquiere una dimensión inusitada. La geopolítica mundial fue modificando escenarios y modos de resolver las diferencias entre naciones. Hoy la lucha armada nos parece superada, o que hay que superar, resabios del pasado. La revolución científica tecnológica nos brinda un marco referencial donde proyectarnos como personas y como sociedades. Los puntos acordados en aquel entonces, salida al mar de Armenia, los límites geográficos, el reconocimiento del genocidio por parte de Turquía, son base para un nuevo acuerdo que termine con los actos hostiles. Son elementos sanadores, también para Turquía. Una forma de ingresar al futuro libre de cargas del pasado. Hoy como ayer, pasados cien años, el presidente de la nación más poderosa del mundo tiene la posibilidad de mediar para lograr una solución satisfactoria. A Donald Trump le quedan pocos días antes de que fenezca su mandato presidencial, nadie puede afirmar si va a continuar o no, elecciones mediante, pero tiene la oportunidad histórica de dejarnos un legado en la lucha por la paz.

Ricardo H. Bianchi

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