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El próximo jueves se cumplirán 47 años de la partida de Javier Pantaleón
Javier Pantaleón, fundador del emblemático grupo folclórico «Los Cantores del Alba», tenía 37 años cuando perdió la vida en un accidente de tránsito en la Curva del Infiernillo, Rosario de La Frontera, provincia de Salta, un 31 de julio de 1978
Un 31 de julio de 1978, en la curva «El Infiernillo» de la localidad de Rosario de la Frontera en la provincia de Salta, fallecía en un accidente automovilístico, Javier Edgar Pantaleón, el «Pato» como lo llamaban sus compañeros de canto: Gilberto Vaca, Horacio Aguirre y Tomás Tutú Campos. Cantor bagualero y fundador del emblemático conjunto salteño «Los Cantores del Alba«.
Sin embargo, hoy la historia continúa y en este permanente homenaje se encuentra su hijo, Gustavo Javier Pantaleón, quien continúa con el legado de aquellos Cantores del Alba. Gustavo junto a Marcelo Mercado, Víctor Dehesa y Enrique Salvo vuelve a reflotar en cada escenario el más entrañable recordatorio de aquellos queridos cantores salteños que forjaron con su estilo inigualable una de las páginas más importantes del cancionero argentino.
Javier Edgar «Pato» Pantaleón nació en La Quiaca, provincia de Jujuy, un 6 de mayo de 1941, fue un cantante y bombisto argentino. Era hijo de bolivianos y estudiante de derecho.
Fue integrante fundador de Los Cantores del Alba en 1958 junto a Tomás «Tutú» Campos, Gilberto Vaca y Alberto González Lobo.
Su estilo de voz incomparable fue siempre el tono bagualero que se metió en el conjunto, y aunque su voz era naturalmente grave, levantaba unos «falsetes» impresionantes para sus bagualas. Su instrumento habitual era el bombo y acompañaba como segunda voz en forma de baguala al inigualable Tomás «Tutú» Campos. Como además era buen guitarrista, acompañaba también a Horacio Aguirre en la segunda guitarra cuando debían interpretar valses o serenatas; también estuvo en la formación que integró Santiago Gregorio «Pila» Escobar.
Siendo estudiante de derecho, el Pato, como era su apodo, consiguió su título universitario aún sabiendo que el conjunto debía viajar y no había reemplazo para él. Se recibió de Abogado, pero jamás ejerció la profesión. El éxito del conjunto lo catalogó justamente a él.
Su trágica muerte se produjo el 31 de julio de 1978 en la Curva del Infiernillo en Rosario de la Frontera, provincia de Salta Argentina, muriendo a la edad de 37 años y en pleno éxito del grupo, que había grabado más de 20 discos.
Su muerte caló hondo en el grupo, a tal punto que los tres restantes planeaban la separación definitiva.
Pero a fines de 1978, un joven estudiante de enfermería, de 22 años llamado Hugo Cabana Flores vino a su reemplazo; sin embargo jamás pudo igualar la trascendencia que Pantaleón había tenido.
«Baguala en fuga de pena» y «El ángel del bagualero» fueron dos canciones en su homenaje tras su trágica muerte.
«Ese que afirma la copla
es el Javier Pantaleón.
Cuando crece la baguala
siempre le sobra la voz.»
LEYENDA: «La Cruz de los Pañuelos»
Yendo de Rosario de la Frontera a El Tala, a mitad de camino, está la peligrosa curva de “El Infiernillo”, famosa por causar varias muertes. Allí, a la mano izquierda, en una elevación, se erige una cruz de hierro del tamaño de un hombre. La llaman “La cruz de los pañuelos”. Detrás hay un declive que acaba en monte y más al sur una antena de teléfono de grandes proporciones, cerca está un descampado de una empresa de gas.
La cruz de “El Infiernillo” está a 25 Km. al sur de Rosario de la Frontera, es blanca y en el medio han forjado una guitarra. Tiene muchos pañuelos atados flameando al viento; se podría decir que es un símbolo de la zamba salteña, no obstante recuerda el accidente automovilístico que le costó la vida a Javier Pantaleón, famoso bagualero que integró “Los Cantores del Alba”, célebre conjunto folklórico de las décadas del 60 y 70. Pantaleón tocaba el bombo y bagualeaba con prodigiosa voz. La indumentaria de aquel cuarteto era ropa blanca de gaucho, pañuelo al cuello y poncho rojo echado sobre el hombro.
La tragedia se produjo una fría noche de invierno de 1978 cuando los músicos viajaban de Tucumán a Rosario de la Frontera. El Peugeot 404 blanco perdió el control y rodó hacia el precipicio con sus ocupantes. El vecino Manuel Flores y el periodista Rubén Darío Heredia, entonces corresponsal de “El Tribuno”, recuerdan que Pantaleón fue llevado al Hospital “Melchora Figueroa de Cornejo” donde falleció, provocando el dolor de toda la provincia de Salta.
Quienes van por la vieja Ruta 55 paran en la cruz para ofrendar un pañuelo y rezar una plegaria; dicen que el alma del difunto hace favores. Algunos cantan una zamba en el lugar y prenden una vela.
Cuentan que en noches de tormenta, cuando la curva es más mortífera que nunca, aparece un hombre vestido con traje blanco de gaucho, botas negras, poncho salteño doblado al hombro y un bombo bajo el brazo. Va apurado por la curva bajo los relámpagos. Afirman que se trata del fantasma de Pantaleón anunciando peligro y buscando evitar accidentes. Otros aducen que es el mismo diablo queriendo distraer al conductor del vehículo para cobrar víctimas.
Varios perecieron en la cerrada curva cuyo nombre da escalofríos. Un vecino contó que vio hace poco al gaucho desaparecer en el monte como una niebla. Dijo que iba como entonando una copla.