Economía

Buenos Aires recupera su atractivo: el mercado inmobiliario entra en una nueva fase

Para Hugo Koifman, CEO de Branson Real Estate, «hoy el mercado tiene otro pulso. No es euforia, pero tampoco parálisis. Es un escenario donde las decisiones vuelven a tener lógica económica».

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El mercado inmobiliario porteño atraviesa un punto de inflexión. Tras años de lateralización forzada por la inestabilidad macroeconómica, los fundamentos empiezan a alinearse: menor brecha cambiaria, reactivación del crédito hipotecario y una demanda contenida que busca canalizarse. Buenos Aires vuelve a ser una plaza con lógica de inversión.

«Hoy el mercado tiene otro pulso. No es euforia, pero tampoco parálisis. Es un escenario donde las decisiones vuelven a tener lógica económica«, afirmó Hugo Koifman, CEO de Branson Real Estate.

El dato más concreto está en el crédito. La reaparición de hipotecas UVA con volumen real multiplicaron sus colocaciones en los últimos trimestres— representa un cambio estructural, no cosmético. Por primera vez en más de una década, el financiamiento vuelve a ser una herramienta accesible para la clase media. Eso amplía la base de compradores y le da profundidad a un mercado que históricamente operó casi en su totalidad en efectivo.

«El crédito vuelve a ser una herramienta y no una apuesta. Cuando alguien toma un préstamo siente que hay cierto margen de previsibilidad para sostenerlo en el tiempo», explicó Koifman.

En paralelo, los precios del metro cuadrado en zonas consolidadas como Palermo, Belgrano y Núñez muestran una recuperación sostenida tras el piso de 2022-2023. El comprador que postergó su decisión está reentrando al mercado con la conciencia de que esperar ya no es la estrategia más conservadora. En términos reales, los valores actuales todavía presentan una ventana de entrada atractiva frente a los máximos históricos, lo que posiciona a Buenos Aires como una de las plazas con mayor potencial de apreciación en la región para el mediano plazo.

«No estamos frente a un boom, pero sí ante un mercado que dejó de estar en pausa. Y eso, en Argentina, ya es mucho», señaló Koifman.

El corrimiento del cepo cambiario y la convergencia de la brecha hacia niveles mínimos eliminaron una de las principales fricciones que bloqueaban las operaciones: la incertidumbre sobre a qué tipo de cambio cerrar. Hoy las transacciones fluyen con mayor certeza, y eso se traduce en tiempos de cierre más cortos y menor tasa de caída de operaciones en el proceso de escrituración.

Para Koifman, la variable que ordena todo el esquema es una sola: estabilidad. «Sin estabilidad no hay mercado posible. Es la condición mínima para que alguien compre, venda, invierta o financie«, sostuvo.

El efecto trasciende al real estate. En el ecosistema empresario porteño, la previsibilidad también comienza a traducirse en decisiones concretas de expansión, relocalización y desarrollo.

Los proyectos de usos mixtos, las reconversiones de oficinas y el segmento de vivienda premium muestran señales de dinamismo que no se veían desde antes de la pandemia.

Buenos Aires tiene una ecuación que pocos mercados latinoamericanos pueden ofrecer hoy: precios todavía deprimidos en dólares, demanda estructural insatisfecha, infraestructura urbana consolidada y un crédito que recién empieza a despertar. Para el inversor con horizonte de mediano plazo, la pregunta ya no es si entrar, sino cuándo y en qué.

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