Economía
Vicentin, cuando los productores se equivocaron y el gobierno también
Error a dos puntas. Unos por pretender intervenir una empresa quebrada con un pasivo que triplica al activo. Otros por rechazar la intervención que le hubiera garantizado sus acreencias.
Hoy es todo lamentos y rechinar de dientes. Los productores hacen manifestaciones, solicitudes al Juez de la causa, declaraciones, etc. cuando no debieron dejarse llevar por la ceguera ideológica y aceptar y apoyar la intervención del Estado, que era el único que podía garantizar sus acreencias en la moneda y precios pactados. Queda claro que el stress de Vicentín fue una estafa programada. Jugó los tiempos con el manual de quiebras, demorando el accionar de los acreedores con promesas de arreglos nunca concretados, formalización de pagos jamás consolidados, demoras en la presentación de informes contables, etc., obviamente, con el espaldarazo de haber determinado de antemano el Juzgado donde recayó la causa. A los directivos de Vicentín les salió redondo, salvo que tengan que ir a declarar a los Tribunales de N.Y. donde los bancos extranjeros presentaron un Discovery. De concretase el pedido de los bancos, los directivos van a tener que escupir hasta el apellido si no quieren ser procesados e ir presos bajo la justicia de EEUU.
Volviendo al error de los productores de no aceptación de la intervención, jamás debieron, cualquiera fuera la decisión a tomar, dejarse llevar por las influencias de sectores políticos (juntos por el Cambio) que los desviaron de la defensa de sus intereses legítimos en pos de posturas ideológicas. Ya que están reclamando, sería bueno que se apersonaran a los dirigentes de J.p.C. y le exijan que le cubran el pago de la mercadería entregada, pero oh casualidad, vemos que el nuevo directorio también lo integran dirigentes de ese sector. Los productores pueden repetir como el relator italiano cuando finalizó el encuentro por la semifinal del mundial “Siamo fuori della copa”, salvo que, un humilde consejo gratis, busquen la forma de aliarse con los bancos extranjeros y apoyen con pruebas y argumentos legales ante los tribunales de N.Y. y que los directivos, ante la alternativa de ir presos en EEUU, acepten y devuelvan la plata que tienen en inversiones en el extranjero y en paraísos fiscales. Que tengan la mejor de las suertes.
Otro gallo cantaría, si salieran a la luz las razones que impulsaron al gobierno a realizar el intento de intervenir la empresa, en el cual le hicieron poner la cara al señor presidente
Obviamente, no existió el interés en la defensa agroalimentaria, la cual nunca estuvo ni está en peligro. Solamente fue un argumento de circunstancias.
Con un pasivo muy superior al activo, datos que el gobierno tenía en su poder, resultaba ser a la postre una pérdida económica importante para la intervención, quién debería cumplir con todas las obligaciones contraídas con anterioridad por la empresa, más el costo adicional de hacer volver a funcionar el complejo industrial exportador. Estiman fuentes confiables, que los argentinos hubiéramos perdido entre tres y cuatro mil millones de dólares, a los que habría que sumar los juicios indemnizatorios que la empresa demandaría de haberse concretado la intervención. Negocio redondo para los empresarios y ruinoso para el estado. Felizmente no se dio por el error de los productores de jugar a la política, no por corrección del gobierno.
¿Cómo se originó esta mala idea luego convertida en propuesta formal por parte del estado nacional y provincial?
Nunca sabremos la verdad, pero en principio, apareció como una iniciativa de la senadora Anabel Fernández Sagasti, quién por origen territorial está muy lejos de la cuestión. Al menos suena raro. Luego se fueron sumando otras voces desde el oficialismo.
La pregunta obligada es, ¿nadie desde el gobierno se percató que era un pésimo negocio del que correspondía colocarse al margen y dejar que se deslizara por los canales pertinentes?
O bien privaron los intereses de la agencia de colocaciones oficiales, léase “La Campora” fiel a sus objetivos, busca insertar militantes en la plantilla del estado y también en cualquier otro lugar en los que puedan acceder a cargos y “cajas”. Esa última hipótesis, pareciera estar más cercana a la realidad, dado que poco les importa el interés general, pesa mucho más la defensa corporativa de grupo político.
Así estamos, con empresarios inescrupulosos, productores que se dejan influenciar, militantes rentados que miran solo sus propios intereses, desaciertos en las decisiones gubernamentales, crisis económica profunda, oposición que, con tal de prevalecer en la opinión pública, todos los días ahondan la grieta, propuestas de economistas libertarios o liberales, se pelean entre ellos y no sabemos cómo llamarlos, que pretenden que se hunda la mitad de la población para salvar la otra mitad, ah y por cierto, la pandemia. Sí que es un momento histórico de relevancia, donde todo está cuestionado, todo por hacer, todo por resurgir. Quizás en ese resurgir tome entidad el movimiento nacional que supieron integrar los trabajadores, los gobernadores, los intelectuales, el empresariado nacional, la juventud, los dirigentes del interior, los partidos tradicionales, en fin, el pueblo argentino que se merece también la mejor de las suertes.
Ricardo Bianchi