Nota
Las “Tapadas” Limeñas
«Si de tus ojos huyes
Acostúmbrate a morir
Amor…»
Los indígenas dieron a un río Peruano, el nombre de Rímac («el que habla») porque, según la leyenda en sus orillas moraba un oráculo.
En sus márgenes, a una decena de kilómetros de su desembocadura, Lima, la ciudad «tres veces coronada», vive el encanto de sus mansiones espléndidas y de sus casas blancas cargadas de tradición.
Sus calles empedradas recuerdan aquel tiempo en que se oían los pasos armónicos de esas figuras con rebozo, que todos llamaban las «Tapadas». Llevaban oculto el rostro bajo un manto, puesto de tal suerte que sólo dejaba al descubierto el ojo izquierdo. Cuentan que paseaban su garbo en el incógnito, que las autoridades eclesiásticas se indignaban, que hasta llegaron a amenazarla con la ex comunión…Pero sin suerte.
¿Quiénes eran esas mujeres y por qué vestían de tan extraño modo? Las Limeñas, en un mundo de prejuicios que las reducía a una vida de encierro, habían encontrado la forma de recorrer la ciudad sin ser reconocidas e intervenir incluso en reuniones políticas. Dicen, por ejemplo, que cuando se proclamó la Independencia «Las Tapadas» ocuparon gran parte del Cabildo y, amparadas en el anonimato de sus adornados mantos, intervinieron ampliamente en la alegría de la celebración.
Ni la Iglesia, ni las proclamas del Rey y de los virreyes lograron vencer la costumbre.
Hoy son leyenda…
«He venido desde el fondo de mi corazón…
Nadie habitaba tanta ausencia….»
Adaptación bibliográfica y texto: Lic. María Del Mar Novoa Zamora